Cuando Pedro Juan Moreno puso en jaque al designado Vicepresidente Naranjo

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La fama de gran denunciante, sin miedo, del industrial Pedro Juan Moreno, quien se hacía llamar “el ingeniero litigante”, llegó a un grupo de la DEA, que hasta vino a Colombia a entrevistarse con este para ver si se le medía a difundir un tema muy delicado y por eso lo contactaron en Bogotá. Eran cuatro agentes apoyados por colombianos.

Fueron dos veces a visitarlo, a finales de 2005 y principios de 2006, en su sede del Piso 23 de Residencias Tequendama, en el centro de la ciudad, donde funcionaba la Revista La Otra Verdad. Siempre los atendió solo y luego me contó que les habían dado pruebas documentales sobre los supuestos nexos del general de la Policía, Óscar Naranjo Trujillo, con un sector del Cartel del Norte del Valle, liderado por el otrora temible capo del narcotráfico Wilber Varela, conocido como Jabón, muerto en extrañas y misteriosas circunstancias en Venezuela.

También me reveló que los había grabado con su poderosa grabadora digital que trajo de Estados Unidos y que usaba a manera de espía en sus charlas sobre temas espinosos. Esa grabadora y las supuestas pruebas contra Naranjo las guardaba con recelo, como buen paisa, en su maletín de marroquinería color café, marca Vélez.

Siempre me dijo: “tranquilo comandante, después le muestro”.

Pasó un tiempo y una vez me comentó que Naranjo, que en esa época era el máximo poder de la Policía, lo había mandado a llamar amablemente para hablar sobre unos rumores que le habían llegado en el sentido de que PJ tenía unas denuncias que lo podrían afectar muchísimo. Pedro Juan, al principio, se negó a reunirse con este oficial, pero luego acudió al encuentro. Y me reveló que Naranjo, de entrada, le había comentado: “usted dizque tiene unas pruebas contra mí”, a lo que PJ le contestó a su manera: “todavía no las tengo completas, pero cuando las tenga se las saco”, y se fue.

PJ después me confirmó que el ahora ex poderoso Presidente de Bavaria, Augusto López, fue quien propició esa reunión entre Naranjo y él para limar asperezas, obviamente, sin conocer lo que “el ingeniero litigante” supuestamente tenía guardado.

Al parecer nadie vio los supuestos documentos, ni escuchó las grabaciones que hizo Pedro Juan sobre el tema, porque los papeles y el aparato de audio desaparecieron con el maletín, el cual se desintegró junto con PJ el día de su triste fallecimiento, en ese lamentable accidente aéreo del 24 de febrero de 2006, cuando volaba en un helicóptero desde Medellín a Urabá, a donde le iban a realizar un homenaje y a lanzarlo oficialmente como candidato conservador al Senado para las elecciones de octubre de 2007.

PJ fue un hombre de gran carácter, sin temor, basta leer sus batallas legales con altos generales de la Policía por un montaje que le hicieron a su fallecido padre, lo que al final se aclaró con retratacción pública y todo, por eso, se ganó la fama de “pendenciero” y el Gobierno de la época lo apartó y cobijó a Naranjo, hoy designado Vicepresidente de Colombia.

A Pedro Juan lo conocí en Bogotá, luego de haberme retirado como periodista judicial del diario El Tiempo. Nunca laboré con él en Medellín en cargo público, ni con Álvaro Uribe Vélez cuando fue Gobernador de Antioquia y PJ su segundo, como Secretario de Gobierno.

Mi estrecha relación con aquel personaje, único en su estilo, en sus últimos años de vida, fue porque él conoció mi pasión hacia la investigación. Por eso, una tarde en Villa de Leyva (Boyacá), entre Pedro Juan, Francisco Vergara Carulla y yo, organizamos la punzante revista  La Otra Verdad, que después cerró debido a su trágica muerte.

¡HOMENAJE AL COMANDANTE!  En el 11 Aniversario de su muerte, junto con su hijo su hijo mayor, Juan Gilberto Moreno; su joven asistente Ana María Palacio, de las juventudes conservadoras, y el experimentado piloto del helicóptero BELL 2006 B.

Por Sixto Alfredo Pinto

Director de La Otra Cara.

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