La verdad parcializada de Alfredo Molano, reconocido defensor de las Farc

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El investigador de izquierda Alfredo Molano defendió públicamente el reclutamiento de niños por parte de la guerrilla.
Alfredo Molano, elegido miembro de la Comisión de la verdad, ha sido siempre un frenético militante de la izquierda contumaz que ataca todo lo que considere distinto y opuesto. Ese sesgo hace trizas la neutralidad y la independencia que se necesita para edificar una verdad justa con efecto de paz.
Lo que el activista político de izquierda Alfredo Molano Bravo escribió hace poco en El Espectador en su columna titulada “Los niños y la guerra” desbordó el fanatismo de extrema izquierda para mutar en una cínica apología de delitos atroces y de lesa humanidad.  Viejo y recalcitrante militante comunista, Molano expuso con descaro y temeridad sus barbaridades y justificó, por ejemplo, el reclutamiento de menores por parte de las Farc.

Por esos preocupantes conceptos y para no olvidar su posición perturbadora contra el Estado y su evidente afecto por la guerrilla, se hace necesario recordar su pasado marxista ahora que ha sido elegido miembro de la Comisión de la Verdadentidad nacida de los acuerdos de paz de Cuba, encargada de narrar la realidad del “conflicto” colombiano y esclarecer los patrones de violencia.

Históricamente Molano ha sido militante de la izquierda contumaz que ataca de forma furibunda todo lo que considere distinto y opuesto. Ese sesgo hace trizas su neutralidad y la independencia que necesita la verdad que se ha de edificar.

La columna es una verdadera diatriba contra todos. Refiriéndose a los menores se atreve a decir que …los niños no se hacen guerrilleros a la fuerza, su mundo se vuelve guerrillero y ellos en él, ocupan el lugar que les toca. Molano confunde aludiendo que el problema es “cultural”. Impertinente y repugnante el juicio que hace porque encubre el reclutamiento forzado, ignora deliberadamente la condición de victimas de los niños e insinúa con mala intención que estos se unen complacidos a la guerrilla criminal. Lava con descaro el delito atroz y culpa subrepticiamente al Estado de ser el responsable del triste destino de esos menores.

Con insolencia violenta el inocente sentimiento de los niños al afirmar que su único refugio amoroso son sus hermanos mayores guerrilleros. Los admiran y quieren ser como ellos. Y en lugar de hacer mandados en su casa, buscan las filas para hacerse grandes. O sea, que para Molano ser asesino es un anhelo que brota del sentir de los niños campesinos, y aliarse a la guerrilla es un plan de vida.  Chocante visión de la realidad. Pero que sabe él de los amores filiales de esos niños? de donde saca esa distorsionada afirmación? Irrita su enorme mezquindad porque es claro que la guerrilla mata padres, destruye hogares y extingue comunidades para robarse los menores y esclavizarlos con ferocidad.

Molano aborrece la esencia infantil al afirmar que el esfuerzo físico para un muchacho no es un castigo, es una condición en que despliega su cuerpo, sus músculos, su personalidad. Una marcha de 12 horas con 25 kilos de equipo y un fusil es la evidencia de que se es adulto, aun teniendo 16 años…. La tramposa aseveración insinúa que marchar horas por el monte y cargar un fusil para asesinar, les sirve a los niños como sano ejercicio, forma su personalidad y los hace hombres. Molano desprecia la inofensiva  esencia infantil y degrada el espíritu de nuestros menores. Es fascismo puro.

En su destructiva columna asegura sin vergüenza que la guerrilla ha sido un agente civilizador”, y que  “la muchachada que termina bachillerato tiene dos caminos: el del ocio forzado y el vicio, y el del ingreso a las filas guerrilleras”. Agrega que “en la guerrilla los pelaos encuentran una razón de vivir. Esta insolente apología del delito atroz y de lesa humanidad muestra con soberbia una afinidad guerrillera que, por lo menos, debería motivar una alerta en las autoridades judiciales.

Pero no saciado con atacar nuestros niños, embiste contra el Estado y sus instituciones al asegurar que este sólo muestra los dientes donde ir a la escuela es mermar la fuerza para sobrevivir“. Así mismo, evidencia escarnio y repudio particular contra el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar al calificarla de incapaz, autoritaria y fría.

Maliciosamente Molano se pregunta ¿Qué futuro inmediato les ofrece el Estado con la paz? ¿Ponerse en manos de una institución autoritaria, fría, incapaz de controlar la corrupción, el bazuco, el matoneo, como lo es Bienestar Familiar? para después sugerir algo terrible; es mas conveniente para los niños campesinos estar con la guerrilla que vivir en la institucionalidad. O mas claro, un frente asesino de las farc es mejor opción que Bienestar Familiar.

Lo de Alfredo Molano es una desvergonzada alabanza a la violencia guerrillera, una clara camaradería con sus acciones, y una afrenta a la integridad de la niñez y la responsabilidad de padres y Estado. No se puede tolerar esa grosera apología a delitos atroces y de lesa humanidad. Con ese sesgo, Molano, elegido para esclarecer la verdad del “conflicto”, malogra su rectitud y ultraja la confianza de los colombianos.

La Otra Cara se pregunta ¿la columna de Alfredo Molano es una muestra de lo que él considera la verdad del “conflicto”?  ¿Que verdad nos contará? la versión de la izquierda? la versión de las Farc? ¿la que narra desde sus afectos políticos? ¿la que ha relatado durante años en sus escritos? ¿se despojará de su naturaleza radical para contar la verdad que los colombianos esperamos conocer y construir para pacificar al país? ¿Que garantías de equidad ofrece?. Consideramos que Molano desde su posición de comisionado está obligado, sin arbitrariedad, a contarnos la realidad histórica para consolidar una verdad sin prejuicios. Para eso es inminente que envíe señales ecuánimes. Lo contrario sería avivar rencores que harán trizas la reconciliación y la paz.

Alerta! suenan las alarmas. Hay que estar sumamente atentos y vigilantes con la labor que ejercerá él y todos los miembros de esa comisión para que la verdad sana, histórica y legitima sea la que se asegure. No una verdad amañada que beneficie intereses particulares.

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