Diomedes, el Inmortal, Papa de los Pollitos

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Este diciembre cuando se cumplen cinco años de su muerte, celebramos también cinco años más de su vida. Parece contradictorio pero no. Porque Diomedes nace y vive todos los días, en cada mañana, cada tarde, cada noche, con cada suspiro de amor y grito parrandero. En cada hogar, en cada cuadra de Colombia.

Como él ninguno, como el cacique nadie, como cantautor el mejor. Únicamente él escribió y cantó epístolas que van de lo primitivo a  lo existencial. Hoy sigue alegrando al campesino y al encorbatado, emocionandonos de alegría. Diomedes despierta lo bello, lo poeta, lo sano, lo familiar, lo alegre y lo sentido que hay dentro de todos.

Él es un inmenso collage de sentimientos y espiritualidad musical y cotidiana. Una catarata de talento. Los folkloristas, periodistas e historiadores han hablado lo divino y humano de Diomedes Díaz. Millones de copias de sus discos son joyas en los hogares colombianos, cientos de páginas en los periódicos del país y miles de horas en radio y televisión dan testimonio.

Diomedes es aliado perfecto que con sus canciones susurra lo que olvidamos o no nos atrevemos a decirles a nuestras mujeres. Cómplice de nuestros pininos en el amor. Sus melodías despiertan y declaran lo que nuestro corazón calla. Por sus obras saltamos de alegría, aprendemos de la vida, enamoramos y pedimos perdón.

Sus canciones, picarescamente, nos hacen “suicidar” con un revólver de “bollo e yuca”, beber mientras las vacas paren o pedir vía como carro nuevo en carretera destapada. Junto a Diomedes gritamos vivas a la vida y muerte a los pesares. Al compás de sus melodías hemos brindado nuestra mejor sonrisa de enamorado para conquistar amores imposibles.

Aun después de su muerte sigue siendo nuestro profesor. En sus canciones aprendemos historia, geografía, religión, erotismo y sociología. Gratitud, amor, amistad y vida. Diomedes nos convenció que a veces no es suficiente un solo corazón sino dos o muchos y que, el 26 de mayo es también nuestro cumpleaños.

Diomedes fue y será siempre un poeta y guerrero invencible respaldado por un ejército de seguidores que como arcángeles lo idolatran. Esa fanaticada no es inferior a el. Es digna. Todo se lo perdonó. Todo se lo soportó, todo lo sufrió con él. Lo protegió siempre y aunque se aguantó cerca de diez años sin verlo y sin escucharlo en vivo, fue incapaz de serle infiel. Ese es el verdadero e invencible amor. No hay duda. Mientras su fanaticada esté a su lado Diomedes será eterno.

Diomedes se lo merece, por ser el número uno, el norte, el monstruo. Por ser el Cacique de una colosal  y fervorosa tribu que forjó raíces, crece y extiende imperturbable hacia la inmortalidad ejecutando una tarea  grande, pésele a quien le pesare.

Estaba predestinado a ser el mejor. Como cantautor o como zapatero. No fue académico, pero sí sabio. Con errores, pero sabio, como los de su hermosa tierra guajira. Nadie puede negar que la parte noble y talentosa de Diomedes es densa y gigante. Superior a la otra que tanto se le critica.

En este diciembre cuando se cumplen cinco años de su muerte, celebramos también cinco años mas de su vida. Parece contradictorio pero no. Porque Diomedes nace todos los días, en cada mañana, cada tarde, con cada suspiro de amor y grito de alegría. En cada hogar, en cada cuadra de Colombia. Por siempre Diomedes Diaz.

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