Hacia Dónde va Grecia?

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Pobreza, miseria y exclusión social han sido las consecuencias de casi ocho años de duros ajustes y reformas en el país más maltratado por la crisis del Viejo Continente.

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

Tras una larga crisis económica y una sucesión de duros ajustes, los griegos parecen ver algunas luces al final del túnel, pero la pobreza, la exclusión social, la corrupción, los problemas con Turquía y la inmigración ilegal, junto con otros asuntos, siguen pesando como una losa en el duro proceso de recomposición política y económica de esta nación.

La cuna de la civilización occidental y el lugar donde nacieron conceptos básicos como democracia, Estado, república y ética de la mano de los grandes pensadores griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles, por dar cuenta de los grandes, vive tiempos turbulentos y difíciles. Pero también en este país fue donde comenzaron y se desarrollaron las ciencias y las artes, como la literatura, la poesía, las matématicas, la física, la astronomía, la geografía, la historia y la medicina, por citar tan sólo algunas de las aportaciones Grecia a la cultura occidental, aunque la lista de materias en las que destacó en la antigüedad -incluyendo los deportes- sería interminable.

Ahora toda esta rica herencia se ve empañada e incluso difuminada por el momento histórico realmente complejo y adverso que atraviesa este país de casi once millones de habitantes situado al sur de los Balcanes. La crisis económica, oficialmente declarada en el 2010 -año también del primer rescate de la Unión Europea (UE)-, ha provocado enormes recortes, ajustes y privaciones que han causado malestar y zozobra a millones de griegos. También millones de griegos han tenido que salir del país en busca de mejores oportunidades y en el ciclo 2008-2015 más de 25.000 negocios han cerrado.

LAS CAUSAS DE LA CRISIS

¿Y cuáles son las razones que han llevado a esta grave crisis económica en Grecia? Convergen varios elementos que tienen mucho que ver con la cultura política imperante en este país tras el restablecimiento de la democracia, en 1974, y con los altos niveles de corrupción que caracterizaban a las dos principales fuerzas políticas que gobernaron la nación durante más de  cuarenta años (1974-2015).

Tanto los socialdemócratas del PASOK como la derecha agrupada en Nueva Democracia se caracterizaron durante estos años por la generación del más burdo clientelismo, la colocación de miles de funcionarios elegidos por su militancia y no por meritocracia en puestos administrativos, una corrupción galopante, la malversación de los fondos públicos, el derroche sin límites, el nepotismo y el saqueo como política de Estado  en numerosas instituciones públicas.

La administración creció desmedidamente, se gastaron los fondos públicos en sueldos estratosféricos para funcionarios que ni si quiera aparecían en sus puestos y miles de pensionistas  fallecidos cobraban pensiones que iban a parar a manos de sus ávidos familiares -en un escándalo sin precedentes en la UE-. En definitiva, un absoluto ejemplo de desgobierno y pésima gestión de los distintos gobiernos al frente de la administración.

Para colmo de males, cuando comenzaba la crisis, en el año 2010, se descubrió que el gobierno derechista de Nueva Democracia, presidido por Kostas Karamanlis, había estado ocultando, con la ayuda de algunas instituciones financieras, los datos reales sobre la economía griega, sobre todo los relativos a la abultada externa y el incontrolable déficit público. Los dirigentes del PASOK y Nueva Democracia habían estado engañando a la opinión pública durante años y maquillando los datos de la economía griega, que se acercaban al desastre y amenazaban con una crisis sin precedentes en la UE, toda vez que se comenzó a barajar la idea de la salida de este país del euro e incluso de la misma estructura comunitaria.

Entre el año 2000 y 2014, los distintos ejecutivos griegos intentaron hacer frente a la crisis con varias medias, que se resumían y traducían, principalmente, en duros ajustes y recortes en todos los aspectos de la vida diaria de los griegos. Subieron los transportes, bajaron las pensiones, se despidieron a miles de empleados públicos, se investigaron las pensiones para dectectar el monto de las efectuadas ilegalmente, se redujeron los salarios y se aplicaron duras medidas de ajuste drástico. Como fruto de toda esta batería de impopulares medidas, en Grecia hubo más de treinta huelgas generales y decenas de manifestaciones y protestas -algunas muy violentas- por toda la geografía griega.

LAS CONSECUENCIAS DE LA TRAGEDIA GRIEGA

La primera de las grandes consecuencias ha sido el rescate de Grecia por parte de la UE, con ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), para evitar un Grexit y la agudización de la crisis. El país había llegado a un punto en que las autoridades no podían seguir imponiendo más medidas restrictivas y empobrecedoras para millones de griegos.

Grecia tiene una deuda acumulada de 360.000 millones de dólares que nunca podrá pagar seguramente. Los principales acreedores son Alemania, Francia, Italia, España, el FMI, el Banco Central Europeo y otros menores, como el Reino Unido, Bélgica y Austria. Un reciente editorial del diario español El País señalaba oportunamente que “la economía griega no puede soportar un programa drástico de austeridad, por lo cual sería necesario relajar las condiciones de austeridad. Todos los mercados, acreedores y responsables políticos de Europa saben que Grecia no puede pagar la deuda y que la única solución es una quita; pero fingen no enterarse y se escudan hoy detrás de Angela Merkel, que no puede aceptarla”.

El problema es que los griegos tampoco pueden aguntar ya más medidas de austeridad tras años de duro e implacable rigor económico. El desempleo llega al 23% -ha bajado algo desde el año 2010-; el 52% de los jóvenes no tiene trabajo; hay más de tres millones de griegos sin atención sanitaria; el 45% de los jubilados son pobres; el 40% de los niños vive bajo el umbral de la pobreza; 200.000 funcionarios han sido despedidos en estos años y, finalmente, el 35% de la población -3,8 millones de personas, uno de cada tres griegos- vive en la pobreza o en exclusión social.

Como fruto de ese estado de cosas y el profundo descontento reinante en la sociedad griega, en las elecciones del año 2015 un partido a la izquierda de los socialdemócratas, Syriza, ganó las elecciones rozando la mayoría absoluta. Syriza vendría a ser en la política griega lo que Podemos en la española, aunque quizá algo más pragmáticos en lo que respecta a la coyuntura económica y con unos aliados menos polémicos en la escena internacional. Al frente del gobierno se situaría Alexis Tsipras, un verdadero equilibrista que ha tratado en estos años de no irritar a sus acreedores, salvar a Grecia dentro de la eurozona y descontentar en la menor medida posible a sus electores, muy recelosos hacia la política de austeridad imperante hasta ese momento y ante el papel de “gendarme” de la UE en la aplicación de la misma.

¿QUÉ FUTURO LE ESPERA A GRECIA?

El problema radica en que Europa ha sido la solución pero también el problema al mismo tiempo. Sin los rescates de la UE, que llegaron desde los primeros momentos en que la crisis se hizo evidente, Grecia se hubiera tenido que declarar en quiebra y, seguramente, el desastre hubiera sido mayor, sin descartar el impago de las pensiones y los sueldos de los funcionarios públicos. Hubiera sido el colapso del Estado griego y una previsible salida del euro para poner en marcha la emisión de la antigua moneda local -el dracma; las consecuencias para el resto de Europa, más concretamente para la eurozona, habrían sido un desastre y el ejemplo griego podría haber dado el impulso para la salida de otros países de la moneda. Quizá hubiera sido el principio del fin del euro.

En lo político, hay que reseñar que el gobierno parece estar al frente de la situación y que la inestabilidad social aparece mucho más controlada que hace dos años, justamente cuando Syiriza llegó al gobieno en un clima de rayano a la confrontación civil debido ante la indignación de millones de griegos ante el comportamiento de su clase política. Siete años de austeridad y recortes han provocado un notable cansancio en la sociedad griega, que ya no cree en su clase dirigente, y una palpable impopularidad de casi todos los partidos políticos en el país.

Concluyo este breve catálogo de retos y desafíos que tiene ante sí Grecia con una conclusión final extraída de un reciente editorial ya citado anteriormente del diario El País que pone el dedo en la llaga sobre el momento que vive este país:”Grecia es un problema que Europa (sobre todo Alemania, que desea implicar al FMI en el rescate) no ha sabido resolver. Probablemente, no puede resolverse en términos de estricta racionalidad económica por los intensos corsés políticos en la eurozona. Pero tarde o temprano habrá que afrontar otro modelo de austeridad y una quita de la deuda si no se quiere caer en la espiral de despropósitos. O en el Grexit”.

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