El Titanic de la Mano de Dios

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Rodrigo Zalabata Vega

 

Por RODRIGO ZALABATA VEGA

E–mail rodrigozalabata@gmail.com

Para los que están preocupados porque Colombia está polarizada, les cuento que el Polo Norte está ejerciendo su poder magnético en Colombia y está cada vez más polarizado. Las noticias que llegan dan cuenta.

La nave que se conduce siempre a la derecha, con su brújula que apunta invariable hacia el norte, va capitaneada por Álvaro Uribe, con su candidato de mástil elevando la bandera; está en “ella” Pastrana con su “buen partido” Conservador, Ordóñez y su crucifijo que lo mantiene a salvo del naufragio, e incluso ya los alcanzó el Partido de La U, cuya cabeza es el presidente Santos, a quien creían retrasado; y al lado de ellos, quienes pelechan por subirse sin tiquete de abordaje, aquellos con alma de rémora que comen de las sobras que van dejando a su nado las grandes ballenas que se comen a los peces pequeños.

Es justo decirlo, Vargas Lleras aún no se ha subido, pero navega al lado en su propia balsa de salvación, esperando el momento oportuno. Él sabe que les aguarda el mismo destino. En esa embarcación lo menos importante son los nombres, pues su espíritu democrático es que todos en el viaje disfruten cómodos del juego “Monopolio” o “Hágase Rico”.

Salvo la preocupación poco probable que su titánica nave tropiece con un Iceberg (si se duermen y no lo divisan a tiempo), sienten que viajan sobre seguro, en el segundo puerto reaprovisionarán sus pertrechos y si no pueden unirse se mantendrán unidos. Y si corrompen la sal del mar y naufragan serán los primeros en abandonar la nave.

Si para la segunda vuelta hacia el puerto de arribo quedan al mando dos de ellos mismos (Duque y Vargas Lleras), entonces ya no habrá una elección sino una distribución. Y ni siquiera el combustible del petróleo y el carbón que ya malgastaron les hará falta, pues las mismas rémoras servirán de remos para llevarlos a su providencial destino.

Debajo de ellos, en el Polo Sur, viajan los desorientados cardúmenes de peces, a los que con gritos de naufragio mantienen asustados diciéndoles que se van a ahogar, los mismos que buscando un puesto seguro donde desahogar su llanto se dirigirán a la boca de la ballena.

Ya muchos de esos peces de acuario, quienes piensan apacibles que el mundo llega hasta el límite que pueden ver en su pantalla, han advertido que no permitirán que les cuiden gratis la salud que tanta queja les causa, ni la educación que tanta falta les hace, mucho menos recibirán las sobras de los subsidios, y con toda dignidad han salido a protestar por el derecho a trabajar por “ellos” toda la vida, al punto de pensionar su lucha hasta el día de la muerte.

Siendo así, los dueños de esa nave surcan sin dificultad los dos océanos de riquezas en medio de los cuales se ahoga en la pobreza Colombia, y piensan que ni siquiera Dios podrá hundirla, pues sienten que con ellos viaja el Mesías.

 

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