La tragedia de la Marioneta

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El Alcalde de Cartagena, Manolo Duque, al momento de su detención. Foto: eluniversal.com.co

Lo que tenía que pasar, pasó. Llegaron las órdenes de captura para la cúpula de dirigencia política de Cartagena de Indias, la heroica, asediada y asaltada por los piratas de nuevo cuño, que solo representan a su avaricia insaciable. Detrás dejan a una ciudad arruinada, empobrecida, saqueada en espera de un mejor futuro.

Da tristeza ver como llevaban casi suspendido de sus brazos al alcalde Manolo Duque los agentes del CTI de la Fiscalía General de la Nación, casi arrastrado. Es por demás denigrante para Cartagena que su máxima autoridad esté en esta terrible situación. La tormenta apenas comienza. Faltan las determinaciones que tomen los entes de control y la Fiscalía sobre el tema de las construcciones ilegales en la ciudad y conocer por fin, el papel del sector privado, en esta estela de corrupción.

Todo lo que hemos conocido en las últimas 72 horas, era vox populi en la ciudad y el país. Manolo y cualquiera que se siente en el solio de la Plaza de la Aduana, es una simple marioneta manejada por titiriteros de la peor calaña, algunos de ellos condenados por crímenes ominosos, pero que aún conservan su poder político y económico, producto de sus fechorías contra el erario.

Manolo es el chivo expiatorio de esta tragicomedia. Lo detallado por la fiscalía, producto de más de ¡400 horas! de interceptación legal de conversaciones telefónicas solo es un pálido reflejo de lo que sucede en todo el país, donde las mafias de todo tipo, se reparten el ponqué burocrático con presupuesto incluido.

J.J., apodo de ingrata recordación en la lucha antimafiosa en el país, desde su celular controlaba el presupuesto de la segunda ciudad en importancia política de Colombia. Presidia las reuniones en el Palacio de la Aduana, usurpando las funciones del alcalde marioneta, delito que se encuentra entre los imputados por la fiscalía a este novel y principiante capo. Repartía la burocracia y como si de dividendos accionarios se tratara, asignaban mensualidades a los financistas de los concejales y demás representantes de la ciudad.

Decir que la clase política de Cartagena en su mayoría es el excremento del diablo, sería premiarlos. Es deber de todos los cartageneros dejar la quejadera y muchos menos las lamentaciones por los procesos que enfrenta el señor alcalde. Es hora de la acción, de la articulación de voluntades para diseñar un programa con acciones de corto, mediano y largo plazo para sacar a la ciudad de esta prostración infame e inmerecida en que se encuentra. Todos a una debemos aportar nuestros conocimientos y experiencias para que este proyecto de una nueva ciudad, la que merecemos, sea una realidad.

Los Montes – Curi, Los Turcos, Los Cáceres, Los J.J., y demás rufianes, mercaderes y secuestradores de las ilusiones de los cartageneros, por compasión, deberían soltar el pezón sangrante de esta sufrida y heroica ciudad, para que de verdad podamos ingresar al siglo XXI, mejorando la calidad de vida de todos los ciudadanos y podamos convertirla en la auténtica y genuina perla del Caribe.

Por Ulises Guillermo Múnera Bohórquez

Correo: ugmunerab@hotmail.com

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