Debate Inaplazable sobre Educación

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Rafael Nieto Loaiza

Por Rafael Nieto Loaiza

El presidente Duque anunció un acuerdo con las universidades públicas. El resumen es: 

Las transferencias para funcionamiento crecerán el IPC más 3 puntos en el 2019 y el IPC más 4 puntos del 2020 al 2022. Eso suma 1.1 billones adicionales para los cuatro años.

Para inversión el presupuesto aumentará 300 mil millones anuales, para un total de 1.2 billones adicionales más. Además, se quiere destinar 1 billón adicionales, del presupuesto de regalías, entre 2019 y 2022, para inversión en infraestructura.

Así, el Gobierno destinará en total 3.3 billones de pesos adicionales para el sistema de educación terciaria. “Son recursos que no teníamos proyectados ni presupuestados. Van a generar un gran impacto en la modernización y el mejoramiento de la infraestructura física, técnica y tecnológica de los 32 campos universitarios y nos va a aliviar la dinámica de crecimiento y funcionamiento”, dijo Jairo Torres, presidente del Sistema Universitario Estatal (SUE).

Con el pacto queda fuera de toda duda el compromiso de Duque con la educación superior y se da un alivio al SUE que va más allá de la expectativa de los mismos rectores. Con todo, los estudiantes anunciaron que seguirán en paro y que continúa la marcha del 31 de octubre, a la espera de las asambleas estudiantiles de cada universidad. FECODE no se ha pronunciado.

Es previsible que el hecho de que se haya llegado a un acuerdo con los rectores y no con ellos y los maestros no haya gustado a algunos de los líderes estudiantiles ni a sus jefes políticos en la extrema izquierda. Les resta poder. En cualquier caso, obligará a esos estudiantes y maestros a transparentar la estrategia: quedará claro si el paro se trata de hacerle oposición política, apretar y medirle el aceite al Gobierno que entra o de buscar mejores condiciones para la universidad pública. Se quedaron sin excusa: a) este Gobierno que apenas empieza no tiene ninguna responsabilidad en el estado actual de la educación y tiene que lidiar con los problemas que hereda de Santos; b) quedó en evidencia que la educación universitaria es una prioridad para Duque; y c) se resolvió el problema presupuestal del SUE, al menos para estos cuatro años.

Ahora bien, hubiera sido deseable que, antes de negociar en medio del paro, se hubiera hecho un gran debate nacional sobre la educación pública y se hubieran resuelto varias preguntas, algunas de las cuales repito: ¿En adelante, el esfuerzo presupuestal debería hacerse en la educación terciaria o en la cobertura plena de cero a siete años? ¿No debemos primero conseguir cubrimiento total de la educación rural? ¿Y poner en marcha la doble titulación en secundaria, para que nuestros campesinos salgan como bachilleres y al mismo tiempo como técnicos agrarios y veterinarios? En Alemania, la mitad de los profesionales son técnicos y tecnólogos. Las últimas encuestas laborales muestran que en Colombia ahora es más fácil conseguir empleo para un técnico que para un licenciado. Eso significa que el mercado demanda más de los primeros que de los segundos. Así las cosas, ¿debemos hacer énfasis en las licenciaturas o en las técnicas y tecnológicas? ¿Cómo desestimulamos el estudio de derecho, periodismo o sicología, por ejemplo, que no necesitamos y hay sobreoferta, y en cambio fomentamos las matemáticas, la física, la química, las ingenierías, la medicina, la enfermería, la agronomía y la veterinaria, que nos hacen tanta falta? ¿Cómo hacemos mucho más eficientes las universidades públicas, a las que les cuesta mucho más un estudiante que a las mejores privadas y que gastan mucho más en funcionamiento? ¿Y, en especial, cómo mejoramos la calidad?

Como bien dijo Dolly Montoya, rectora de la Nacional, la decisión de Duque les permite “respirar y planear”. Pero no resuelve los problemas de largo plazo. “Esta situación no la podemos tener cada cuatro años, por eso nos toca hacer una política de Estado que no dependa del Gobierno. Es decir, debemos preguntarnos qué país queremos, qué educación queremos y cuántos recursos están disponibles”. Las respuestas no pueden darla solo rectores, profesores y alumnos. Debemos darla todos, en un gran debate nacional. Este es el momento.

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