Duque: “Es el que es”

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Iván Duque

Aclaro que no soy defensor de oficio de Iván Duque, ni nada espero de él, sobre quien se vierten ríos de tinta, para resaltar su consistencia, su prominente simpatía, su destacado talante -que marcan la diferencia-, al que he seguido de cerca, junto a sus plurales propuestas, con el propósito de ayudar a los indecisos, a tomar una resolución, acertada, frente a las demás opciones, que en el caso de Duque, han sido expuestas, con total solvencia, elocuente y erudita capacidad, en foros, medios, plaza pública, planteamientos, que descarnan primeramente los acuciantes problemas que martirizan la República, al pueblo, como las decantadas y repensadas soluciones, que recoge su meditado programa, que busca ante todo, transformar al país, prohijar una sociedad justa, equitativa.

Lo cual me permite replicar tajantemente a los infames incendiarios que, disfrazados de demócratas, se empeñan en prejuzgar, exacerbar los ánimos, agudizar la confrontación, polarización, razones del atraso social e inequidad imperantes. Bandidos que por todos los medios han buscado vulnerar el buen nombre, prestigio e integridad moral del cualificado y precoz candidato -en el ‘top’ de la carrera por la primera magistratura- quien -como expresión de convivencia nacional- notificó: “dejaré que el desencuentro Uribe-Santos se reduzca únicamente a estos dos monjes”. De lo que se concluye, que no asumirá el papel de ‘tonto útil’ -en el sentido político de la expresión-, quien agregó -paladina y enfáticamente- a los que se empecinan en mantener la situación de zozobra y refriega: no seré -faltaba más-, títere de nadie.

Malintencionada suposición guerrera, que no influye, la presente exploración, hecha -sin que la pasión enceguezca el entendimiento, iluminada por la razón- sin tomar en cuenta, tampoco, las cábalas que corren por las bulliciosas y malolientes redes (cloacas) sociales, en contra del más ‘opcionado’ candidato, que tratan de agujerear su influjo, ante los millones de seguidores, que secundan su promesa de cambio, los que, a pesar del ambiente hostil y caldeado, no pierden la esperanza de alcanzarlo, en un aire de libertad, ni tienen miedo a que se produzca la mudanza.

Antípodas, cuya impostura, encarna el principio gatopardista, ‘cambiarlo todo para que nada cambie’. Desdichados monocolores, dedicados a bloquear la cordura, la reconciliación, a llenar de tensión, sangre y cadáveres a Colombia, cuando Iván Duque, apenas nacía. Una imagen fresca, lozana, que tuvo el aplaudido acierto de sumar voluntades, invitación atendida -de mente y corazón- por el ‘glorioso’ -ese sí- Partido Conservador, unido a la construcción -sin sectarismo-, de un porvenir sostenible, donde quepamos todos, en especial, las desencantadas bases, distanciadas de los codiciosos e infaltables ‘mercaderes del templo’.

Casa común, en la que ondea hoy, en su frontispicio, el triunfante lema: “EL FUTURO ES DE TODOS, LA PARTICIPACIÓN DE CADA UNO CUENTA”.  Esto, a pesar de las inocultables discrepancias pasadas, en temas cruciales, lo que valoriza la determinación. Espontáneo y concertado apoyo, cuya esencia -no de coyuntura- es perfeccionar -en lo posible- el acuerdo de paz, salvar la patria, la democracia. Nadie podrá afirmar, válidamente, que tal generosa adhesión -programática, transparente, a la luz del día, sin cartas marcadas, por debajo de la mesa- fue negociada, regateada fríamente, alianza capaz de sobrevivir en el tiempo, pensada en función y beneficio, no del interés individual, sino en provecho, gracia, del valor supremo, el bien común, ajustado a las urgencias y necesidades del país.

Mi antigua oposición al autoritarismo hirsuto uribista; mi reconocimiento inalterable por De la Calle; el desafío, que para muchos representan los controvertidos: el ‘Mocho’ Vargas, el exaltado Petro, me decidieron a quedarme -antes que la titubeante democracia naufrague- con la palabra empeñada por Duque, quien ofrece reforzar y defender los valores familiares, cristianos, democráticos; los derechos humanos; promover cultura ciudadana; luchar contra la desigualdad; avanzar hacia la igualdad de oportunidades educativas, salud, de empleo para todos; de custodiar la transparencia, seguridad jurídica, sostenibilidad fiscal; proteger la seguridad ambiental, la confianza en las instituciones, la protección inversionista. Candidato, cuya pulcritud, rigor y transparencia, en el manejo de lo público, son inequívocas, inobjetables, a quien es injusto -por tanto- inculparlo, reseñarlo, recriminarlo, por los excesos cometidos por su mánager.

El pedestre y sangriento lenguaje de los desesperados perdedores, genera odio, ira, violencia que, desde tiempos inmemoriales, han opacado y entristecido el terruño. Contrasta con el afectivo usado por Duque. Abismal diferencia que, de no enfrentarse, valerosamente, este domingo, el país caerá en un incierto despeñadero.

Que el Dios de Colombia, la tenga de su mano. Continúa

Por Mario Arias Gómez

Bogotá D. C., mayo/2018

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/

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