El engaño del ELN

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Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, máximo jefe del ELN está refugiado en Cuba.
Por María Fernanda Cabal

Bogotá, noviembre de 2018

La nueva estrategia evasiva del ELN pretende burlar la exigencia del Gobierno de hacer efectiva la circular roja de Interpol, que pesa desde octubre sobre el capo alias Gabino, quien permanece en Cuba de manera ilegal.

Bajo la excusa de estar en tratamiento médico “por depresión”, esa guerrilla lo ha designado como jefe negociador, en caso de la reanudación de los diálogos con el gobierno.

En el entretanto, mientras la avanzada terrorista cobra vidas y destroza el ecosistema, informes de Inteligencia Militar revelan que hoy los elenos distribuyen las raciones de las cajas de comida CLAP dos veces por mes (práctica que debería ser exclusiva del régimen de Maduro), en diversas localidades de los estados fronterizos y, después de repartirlas, recomiendan sintonizar “Antorcha Estéreo”, emisora clandestina que invita a seguir su doctrina comunista.

Restando importancia a la confrontación armada de hace unas semanas entre elenos y soldados venezolanos, en la que resultaron muertos varios miembros del ejército del vecino país en un número muy superior al reportado por los medios, queda demostrado una vez más que hoy los negocios de las guerrillas colombianas con el narco régimen de Maduro, son verdaderas alianzas de sangre que permanecen y se fortifican, con grave riesgo para la estabilidad política de nuestro país.

De esta forma, mientras se pertrecha en Venezuela, el ELN ejerce presión ejecutando atentados “multipropósito” al oleoducto Caño Limón, con la intención de extorsionar a las compañías petroleras del sector -como lo ha hecho siempre-, asesina trabajadores y soldados que van en las brigadas de reparación de daños e instrumentaliza a los pobladores de las regiones aledañas, con el mejor estilo de combinación de todas las formas de lucha.  Así, dan cumplimiento a uno de sus objetivos dentro de la autodenominada “Política Minero Energética” y justifican su accionar terrorista bajo la teoría de “evitar que se roben los recursos naturales no renovables”.

Simultáneamente a que aplican todas estas estrategias, aparecen voces como las de las “Mujeres Afro del Caribe” y otras ONG’s, que piden al gobierno reanudar los diálogos; involucrando de esta manera a lo que denominan “sociedad civil” y capitalizando a su favor este hecho, como si fuera la real participación de la sociedad.

Todo un espejismo perverso con el que pretenden dar un disfraz de legitimidad a su lucha, pues sin detener sus acciones armadas, ejercen un pulso de poder para lograr la reinstalación de la mesa de negociaciones.

Una vez más y bajo la falacia de la paz, Colombia está expuesta a cometer el mismo error que con los acuerdos de La Habana, con el agravante que ya todos conocemos: una manipulación perpetua que ya le funcionó a las Farc con el anterior gobierno, cómplice y permisivo, manteniendo a las mal llamadas “disidencias”, bajo cuya sombra amparan su accionar delictivo.

Quienes no conocen la historia están condenados a repetirla.

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