El mundo se convulsiona y Colombia también

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Destaca la exigente y dura lucha de los hermanos venezolanos por derrocar al gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro, quien se sostiene en el poder gracias al actuar asesino de los grupos de colectivos paramilitares que con armas de gran calibre,  disparan sin misericordia alguna contra los legítimos marchantes que solo con sus gritos y consignas,  responden a las balas asesinas de los facinerosos pagados por un narco régimen que ya tiene sus días contados.

El mundo comienza a reaccionar. A la cabeza le lidera el Presidente Peruano Pedro Pablo Kuczynski, quien tomó la firme decisión de retirar su embajador en consideración a la ruptura del orden institucional en Venezuela.

La Organización de los Estados Americanos OEA y su canciller Luis Almagro no se quedan atrás. No sólo han denunciado la ruptura del régimen por el auto golpe infringido a la Asamblea Nacional en Venezuela, sino que dispuso la urgente convocatoria del Consejo permanente para activar de conformidad con el Artículo 20  la Carta Democrática. Ya se conseguirá, después de los atroces crímenes que hoy cometen los grupos de colectivos auspiciados por el Régimen.

La languidez del comunicado de la Cancillería Colombiana ante el golpe de estado a la Asamblea Nacional en Venezuela y el cómplice silencio en descalificar los actos asesinos a los jóvenes que protestan en las calles, es clara demostración de la nimiedad en el proceder de la encopetada María Ángela Holguín que parece ser venezolana que colombiana. La historia le hará un juicio y sentenciará sin ninguna consideración.

Lástima que los militares activos venezolanos de rango menor no cumplan su deber constitucional de defender al bravo y enfurecido pueblo venezolano, pues los de rango mayor hacen ya parte del cartel de los soles y solo piensan en proteger y defender sus intereses derivados de la explotación de la droga maldita. El futuro del hermano país sigue incierto y todo apunta a un derramamiento de sangre.

Los otros acontecimientos seguidos en Siria país en el que fuera bombardeada con 59 misiles Tomahawk  la base aérea de Al Shayrat, en la que al parecer fue utilizada para lanzar un ataque químico que causara la muerte a más de 90 civiles muertos, incluidos varios niños,  por expresa orden de Presidente Trump, quien no esperó en forma  irresponsable el resultado de las investigaciones; tampoco consultó al Congreso de su país la decisión de autorizar  el uso de la poderosa bomba GBU-43/B más conocida como MOAB de unas 9,5 toneladas contra  militantes terroristas del Estado Islámico refugiados en las cuevas de la provincia de Nangarhar, en Afganistán; la movilización por parte de las fuerzas Militares de los Estados Unidos del portaaviones Carl Vinson hacia aguas cercanas a la Provincia de Corea del Norte en respuesta a las provocaciones del régimen de Kim Jong-un, quien insiste en realizar ensayos nucleares; la arremetida de este régimen norcoreano  contra los Estados Unidos al indicar el vocero Vice mariscal Choe Ryong-hae quien les expresó: “Si EEUU nos provoca le contestaremos inmediatamente  con un devastador ataque, con una guerra total, para una guerra nuclear, un ataque nuclear”. Así lo expresó durante el desfile, dedicado al 105 aniversario del nacimiento de Kim II-Sung, abuelo del actual líder norcoreano hoy fundador del estado.

La reacción de Corea del Sur no se hizo esperar. Su ministro de Unificación, Hong Yong-Pyo, expresó que cualquier ataque preventivo contra Corea del Norte, “no son buena idea desde el punto de vista de la seguridad de la población surcoreana”. Es obvio esa reacción, son vecinos y de cualquier conflicto o guerra que nazca producto de la inteligencia emocional del  líder  de los estados Unidos o de su homólogo en Corea del Norte, quien llevará la peor partida, será Corea del Sur.  Por fortuna parece que la sensatez ha llegado a la Administración Trump  y ya se indica luego del destacado desfile militar de Corea del Norte, que se limitará a “ejercer una política de presión a Pionyag, según se conociera  la agencia de noticias AP en la fecha.

La seguridad y estabilidad de la humanidad están en vilo. Los vientos de guerra arrecian y Rusia y China avocan, con gran acierto,  por la prudencia y el uso de la diplomacia. El diálogo entre naciones a través de los Organismos Internacionales es el que debe imponerse. El uso de la fuerza, en forma unilateral, sin esperar resultados en investigaciones es muy mal consejero. Bien dicen que la tercera guerra Mundial será nuclear,  pero la cuarta si algo llegare a sobrevivir,   lo será con piedras.

En ese agitado escenario internacional se comienza también a desarrollar la agenda local. Se conoce que en el día Viernes Santo se lleva a cabo en la Florida un encuentro no formal entre los expresidentes Andrés Pastrana Arango y Alvaro Uribe Vélez con el mandatario de los Estados Unidos Donald Trump.  Aún se desconoce lo tratado en el encuentro, pero lo consignado en su cuenta de Twitter por el señor expresidente Pastrana permite anticipar que trataron francamente  los “problemas y perspectivas de Colombia y la región”. Por su parte el expresidente Uribe da a conocer clara misiva sobre la situación venezolana, el aumento del narcotráfico y las consecuencias del proceso de Paz.

Ya contradictores de los expresidentes no dudan en cuestionar el encuentro y  llegan a tildarlo de “traición a la Patria”. Les preocupa que se logró la reunión sin ninguna clase de lobby. Sus solos nombres y lo hecho por el país bastaron para conseguir hacer la reunión informal en la agenda del gobernante americano. Los descalificativos  por su parte para los seguidores de los expresidentes son más bien reacción al temor que se descubra la falsedad que rodea el Acuerdo de la Habana.

Los contradictores que creen equivocadamente son contra los seguidores de Uribe y no entienden que es la mitad de la población colombiana o más de ella la que exige el respeto del resultado del plebiscito del dos de octubre de 2016; vulgarmente desconocido su resultado. Aprobado en forma espurea  el  Acuerdo de la Habana, se desconoce lo ordenado por la constitución vigente que solamente es y era el pueblo quien lo podía aprobar. Así lo recalcó el propio Presidente pero ya sabemos cuanta carencia de firmeza tienen sus manifestaciones.  Gran parte del pueblo está hastiado de tantas maromas, subterfugios y engaños que se utilizaron para cambiar la decisión del constituyente primario; absurdo que ya llega hasta reducir,  por no decir desaparecer,  la  labor legislativa al aprobar inconstitucionalmente las leyes de trámite rápido (Fast Track).

Esas reprochables leyes habilitantes han sido utilizadas como reforma constitucional para cambiar la operación de la Justicia Colombiana y  erigir la denominada Jurisdicción Especial (JEP),  con primacía sobre esa tercera Rama del poder público. Peor aún, ya se pretende en similar forma a lo ocurrido en Venezuela y Ecuador, modificar por este trámite, la Registraduría y el proceso electoral colombiano.

El empeño del gobierno Santos quien otrora es y se dice afín con el comunismo a como dé lugar,  quiere entronizar sus nuevos mejores y siempre amigos las FARC. No lo logrará, si persiste en violentar el resultado del plebiscito. Todo lo actuado a partir de aquel inolvidable 2 de octubre de 2016, es ilegal e inconstitucional. NO respetar el resultado, serán no una como ya ocurriera el pasado 1 de abril, sino muchas más marchas que  invadirán las calles colombianas, solicitado ya no al grito de “Fuera Santos” sino “queremos de regreso la democracia colombiana” o “Abajo el golpe de estado”.

Por Bernardo Henao Jaramillo

Abogado e investigador

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