“Fume y compare”

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El conservatismo -a pocos días de la primera vuelta presidencial- dejará en libertad a sus distintas facciones, para que acompañen al candidato de sus preferencias. Al respecto, repaso la hemeroteca de la convulsa y fanatizada tramoya política en marcha, que bulle en medio de enrarecido y melancólico ambiente,  reflejado por los esquizofrénicos trinos y memes, cargados de insultos, medias verdades, mentiras, que inundan las redes sociales, los cuales no dejan títere con cabeza, fehaciente prueba del grado de polarización del país, próximo a la desintegración de la unidad, avivada por repudiadas camarillas que mediante la reelección sistemática de los peores, prolongan la degradación y corrupción, que desde tiempos inmemoriales han contaminado el tradicional mundo político.

Ponzoñosos e insaciables operadores del mal, tutores del statu quo, brotados de las tóxicas madrigueras de la codicia. Colonos de todas las toldas partidistas, a los que solo les preocupa ganar elecciones -con los seculares métodos ‘non sanctos’-, fortificar la cultura del dominio social, la “puerta giratoria”; ejercer sin cortapisas un férreo control del ‘establishment’; someter los gobiernos de turno a sus prohibitivos, extravagantes e inmoderados caprichos, mediante la coima, la extorsión, el hechizo, en la búsqueda siempre de desvalijar el erario, llenar los bolsillos, a costa de desvanecer el bien común, arruinar la nación, engañar a los electores, disipar o feriar el patrimonio público.

Deslegitimada ‘dirigencia’, que copa el espectro ideológico, desde la hirsuta, paquidérmica y vetusta ultraderecha -con olor a naftalina-, hasta la desvencijada, erizada y senil ultraizquierda -con olor a azufre-.

Arco iris configurado en un extremo por el gallardo y jovial, Iván Duque; el malgeniado y maquiavélico señor del coscorrón -con su vanidad infinita-; el tibio figurín, con su agridulce, imprecisa y desafinada ‘Coalición Colombia’, que no es ‘ni chicha ni limoná’; el antagónico y locuaz representante de la caverna ‘chavista’ -con doble rasero moral-, dedicado por estos días de aniversario, a ‘gaitanear’. Portaestandarte de una languideciente política -con generosa cobertura mediática-, que no es más que un retroceso en las manecillas del reloj de la historia, la que hipócritamente intenta que confluya como ‘Centro’ que, al decir del inmolado, Gómez Hurtado, “es estar en ninguna parte”.

Jungla -sui géneris- en la que, por su ausencia, brilla De la Calle, con su didáctico, inamovible y tajante discurso, que persigue movilizar, recuperar y sensibilizar la confianza en los ideales liberales -en el sentido estricto del término-. Paradigmas desfigurados por el partido de sus mayores, al que ha pertenecido históricamente, cuyas raídas banderas se confunden o entrecruzan, con las enseñas conservadoras: Amigos de la paz; de los derechos humanos; el orden; medio ambiente; reformas democráticas, sociales, la igualdad, equidad. Uno y otro, opuestos al totalitarismo, al clientelismo, la corrupción; defensores de los pobres y desvalidos, la clase obrera, media, las víctimas del conflicto. Propósitos encarnados y simbolizados, por el quijotesco, Humberto De la Calle, al que deseo fervientemente, tenga una figuración decorosa el 27 de mayo.

Esto, a pesar que las encuestas, marcan -infortunada y reiteradamente- una desilusionante mengua. Digno y honroso costo, producto del acompañamiento -con dolor de patria, sin cálculo- al presidente Santos, en la imperiosa y colosal brega de la Paz. Misión cumplida, que le aseguró -qué duda cabe-, destacado lugar en la galería de los ‘grandes’ de la Patria, próxima a jugarse el modelo de país que se quiere: Uno, perpetuar el statu quo, el inmovilismo, la inequidad; dos, el representado por quienes abogan -como De la Calle- por el cumplimiento cabal de los acuerdos; privilegiar la lucha contra la corrupción, la regeneración, renovación y modernización -con inclusión social- del Estado, lo cual demanda de un liderazgo, inmaculado, ético, creíble, fiable, responsable, con sensibilidad social y convicción de futuro.

Un épico Cincinato, que tutele el bien general, gobierne recatadamente, con cabeza fría, por encima de vanidosos y estériles egos, apuros ‘adanistas’; que no se inhiba en concertar; rectificar; que no resguarde afanes íntimos de enriquecimiento, odios heredados, que más allá de la coyuntura electoral, gobierne sin soberbia, sin sed de venganza, alejado del acomodo político -impulsado por un aquelarre de politiqueros fracasados-, que huya del asistencialismo, el populismo, se proponga en enraizar la concordia. Un resplandeciente líder, que haga posible “una segunda oportunidad sobre la Tierra”, como pedía ‘Gabo’.

Hace bien, un desapasionado, imparcial y oportuno análisis de las propuestas de los candidatos, para que el elector -como decía la cuña- “Fume y compare”, y decida libérrimamente, sin presiones, e inmediateces.

Bogotá D. C., abril/2018

 

Por Mario Arias Gómez

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/

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