Los censos…, y después qué

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Foto: Bogotá Social

Por José Félix Lafaurie Rivera 

@jflafaurie

 El país se sorprendió con las cifras preliminares del censo, que mostraron un “descache” de más de ocho millones de habitantes frente al “reloj” del DANE, que nos acerca a 50 millones.

 La existencia del DANE descansa en la credibilidad técnica y la transparencia, que se traducen en percepción de confianza. No en vano es el generador de las cifras oficiales, como el costo de vida y el PIB, que son base para decisiones como el aumento del salario mínimo, que afecta toda la economía y a millones de colombianos pobres.

 Entonces, la prioridad del nuevo director, Juan Daniel Oviedo, es recuperar esa credibilidad maltrecha, para lo cual viene precedido de una hoja de vida que honra la promesa presidencial de nombrar a los mejores especialistas, sin interferencias políticas.

 Mauricio Perfetti era también especialista reputado, pero le entregó el rigor a un gobierno preocupado por su imagen. Llegó al DANE marcado por haber aceptado “el mandado” de hacer el Censo Agropecuario, en contra de la recomendación del entonces director. Para entonces, Santos, presionado por el “tal paro” que sí existía, se acordó del Censo y lo metió de afán en el Pacto Nacional Agrario, sacando a sombrerazos a Jorge Bustamante, un hombre serio que tuvo la verticalidad de expresar públicamente que  consideraba “particularmente inapropiado” iniciarlo sin la debida preparación y en campaña electoral.

 El Censo Agropecuario, que iba a costar $200 mil millones, terminó en más de $350 mil. Los resultados, anunciados para octubre de 2014, se entregaron a partir de marzo de 2016; y lo más grave: ahí están…, sin pena ni gloria.

 Al gobierno Santos le gustaban los censos, y además en época electoral. El de población, iniciado en enero, estaba presupuestado en $300 mil millones y terminará en más de $500 mil; pero ese no es problema en un país que gastó $280.000 millones en un plebiscito desechable y $40 mil más para satisfacer los egos de un partido político.

 Los censos, tanto el agropecuario como el de población, no son apenas necesarios, son indispensables para dejar de contarnos “a ojo de buen cubero”, como el reloj del DANE.No se trata de cuestionar su realización o menospreciar su valor estratégico. Se trata es de hacer un llamado a la transparencia y al rigor técnico; de que sus modelos y cifras no estén en función de mejorar la realidad con intereses políticos, como en el caso de la llamada “pobreza multidimensional”, sino de mostrar la realidad cruda, para poder transformarla en beneficio del país.

Se trata de un buen “poscenso”; de que  sus cifras se socialicen y sirvan para construir futuro. Al director Oviedo y al ministro Valencia, les propongo rescatar el Censo Agropecuario y poner sus cifras sobre una mesa de trabajo intersectorial, para trazar una hoja de ruta para el campo…, una verdadera reforma rural integral.

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