Los elenos y la danza de la paz

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Maria Fernanda Cabal
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Por María Fernanda Cabal
Juan Manuel Santos se va. No sin hacer daño hasta el último día de su mandato, con otra de sus nefastas “herencias”: El diálogo con los elenos, que cada día están más atrevidos y más sicópatas. Toda una pantomima que tiene un libreto que se repite con pésimos negociadores que desconocen la historia de esta guerrilla.
Con la certeza de recibir más dádivas que sus colegas terroristas de la farc, el ELN ha seguido manipulando al saliente gobierno, de quien saben obtendrán todo a cambio de nada.
Con evidente descaro, exigen al electo Presidente Iván Duque continuar con la farsa, bajo el yugo de las condiciones por ellos impuestas y siempre usando su chantaje falaz de la “voluntad de negociación”.
El viernes pasado secuestraron en Vigía del Fuerte a unos policías, unos militares y unos civiles. Sin embargo, con la misma retórica desgastada pero eficaz, han anunciado que les han prestado “protección y atención” pero que los operativos militares en la zona “ponen en riesgo” a estas personas. ¿Hasta cuándo les toleramos tanta desfachatez? ¿Hasta dónde el Estado cede su función de garantizar la vida y la libertad de todos para seguir haciéndole caso a unos bárbaros que se disfrazan de “sociedad civil armada”?
Esta pesadilla, que se repite una y otra vez, no puede continuar. El famoso post conflicto nos arroja una violencia reciclada, que se basa en que nunca existió verdad, justicia y reparación por parte de las FARC, con lo cual hoy estamos presenciando a un ELN fortalecido, un EPL resucitado y unas FARC ganando cada vez más terreno con sus ahora “honorables congresistas” posesionados en el Congreso. ¿Y las víctimas? Bien, gracias. Escondidas como las niñas de la Corporación Rosa Blanca, con cicatrices en el cuerpo y en el alma.
El legado de la Paz con Nobel a bordo, nos entrega una Colombia con más de 200 mil hectáreas de coca, con el microtráfico desbordado en las ciudades, el asesinato sistemático de quienes pretenden sustituir los cultivos de coca o los muertos por ajuste de cuentas entre carteles, que obligan a los campesinos a sembrarla.
La mala noticia es que Santos nos deja un escenario repleto de adversidades que sólo podremos confrontar con decisión,  fe  y voluntad de aplicar el estado de legalidad. La buena noticia, es que el mandatario que se reeligió usando toda la combinación de las formas de lucha, al fin se va.

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