“¡Oh, amigos míos, no hay ningún amigo!”

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El columnista Mario Arias Gómez (Der.) con Iván Duque (Centro)

Estaba cantado el resultado de la extenuante campaña; ganaron los extremos, Duque, 39.1 % (7’569.693); ‘placé’, el soberbio e intocable Petro -que asusta- 25.1 % (4’851.254), gemelo de los fieros exguerrilleros del M-19, incendiarios del Palacio de Justicia, que inmolaron la CSJ, impunemente amnistiados; adeudo del apasionado agitador de ‘Colombia Humana’, carnal de la lucha de clases; rebelión armada, consustanciales con la pedestre izquierda, que aprovecha la democracia, el candor e ignorancia de la gente, para seducirlos con cantos de sirena, falsos juramentos, de respeto a sus principios; derechos humanos; propiedad; tierra; medios de producción; libertad de expresión; libre empresa, desconocidos luego de hacerse -con malas mañas- al poder, convertido, ipso facto, a sangre y fuego, en coto de caza, mediante reformas a la Constitución, a su medida, en beneficio de la pandilla.  ‘Remember’ los dantescos: Castro, Chávez, Evo, Correa, Ortega.

En el ejercicio político, es básico ser buen ganador, mejor perdedor. Canon ignorado por un carbonizado e insepulto saltimbanqui que, tres días antes de la implacable y demoledora sentencia electoral, corrió, repentinamente, a desahogarse conmigo. Habrase visto. Acallado bufón, cuyo farsante y pretencioso voto ‘útil’, se diluyó en el pantano del mediático, oscuro y risible, ‘aquí estoy, aquí me quedo’ que, en vez de sumar restó. ‘Lagarto’ con quemaduras de tercer grado, que congestiona el pabellón de los quemados.

Preámbulo que devela su bipolar personalidad; tornadiza inconsistencia, que desconoce la regla de oro: Debatir sin recurrir a la violencia, a los ataques personales. Transcribo este parto de los montes: “Agradezco la comprensión y el respeto de las muchedumbres (¿?) que me siguen, en especial de amigos personales que van tras otras opciones democráticas, pero que han discrepado con respeto y sin fricciones en nuestra relación de amistad que está ahí y lo estará siempre. No se puede perder por la política”.

Popeye

A la misma hora y día, el ensimismado tahúr, en sus estertores, espetó, impertérrito, esta impensable, punzante, imperdonable y lapidaria arenga: “Espero que hayas usado red para ese salto mortal…. que buenos coequiperos escogiste… Omar Yepes, César Montoya, Luis Guillermo Giraldo y Popeye… Álvaro Uribe…Martha Lucía Ramírez y Alejando Ordóñez...”. Quedó el circo completo… Toda la viruta y el olor a jaula de tigre, con una sola boleta: Iván Duque. El cambio, pero para peor. ¿Quién será la bastonera del circo? Contáme (Las palabras llanas acabadas en ‘n’, ‘s’ o vocal, no llevan tilde). Así pagó el diablo a quien le hizo el inmerecido honor de postularlo -sin votos- a la Gobernación.

Como diría Berceo, “no me diga más”. Injurioso vomitivo del amnésico chacal que, para mayor sadismo, equiparó a los precitados entrañables amigos, con ‘Popeye’, en especial, a quien le debe todo y exprimió hasta el límite, cruzando la línea que nadie se había atrevido a traspasar, hasta ahora. ¡Basta! de tanta inconsistencia, mezquindad moral, pequeñez, oportunismo, miseria. Sepulcro blanqueado, cuya abyecta, rastrera condición humana, anegó su alma enferma. La historia lo recordará como Judas redivivo.

Quien tiene rabo de paja no se arrima a la candela. Artero pedrusco que este ‘gordo benévolo’ no pasará por alto, devolviéndolo -al patético holgazán- acentuado. Amor con amor se paga. Advirtiéndole al sabueso: “Meterse con mi honor es una aventura peligrosa y probablemente trágica”. (¡Mariscal! Alzate Avendaño).

Burda y esperpéntica recriminación, motivada por el hecho de haber decidido acompañar -con amor patrio-, libremente, sin permiso del hipócrita ‘amo’, a Iván Duque, quejoso, que cayó en una especie de estado cataléptico, de “ira non sancta”, la noticia del abandono -a mi pesar- de su antiguo FIADOR, según una amarillenta carta, con membrete de Mafalda, que da cuenta de su ancestral, conchuda y reiterada condición de mala-paga. Faceta connatural, que tampoco lo inhibió para -tramposa e inescrupulosamente- tramitar la faraónica, espuria y fétida pensión -hoy sub-judice- soportada en un oculto y lánguido pasquín -sin coraza-, que hizo ´certificar’ como pensum (¿?) escolar. Apestada falsedad, ésa sí “con olor a jaula de tigre”, guillotinada a los pobres de Colombia.

Dime de qué presumes y te diré de qué adoleces.

Desde mi vetusta atalaya, echo una mirada, placida, sobre el barrizal de tan extraviada moral -de doble rasero-, sacada -al parecer- de la novela, ‘El balcón en invierno’, de Luis Landero; fuente inagotable de anécdotas, historias parecidas, relatadas con inclemente sinceridad, de la que tomo este corolario, que acude en mi auxilio, mientras barrunto esta mustia y lóbrega nota: “A veces el pasado no acaba nunca de pasar”.

Por Mario Arias Gómez

Manizales mayo/2018

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