La Educación Pública No es Gratuita

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Marcha de los estudiantes universitarios de Colombia pidiendo aumento en los recursos de la Educación Pública.

Por Ariel Peña

 

Dice el refrán: “no hay almuerzo gratis”, de la misma forma la educación pública la paga la sociedad por medio del Estado, por lo que  la gratuidad de la educación es un imposible; sin embargo eso no justifica el déficit presupuestal en las universidades públicas, y de ahí las protestas estudiantiles que comenzaron el 10 de octubre y que originaron el paro en 12 universidades del Estado, en donde a pesar de la justeza de la movilización,  también se muestra  el oportunismo de algunos sectores de la llamada izquierda, pescando en rio revuelto.

Se habla de un déficit en la universidad pública de 20 billones de pesos, con lo que el Gobierno tendría que hacer alrededor de 5 reformas tributarias para cubrir semejante faltante, y con la reasignación de 500.000 millones de pesos al presupuesto  general de la nación para 2019, todavía faltarían 19 billones y medio, por lo que sí es cierto ese déficit, la crisis de la educación superior es monumental; pero de lo que  se trata es de buscar soluciones concertadas entre el gobierno y todos los estamentos universitarios, sin olvidar que los costos de la educación pública los pagan todos los colombianos con sus impuestos de una u otra manera.

En algunas universidades públicas el costo por estudiante para los contribuyentes es de más de  30 millones de pesos anuales, lo que equivaldría a estudiar una carrera en una universidad privada de las más costosas que hay en el país, por eso el Estado debe garantizar una educación de calidad, cuidando los recursos destinados a los centros educativos y haciendo un replanteamiento sobre la autonomía de los mismos, para ampliar la cobertura y así  buscar que un mayor número de  estudiantes puedan ingresar a la educación superior en los establecimientos  del Estado.

Indiscutiblemente hay que fortalecer la educación superior, por ejemplo tomando los recursos de  “Ser Pilo Pago” que según anunció el pasado 6 de septiembre la ministra de educación, María Victoria Angulo, no va a continuar. Entonces se trata de plantear propuestas y no utilizar la coyuntura educativa con intenciones políticas electorales, como se vio el pasado 10 de octubre en la Plaza de Bolívar, en donde el senador Gustavo Petro se montó en la tarima para arengar, con intereses político radicales, antes que esbozar soluciones viables.

En Chile hasta 1981 la educación fue paga por el Estado o sea  con la plata de los contribuyentes, lo que llaman  eufemísticamente “gratuidad universal” y en ese año  la dictadura de Augusto Pinochet, redujo los requisitos para la  creación de universidades privadas, que se multiplicaron hasta llegar a 40 que tenían libertad para fijar tarifas, aprobándose este año en el mes de enero por el congreso  de Chile el retorno a lo que  ocurría hasta 1981.

Lo anterior significa que no se puede comparar en educación superior, el caso colombiano con el chileno, ya que en el país austral habían antecedentes sobre la financiación estatal a toda la educación universitaria, mientras que en nuestro país han convivido todo el tiempo, la universidad pública y la  privada, lo cual quiere decir  que la consigna de los estudiantes chilenos copiada acá, sobre: “la educación pública gratuita” es desfasada para Colombia por los costos económicos  que ello implicaría; pero sin olvidar el fortalecimiento progresivo de una educación pública de calidad, buscando superar la ley 30 de 1992 que fija un incremento mínimo del IPC (índice de precios al consumidor) en  los recursos que van a la universidad estatal.

Así como la educación privada se paga, la publica también, una por las familias y otra con el  fisco nacional, por lo que hablar de gratuidad, no responde a la realidad, y en cambio de debates baladíes lo que hay que hacer es  incrementar el número de estudiantes que ingresan a  la universidad, ampliando el presupuesto de los establecimientos públicos  y superando el discurso  falaz de politiqueros que medran alrededor del estudiantado, buscando satisfacer sus apetitos burocráticos con el Estado, haciendo expresiones públicas de sus pasiones privadas.

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