¿Se aguó la fiesta?

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Mario Arias Gómez

Por Mario Arias Gómez

En este momento, el país de bien, tiene los reflectores puestos sobre el gobierno que se inicia en seis días, como sobre el gabinete paritario -conforme a la palabra empeñada-, en cuanto a género, gabinete que -prima facie-, ha causado la mejor impresión, por estar integrado, por jóvenes profesionales, incontaminados, capacitados, con intachables e inmejorables hojas de vida, cultos, estudiosos, prudentes, serios, experimentados en las áreas asignadas, luego de un riguroso cotejo académico, respaldado por cualificados títulos, acreditados por las mejores universidades del mundo, selección ajustada a los más altos estándares de competencia, meritocracia, aunada, a un severo e indagado comportamiento personal, como al de su trayectoria laboral.

Exitosos valores humanos, desconocidos -algunos- por la opinión nacional, dotados de excelsas virtudes, comprometidos apasionadamente con lo que hacen, creen, los que sorpresivamente llegan al servicio público, precedidos de gloriosos e insuperables pergaminos intelectuales, que, a pesar de la corta edad, se adornan con curtida y envidiable experiencia. Líderes en flor, orientados por su nuevo jefe -mirando adelante, sin espejo retrovisor-, hacia los resultados más que hacia la ideología. Auspicioso, benéfico, propicio y versado grupo, cuya acuciosa juventud, la complementa -con la cronometrada, madura y pausada sabiduría de los años- los recorridos, versátiles y fogueados, Carlos Holmes y Guillermo Botero.

Escogimiento que ha exacerbado a los infaltables malquerientes, que sin posesionarse aún el presidente, lo hacen responsable de los deslices, falencias y traspiés del antecesor; endilgándole infundados e incendiarios señalamientos,  amplificados por periodistas oficiosos que, no esconden el malestar, por no haber sido consultados con ellos los nombramientos, cuestionan, el discurso que invita a construir -sin odios- el futuro entre todos los colombianos; critican porque “casi todos provienen de los gremios”, con verificadas ejecutorias, o, por no ser “recomendados por los politiqueros de  turno, presentes en el Congreso, o, por no representar a los descompuestos partidos”. Auguran el fracaso de la gestión gubernamental, por ende, del programa triunfante. Otra mezquina raposa, reclama por la tacaña cuota antioqueña, “definitiva en su elección”, ignorando -adrede- al director de orquesta. Palo porque bogas, palo porque no bogas.

Periodo Duque, opacado lamentablemente el comienzo, por la CSJ, con el impensado llamado a indagatoria, del líder del CD, penoso hecho que introdujo un amargo, inesperado, deplorable y lastimoso ambiente de incertidumbre -política, social-, en la mayoritaria coalición establecida en el Congreso, por los coaligados, conservatismo, liberalismo, la U, Cambio Radical, Mira y Colombia Justa Libres. Alianza que lidera, por obvias razones, Álvaro Uribe, que no intervino -la verdad sea dicha- en su constitución, recio y recursivo capitán, que enfrentará, adecuadamente, la incendiaria oposición, que enfiló baterías contra el virtual presidente, encabezada por venenosas sierpes (Robledo-Petro), aunada a las autonombradas, paladines de la moral. grotescas loras ‘diversas’.

Hecho político, agrandado -repito- por la alucinante e inesperada renuncia*, que ha generado fortuito ruido; acrecentando -aún más- el clima de polarización; aguó la fiesta democrática -sin empezar-. Dimisión* que cayó como un baldado de agua fría, que, de aceptarse, fracturaría la gobernabilidad del aplomado y mesurado discípulo, distante del agravio, diatriba, injuria, ofensa, procacidad. Carga de profundidad que tiene de plácemes a los destructivos e irracionales contradictores -harapientos morales- que se quedarán -póngale la firma- con los crespos hechos, relamiéndose los bigotes.

Situación que tiene vigilante al país, la comunidad internacional, que se dispone a asistir, a la engalanada posesión -sin estridencias-, del presidente, que “es el que es”. Parafraseando -al respecto- a Goethe: “Pensar es fácil. Actuar es un poco más difícil. Pero actuar como se piensa es lo más difícil de todo”. En caso del calmoso Iván Duque: él ‘hace lo que piensa, siente lo que dice’. Dosis de esperanza, derivada del discurso de triunfo, en el que reiteró el manifiesto e inaplazable deseo: acabar con la perniciosa y dañina polarización reinante; unir a los colombianos, “más allá de si votaron o no -dijo-, por mis ideas y propuestas”, sintetizadas en el eslogan: “Soluciones no agresiones”. Impronta que la complica, el luctuoso insuceso aludido, que distrae, interfiere y estropea -de entrada- las pautas de gobierno, la anhelada reforma a la justicia.

Tóxico escenario, que conduce a un emocional choque de trenes, que demanda, cabeza fría, para reconducir al país por la senda de la unidad, la reconciliación, en las que se empeña el presidente Duque, para lo cual requiere, ignorar, a las arcaicas, calenturientas alimañas, que nublan el juicio y provocan, una espiral de emociones negativas, que interfieren los objetivos gubernamentales.

Bogotá, D. C. agosto de 2018

  • Renuncia retirada luego de difundida la presente.

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