Zulma Casas, una política correcta

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SERIE LOS CANDIDATOS PROPONEN

Zulma Casas García nació en 1977 en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá. Vivió sus primeros años en Bogotá, en varios barrios del sur. Con dificultades familiares logró terminar sus estudios de bachillerato mientras cuidaba de sus tres hermanos, ya que su madre trabajaba y estudiaba y prácticamente era su reemplazo en las labores de casa. A sus 17 años conseguía trabajos como modelo y logró entrar a estudiar derecho nocturno en la Universidad Libre. Alternaba sus estudios con la venta de artículos de aseo de la empresa de unos primos, pero sus actividades ocasionales con el modelaje la llevaron a montar rápidamente una empresa de extras para la televisión, con lo que consiguió bandearse con algunos contratos de RTI y de RCN, a quienes les proveía actores extras y actividades logísticas para la producción de telenovelas como Café y Bety la Fea.

Una de sus tías que estudiaba en la Universidad Nacional terminó militando en la izquierda y le tocó vivir en carne propia la cacería de brujas después del robo de armas del Cantón Norte por parte del M19, episodio que la marcó cuando era pequeña. Creció entre las canciones de Mercedes Sosa y Silvio Rodríguez y comprendió la necesidad de luchar políticamente para lograr menores desigualdades sociales y mayores índices de justicia. Por esa razón terminó al lado del Polo Democrático con José Cuesta, líder exmilitante del M19, impulsando la campaña  “Besos por Bogotá” por la reapertura del Hospital San Juan de Dios, en la que se estrenó en la política.

Por su actividad política y por sus nexos con el mundo de la Televisión Cuesta la envió a colaborar con la campaña de reelección del Comisionado de Televisión, Fernando Alvarez, quien en ese momento era militante del Polo. Allí descubrió las inconsistencias normativas y denunció los vacíos que permitían la existencia de un verdadero cartel de agremiaciones de papel que eran las que hasta ese momento elegían el comisionado del sector de la Televisión. Entró a la CNTV como secretaria del despacho de Alvarez y luego como integrante del equipo jurídico de la entidad. A los dos años y con 31 de edad fue elegida Comisionada Nacional de Televisión, convirtiéndose e la más joven en llegar al ente regulador de la tv, en medio del desprecio de Carolina Hoyos Turbay, quien no resistió compartir junta con una “plebeya” y muy pronto renunció a su cargo de Comisionada de Televisión.

Allí se destacó por que fue la que impidió que se adjudicara el tercer canal de cualquier manera, cuando la decisión mayoritaria era que se le entregara casi a dedo al grupo Planeta, como único proponente. Las irregularidades que se cometieron en el proceso y la guerra sucia que se le hizo al grupo Cisneros de Venezuela y al Grupo Prisa de España, la hicieron apartarse de la decisión de sus compañeros de Junta y decidió denunciar los esguinces que se le pretendían hacer a la normatividad legal. Le ganó en la Corte Constitucional una demanda de inconstitucionalidad a la entonces Ministra de Comunicaciones María del Rosario Guerra, la cual fue coadyuvada voluntariamente por el ex magistrado José Gregorio Hernández.

Sus convicciones políticas la han situado cerca de la izquierda y estuvo ayudando al Partido Verde sobre todo en la realización de Congreso en que, a su pesar, Alfonso Prada y Lucho Garzón se le entregaron al gobierno de Juan Manuel Santos. Se decepcionó y se sintió utilizada por Prada, en momentos en que emprendían la huída Sergio Fajardo y Antanas Mockus. Piensa que Antanas tiene razón cuando dice que a veces en Colombia sucede como en el tráfico bogotano, que se avanza más por la derecha. Admira a Sergio Fajardo y comparte la lucha anticorrupción de Claudia López, de quien la distancia su “temperamento gaminezco” y su “exhibicionismo homosexual”, pero sobre todo considera que el Partido Verde ya no pertenece a los sueños de la Ola Verde y que se acerca vertiginosamente a quedar como uno de los mismos con las mismas. Lamenta que el verde sea un partido con dueño por efectos del negocio de los avales que practica Carlos Ramón González, otro ex M19 que emula al tuerto Luis Alberto Gil en la fabricación de marcas políticas.

Cree que el principal problema en Colombia es la corrupción política y que la paz de Santos no logró convocar a la ciudadanía, que era la única garantía de que el proceso llegara a feliz término. No cree en la vocación de paz de Santos aunque le abona haberse empecinado en sacarla adelante. Cree que la paz no se puede hacer fomentando la guerra y que toda polarización es la antesala de un conflicto armado.

Entre sus propuestas está la de impulsar un proyecto de ley para que los familiares de los políticos corruptos, hasta en cuarto grado de consanguinidad, no puedan reemplazarlos en sus curules, ni ser nombrados en la administración pública.

Se considera una romántica de la política y de las buenas prácticas en la función pública.  “No se debe ejercer la función pública como un negocio privado”, “La política debe ser la proyección del servicio y la sana consecuencia de la vocación social”, “Una postura ética, por pequeña que sea la decisión, ayuda a construir nuevas realidades”, son algunas de las frases que promueve en su campaña. Como doliente de la crisis de la justicia por su profesión de abogada considera que es un imperativo moral sacar la clase política de la administración de justicia. “Es una perversidad que se coló en la Constitución del 91 que los congresistas sean los que elijan el Consejo Superior de la Judicatura”, dice casi con rabia.

Considera que la democracia es defectuosa pero critica el abstencionismo y la no participación política del ciudadano. “Si Usted no vota, elige lo peor”, es una de sus consignas que más ha generado simpatía. Cree que se puede hacer y ser una política  correcta y que por adversas que sean las condiciones y por plagada de corruptelas que esté la política, no se puede esperar a que la democracia sea perfecta ni a que los partidos sean mejores para intentar cambiar esta realidad putrefacta y maloliente de la actividad política. “Este es el país y el momento que nos tocó y mi vocación y mi formación en políticas públicas me obligan a meterme al ruedo”. Como los verdes la desilusionaron obtuvo el aval de Cambio Radical mediante una convocatoria por internet. Escogió el número 41 porque esos son los años que cumple en 2018.

De Germán Vargas Lleras dice que es de lejos el mejor preparado para ser presidente y que su partido debe ocuparse de hacer una depuración para que los corruptos no sientan que este es su escampadero. “Si logro llegar al senado impulsaré un cambio radical en Cambio Radical que consiste en una revisión estatutaria y filosófica para que los avales no se le otorguen impunemente al que más votos tenga sino a los más comprometidos con las buenas prácticas de la gobernanza, que no es otra cosa que transformación de las costumbres políticas, que era por lo que luchaban Luis Carlos Galán Y Rodrigo Lara Bonilla, quienes fueron los inspiradores iniciales de Germán Vargas cuando fundó el partido Cambio Radical. Creo que hay que continuar la tarea que no lograron hacer bien sus herederos y hay que empezar por casa”.

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