Crónica de la reaparición de Fidel Castro

Fotos: Estudios Revolución

 

Después de 14 meses sin dejarse ver en público, el máximo líder de la revolución cubana Fidel Castro Ruz, reapareció en las calles de la vieja Habana, e intercambió palabras con un grupo de venezolanos chavistas que se lo encontraron fortuitamente cuando este se desplazaba en un caravana de vehículos de seguridad y se detuvo en un complejo educativo, donde ellos estaban intercambiando experiencias en torno al socialismo.

El singular encuentro se produjo el pasado 30 de marzo y los que pudieron conversar con Fidel pertenecen a un grupo de 155 venezolanos que fueron invitados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y su Agencia de Viajes Amistur.

Los simpatizantes venezolanos arribaron el 27 de marzo de 2015 a la Isla como parte del “II Vuelo de la Solidaridad Bolívar-Martí. Un puente de pueblo a pueblo”. La delegación estaría hasta el cinco de abril en La Habana, en cumplimiento a un amplio programa de “travesías” por las múltiples experiencias revolucionarias de Cuba.

El día de la confluencia no esperada con Fidel, los 155 venezolanos se dividieron en cuatro grupos para visitar escuelas ubicadas en La Habana. Y uno de los grupos tuvo como destino, el Complejo Educacional Vilma Espín Guillois, en la barriada de Siboney.

Dicha escuela fue inaugurada por Fidel en el año 2013, porque tiempo atrás, siempre que él pasaba por las calles de la barriada, reparaba las largas distancias que los estudiantes de los primeros años de enseñanza debían recorrer en las mañanas para llegar a sus centros escolares y la creó porque “hacía falta un lugar que acortara tantos largos viajes”.

La primicia la difundió el diario cubano Juventud Rebelde, que publicó textualmente esta crónica sobre la reaparición de Fidel, la que también fue tomada por otros  importantes medios isleños como Cuba Debate:

“Era un lunes, día del encuentro no esperado, mientras la treintena de hermanos de la tierra de Bolívar recorrían espacios del Complejo Educacional, Fidel volvía a pasar muy cerca de la nueva escuela.

Fueron los niños los primeros en avistar los vehículos que ellos bien conocen. Fueron ellos quienes empezaron a decir: “Viene Fidel, viene Fidel…”. Y a partir de ese instante de alegría los visitantes se sumaron al alumnado para compartir consignas y saludos. El Comandante, por su parte, decidió llegar hasta la escuela, y una vez allí conversó con la directora del centro y con los organizadores de la visita.

Saludó, uno por uno y sin el más mínimo apuro, a los venezolanos. Y a ellos les iba preguntando por la realidad del país que nos dio a ese amigo inmenso llamado Hugo Chávez. Comentó temas alusivos a la Asamblea Nacional de Venezuela, al trabajo con la juventud, a las labores en la agricultura. Despertaba admiración el modo como recordaba nombres de diputados, gobernadores y personas conocidas en numerosas jornadas de intercambio con la patria de Bolívar.

Fidel había sido el de siempre, el que tan bien conocemos: no se despidió sin antes conversar sobre lo más urgente. Mostró su especial preocupación por la batalla que ahora libra la nación sudamericana para que su soberanía e integridad sean respetadas. Habló desde su naturaleza que es intensa y mide el tiempo en su justa medida: “Hay que trabajar rápido, sumar muchas firmas destinadas al presidente Obama para que Venezuela deje de ser catalogada una amenaza a la seguridad del país norteño. Hay que apurarse porque lo que está en juego es el equilibrio del mundo”.

Fidel está lleno de vitalidad. Afirman que esa es la definición más recurrente dentro del grupo de amigos venezolanos que lo ha visto y ha podido conversar con él. “Fidel está vivo”, afirman felices, desde la inesperada condición de testigos invaluables”.

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