El gran engaño de Claudia López a los pequeños comerciantes


 
Eduardo Padilla
Eduardo Padilla Hernández

Presidente Red Colombiana de Veedurías.

Cuando los comerciantes ambulantes y estacionarios de Bogotá se enteraron de que Claudia López aspiraba a la Alcaldía, recibieron su candidatura con beneplácito porque la vieron como un proyecto novedoso y que, además, ella inspiraba cariño y respeto, pues esos habitantes que viven del rebusque en la capital de la República, pensaron que ella  era la única persona capaz de derrotar a los mismos con las mismas y de enfrentar la persecución que han sufrido esos pequeños comerciantes por parte de las autoridades, respecto a que muchos de ellos ocupan el espacio público.

Pero cuando empezó su campaña, los pequeños comerciantes pusieron en tela de juicio su proyecto, “pues sabemos –dijeron ellos- que ella es una politiquera sin palabra, porque le dijo a Lucho Garzón que era un “vago” y “enmermelado”, y después se unió a él; luego dijo que el Polo se había robado a Bogotá, pero después  se unió con ese grupo.  Más tarde dijo que los de Cambio  Radical son corruptos pero hizo alianzas con ellos.  Y cuando vieron a Robledo junto a ella les  produjo una enorme desconfianza porque, después de ser oposición, ella apoyó la continuidad del gobierno de Peñalosa.  Más tarde los comerciantes notaron que  ella es una persona que le huye al debate de las ideas porque sabe –dijeron ellos- que  pierde en ese terreno”.

Luego ya posesionada como alcaldesa, su administración tuvo que enfrentar el problema de la Economía del rebusque, donde encontró que el 40% de los trabajadores son informales.

Ella misma, al recorrer las calles se encontró con las mujeres y los hombres (jóvenes y adultos mayores) que tienen sus pequeños negocios en la vía pública,  los cuales son el reflejo de esa multitud que vive en sur de la ciudad y que no pueden gozar de una labor con la que puedan lograr una libertad financiera. La calle no les da para cubrir todas sus necesidades, pues la vida no les ofreció una oportunidad de negocio más rentable.

La mayoría de estos comerciantes ambulantes o estacionarios, con unas pocas excepciones, aunque trabajan desde las 2 de la madrugada viven en la miseria; pero siguen trabajando para no dejar morir a sus hijos de hambre.

Como ellos, existen otros miles de personas que la vida los obligó a tener una ocupación informal en Bogotá. El 40% para ser exactos, según el DANE.

Esta es la dura realidad, el drama de tantas personas que viven  del rebusque en Bogotá.  La pobreza y desesperanza no da espera.  Estos pequeños comerciantes anhelan poder  experimentar el  sentido del logro, para sentirse orgullosos de poseer la identidad de ser bogotanos.

Corabastos, según la visión de Claudia López, consiste  en  historias que testifican lo que significa Bogotá para muchas personas:  Oportunidades, resurgir, una vida mejor. Ella tiene razón cuando afirma que la informalidad no es ilegalidad, y que por ese motivo  quiere que se vinculen de forma activa a los círculos económicos y productivos de la ciudad.

Pero hay quienes le recuerdan a Claudia López que ya esos comerciantes están vinculados a lo que ella llama los círculos económicos y productivos de la ciudad.  Aducen que esos estudios ya existen desde hace bastante tiempo y proponen que  la actividad y función estatal contribuya a potenciar, mejorar y ordenar lo ya existente.

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