Especial sobre el Covid-19

El Coronavirus en Colombia / Foto: Infobae.com

 

Por: mario arias gómez.

A

nte el abatimiento y perplejidad que para el mundo representa, la macabra aparición del hasta hace muy poco, un gran desconocido: el Coronavirus -rebautizado Covid-19-; abrumado registro estas consternadas observaciones, referidas al infortunio que para la humanidad encarna esta incontenible pandemia que, sin exagerar, la tiene terrible, razonablemente alicaída, exasperada, golpeada, oprimida, sumida en la desazón, incertidumbre, al punto del surmenage, con lindes de calamidad pública.

Como siempre, es mejor pecar de precavidos, razón para poner a disposición de los pacientes lectores que no tienen acceso a información veraz, científicamente confiable, la verdad oculta, desfigurada -a propósito- por una descomunal avalancha de ‘fake news’ (noticias falsas), que han saturado las redes sociales; tarea que, sin pretensión alguna, busca frenar el efecto dominó que causa la desinformación.

Espero -por tanto- que cada quien -como rezaba en mi lejana juventud la cuña del Pielroja- ‘fume y compare’, decida -per se-, qué hacer, qué recomendar a los suyos, al círculo más íntimo, más cercano.

Resultas de la restricción a la libertad de expresión, practicada por los chinos, el virus en cuestión se expandió secretamente en Wuhan -capital de provincia-, donde surgió la cepa infecciosa, mientras las autoridades mantuvieron en tinieblas al mundo, a sus pobladores, impidiendo que se conociera más temprano el mal que de haberse sabido, hubiera permitido tomar medidas más oportunas y contundentes.

Propagación que, al igual que las plagas bíblicas, es un recordatorio de cuán grande es la fragilidad como las limitaciones de la especie humana. En el presente caso, ha infectado -también- globalmente, las economías y mercados financieros. Estragos patentizados en la volatilidad del mercado accionario; cambiario; el turismo; la organización y celebración de eventos; los viajes; el comercio; las cadenas de suministro recíproco, especialmente con China, Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, Suiza, Italia, Corea del Sur, España.

El Índice Báltico Seco, un indicador prospectivo del comercio universal, ha bajado a la mitad, simétrico a los precios del petróleo.

Lejos de pretender alarmar, de crear pánico -prohijados y propalados codiciosamente por inescrupulosas aves de mal agüero-; causados por el sombrío panorama y peliagudos tiempos que se avizoran, lo que obliga a analistas, como a los forjadores de opinión, a poner en alerta, exponer públicamente sus conclusiones. A la par, es obvio que los gobiernos no pueden eliminar la incertidumbre, la desconfianza, pero si pueden -menos el miope, omisivo, pasivo, tardío Iván Duque, sin liderazgo, sin un plan de contingencia, contención, mitigación-  garantizar el flujo transparente y preciso de la información, evitando la desidia; el silencio; que cunda el pánico; el torbellino del miedo, el sobresalto; el paroxismo e hipocondría oficiales, la aprensión, la desesperanza, la histeria, la neurosis colectivas; que los politiqueros -de todos los colores y pelambres- pesquen en río revuelto.

Basado en una fuente médica, venero de credibilidad, de confianza; de salubristas y expertos, sintetizo su reciente dictamen sobre el caso en comento, que parte por recordar que el peligro de un agente infeccioso lo configura la combinación de 3 factores: El vector de contagio, de morbilidad, de mortalidad. El contagio que nos ocupa es 3 veces superior a la gripe, lo que implica que su propagación tiene una progresión geométrica: 1-2-4-8-16-32-64-128-256… La diferencia de la gripe y del SARS, última epidemia por coronavirus/2003, se contagia -también- durante las dos semanas de incubación, antes –incluso- de tener síntomas.

En cuanto a la morbilidad/mortalidad, parte de que ¡TODOS VAMOS A INFECTARNOS POR EL COVID-19!, en los próximos tres meses. De cada 1.000 personas infectas, 900 lo pasarán asintomáticamente, incluidos niños y jóvenes; 100 mostrarán síntomas; 80 lo pasarán dos o tres semanas encerrados en casa, con una gripe muy seria -tos seca, dolor de cabeza y muscular-; de los 20 restantes, 15 desarrollarán una neumonía bilateral, con dificultad para respirar, que requerirá del ingreso hospitalario para que le sean administrados broncodilatadores, corticoides y oxígeno. Los otros cinco, desarrollarán una fibrosis pulmonar, que exigirá ingreso inmediato en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), con respiración asistida. Morirán -de ellos- tres; los dos que milagrosamente se salven, presentarán secuelas que probablemente obligarán el trasplante de pulmón. (Cifras aproximadas que maneja la comunidad científica).

A diferencia de la gripe -ante la cual buena parte de la población se vacuna y ataca progresivamente a lo largo de 5 meses al año- la infección del Covid-19, en una oleada (véase Italia), de dos a tres meses, producirá todos los contagios.

Viene lo peor, lo más apabullante. De una población de 50 millones -como la de Colombia-, solo 4.5 millones van a tener síntomas, de los cuales, 4 millones. la pasarán muy mal -como se dijo-, aislados en casa con gripe; otros 750.000, necesitarán ingreso hospitalario inmediato con oxígeno; 250.000 precisarán de UCI. Se estima que en el país (Colombia), por cada mil habitantes, se dispone de 1,5 camas hospitalarias, y solo 8.000 camas (totalidad del país) de UCI utilizables, lo que dimensiona -sin ninguna duda- la excepcional, gigantesca gravedad del problema.

El cual radica en que, dadas las características epidemiológicas, en los precitados 2 o 3 meses, de la oleada que infecte a toda la población sin inmunidad previa, indefectiblemente ¡EL SISTEMA SANITARIO COLAPSARÁ!, lo que significa que cuando las camas hospitalarias y las UCI se copen, habrá que aplicar lo que se conoce como, Medicina de Guerra, consistente en que por cada cama libre, habrá de nueve a diez personas en turno para ocuparla, lo que involucra que los afanados, atareados profesionales tendrán que decidir a quiénes atienden y a cuáles mandan a casa, a la espera de un clínico y una bombona de oxígeno, que nunca llegarán, porque se habrán copado los galenos y acabado las reservas de botellas con el vital elemento.

Selección que se tomará en función de la edad y el estado general. Se escogerán primero a los más jóvenes que tendrán más posibilidades de sobrevivir. Esto, sin tomar en cuenta el resto de patologías graves y urgentes: infartos, ictus (enfermedad cerebral de origen vascular que se presenta de un modo súbito), accidentes de tráfico, laborales, violencia doméstica, etc. Todo -repito-, sin camas ni UCI libres, vacantes. Sin luz al final del túnel.

Ante tan imprevisible, invisible, lóbrego, tétrico -pero real- panorama, que se replicará en todo el mundo, lo aconsejable durante las próximas semanas, meses, es resguardarse, salir exclusivamente a trabajar y a hacer compras al supermercado, cuando sea estrictamente necesario. No comer fuera, no ir a ninguna reunión, no utilizar transporte público. Quieto en base.

 

Resumiendo: el que una persona sufra la enfermedad asintomáticamente, como una gripe, o necesite ingreso hospitalario, va de depender fundamentalmente de la edad y del estado inmunológico. Pero también, del concepto llamado “carga viral”, que es la cantidad de virus que entraron a nuestro cuerpo al momento del contagio. Cuanto mayor -verdad de Perogrullo- más daño puede hacer a los pulmones, mientras las defensas se organizan y fabrican los anticuerpos.

No es lo mismo besar a un contagiado, respirar directamente ‘gotículas’ (saliva) de un infectado, o tocar un objeto donde han caído hace 3 horas, para luego tocarnos la cara, nariz, ojos. Entre menos nos expongamos, menos carga viral entrará al organismo. Elemental. Por eso, lo recomendable es atender las inevitables restricciones a la movilidad, sugerencias; evadir las reuniones, los abrazos, besos, sobas, frecuentar lugares públicos saturados de gente. A cuidarse, enclaustrarse pues, amables leyentes.

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