La salvaje herencia de Iván Cepeda

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Por Emerson Grajales Usma*.

No culpo al senador Iván Cepeda porque haya nacido en un hogar mal formado donde sus padres, fueron grandes complacientes del terrorismo acentuado en Colombia. Nadie elije su hogar para nacer y menos pide uno que lo traigan al mundo a una indeseada morada; pero si le juzgo que se haya dejado mal influenciar de esa complacencia criminal de sus progenitores Manuel y Yira.

Y menos, juzgaría a la concubina de su adverso padre Olga Navia; porque su hijastro haya tomado el camino menos decoroso en la vida, el de ser correligionario del terrorismo en nuestro país.

Su precursor y exconvicto, Manuel Cepeda, tuvo una turbia inclinación por la izquierda que expuso a través de movimientos juveniles revolucionarios como la JUCO, al lado del samario Jaime Bateman Cayón, fundador del Movimiento guerrillero 19 de abril –M-19.

Su trabajo en pro de la revolución colombiana, llevo a las Farc, el más contundente movimiento criminal y mafioso colombiano, a que uno de sus frentes de guerra llevara su nombre (Manuel Cepeda), para infortunio, uno de los frentes más sanguinarios y despiadados de ese grupo narcoterrorista.

Ni la familia del temido Manuel Cepeda, se muto para reprocharle al grupo belicoso de las Farc, por el bautizo de un frente de beligerancia con el nombre de quien al lado de José Miller Chacón y Aida Abella; iniciaron una cruzada criminal a lo largo y ancho de nuestra geografía, bajo las temidas banderas del M-19 y luego, su acercamiento con los cabecillas de las Farc. Solo basta con trasladarnos a las páginas de libros como “Armas y urnas” de Steven Dudley, u otro no menos datiado bajo el rotulo de “Todo tiempo pasado fue peor” escrito por Álvaro Delgado. A aquellas planas, confluye la vida borrascosa del otro Cepeda, de Manuel.

Y no podemos negar, que los únicos culpables de los nacientes grupos criminales conocidos como “paramilitares”, fueron los mismos grupos terroristas, pues como resultado irreversible, surgieron como un grupo contestatario de las guerrillas ante la impotencia del Estado para combatir la “chusma”, que cada día tomaba más fuerza, bajo el sopretexto de ser movimientos juveniles o sindicalistas al servicio de la clase social.

Hoy, Iván Cepeda, como solidaridad de cuerpo, ha venido buscando, con derecho total, que se esclarezcan los asesinatos sistemáticos de un número importante de seguidores de la Unión Patriótica-UP. El mismo movimiento que su aturdido padre, ayudó a parir.

Lo que no podemos permitir, es que en aras de mostrar como trofeo a su familia y a las demás víctimas del paramilitarismo en Colombia, Iván Cepeda exponga como trofeo al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Para ello, Cepeda, ha acudido a toda suerte de artimañas para enlodar y judicializar al senador Uribe, buscando falsos testigos hasta de entre las cárceles, a los que les ha ofrecido dadivas para que declaren en contra del exmandatario colombiano, en acto orquestado criminalmente, con los más enconados togados de las altas Cortes del país.

*Asesor y consultor

Twitter: @Grajalesluise     

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