Muhammad Ali, el más grande, la leyenda del boxeo


 

El planeta lamenta el fallecimiento del estadounidense Muhammad Ali, uno de los mayores deportistas del siglo XX y considerado el mejor boxeador del mundo. Este es un homenaje de La Otra Cara a un hombre que se reinventó a sí mismo y se volvió leyenda.

Fue tres veces campeón mundial de los pesos pesados y campeón olímpico a los 18 años.

Diseñó una técnica o estilo único de pelear, por ejemplo, con su tradicional pantaloneta blanca con raya negra, “corrió” en círculos por el ring ante la mirada sorprendida de sus rivales y con su juego le quitó la rigurosidad a los encuentros de boxeo; se inventó el brinco en los combates, un constante saltico que angustiaba sus oponentes, y también creó la patineta, que es hacer un pasito rápido hacia adelante y otro hacía atrás y luego lanzar golpecitos sorpresivos especialmente en la cara del contrincante, etc.

Se burló de sus contendores, dejándolos que lo golpearan para demostrarles que no podían con él, porque era dueño una violenta pegada y sabía lo que tenía, les sacaba la lengua y les gritaba: “Soy el más lindo”, soy el mejor…y en verdad lo fue. Todo eso, para volver más amenas sus peleas, las que luego miles de norteamericanos se desvivían por ver en directo. Fue el gestor de los combates multimillonarios en los rines estadounidenses. Sin embargo, sus épicas batallas fueron vistas en el mundo mediante la televisión en blanco y negro.

Es célebre su grito: “¡Soy el mejor! ¡Soy el mejor! Soy el rey del mundo”, cuando le ganó el campeonato mundial contra Sonny Liston en 1965. Veámoslo en acción:

http://youtu.be/WOQ1ERnkbh4

Ali, cuyo verdadero nombre era Cassius Clay, nació en Louisville (Kentucky) en 1942.  Fue un negro golpeado por las humillaciones del racismo, que proclamó su identidad con orgullo. Un deportista locuaz que exhibía su ego sin modestia, por lo cual fue odiado por algunos, pero admirado por todos.

Fue un héroe deportivo, pero también un ser rebelde, que se convirtió a una religión extraña en su época para la mayoría de sus conciudadanos estadounidenses, como era el Islam. Eso lo hizo influenciado por las enseñanzas del grupo religioso Nación del Islam y es ahí donde adopta el nombre que él mismo eligió y que lo llevó a la cima: Muhammad Ali.

Al lado de Martin Luther King

 

“No quiero ser lo que vosotros queréis que sea”, decía sobre la segregación racial. Por eso, junto con los reconocidos activistas Malcolm X y Martín Luter King, se destacó en una de las personas más influyentes de Estados Unidos en la defensa de los derechos civiles de los negros, en los años 60. Además criticó la política bélica que su patria había iniciado en ese entonces contra otras naciones.

Por ejemplo, su oposición a la guerra del Vietnam no fue sólo retórica: rechazó el reclutamiento obligatorio, pero por su negativa de ir a esa confrontación armada fue sentenciado a cinco años de prisión y perdió el derecho a boxear. Le quitaron su título mundial y le prohibieron salir del país durante tres años.

Ali es escoltado por el comandante del centro de reclutamiento de Houston en 1967, ya arrestado, tras negarse a alistarse para ira a Vietnam/ Foto de AP. (AP)

 

“El cong [por Vietcong, los vietnamitas que luchaban contra Estados Unidos en la guerra] no me llama nigger’”, aseguraba Ali. Nigger es la palabra más peyorativa usada para designar a los estadounidenses de origen africano.

Ali falleció el pasado 3 de junio en un hospital de Phoenix (Arizona, EE.UU.) a los 74 años por complicaciones respiratorias. Llevaba 32 años batallando contra la enfermedad de Parkinson, un desorden del sistema nervioso que afecta al movimiento, producto de los golpes recibidos durante su brillante carrera.

Ali está en el panteón de los deportes norteamericanos, donde no llega cualquiera… es un ícono de Estados Unidos.

Fue un hombre que jugaba en el ring y hacía alarde de su explosiva pegada.

 

A Ali, ninguno lo ha igualado, ni siquiera se le han acercado en carisma y técnica pugilística. Este monstruo del boxeo, orgullo estadounidense, un elegido, no será olvidado porque fue y es el más grande de la historia.

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