El Futuro del Ambiente en Bogotá


 

Por Eduardo Padilla Hernández.

Abogado.  Presidente Asored Nacional de Veedurías*.

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Nos encontramos en la recta final de la Administración del Alcalde Enrique Peñalosa, que culminará su gestión el 1 de enero de 2020; y hay que empezar a “pasarle la factura” por los graves problemas que deja al próximo regente de Bogotá, especialmente en materia ambiental.

Es notorio que durante esta administración uno de los factores más debilitados fue el medio ambiente. Temas complejos para la ciudad, como la calidad del aíre, se hicieron evidentes durante la Administración del Dr. Peñalosa, que en lugar de promover una cultura de desarrollo sostenible se dedicó a atacar las áreas protegidas como los humedales, o a reemplazar nuestras áreas verdes por asfalto y cemento.

Estas políticas lesivas con el ambiente, fueron altamente cuestionadas por la población, que en masa,  salió en la defensa de sus parques y áreas verdes; pero también generó un activismo desde el Concejo de la Distrital, donde Concejales como el Dr. Jorge Durán Silva, posicionaron la temática ambiental a la par de temas tan relevantes como los económicos y sociales, estando siempre al tanto de las acciones de la Administración, exigiendo los resultados necesarios para que a la población se le garantice su derecho fundamental al ambiente sano, como soporte de los derechos individuales como la vida y la salud.

Sin embargo, estos esfuerzos aun no son suficientes para que la Administración de Bogotá, entienda la gravedad de sus omisiones y de la toma de decisiones que atentan contra el medio ambiente de manera directa, y, a seis meses de que el Alcalde Peñalosa deje su cargo, nos enfrentan a una dura realidad para quien quiera asumir el destino de Bogotá en el corto plazo.

Enrique Peñalosa

Quien se vaya a sentar en la silla de Alcalde de Bogotá tiene que retomar el tema ambiental desde los indicadores que determinan en Colombia, la Calidad Ambiental Urbana, que se mide en todo el país, con el instrumento que el Ministerio de Ambiente ha denominado ICAU (Índice de Calidad Ambiental Urbana), compuesto por dieciséis indicadores que evalúan el estado de los recursos naturales y su aprovechamiento en los desarrollos urbanos, procurando que las administraciones puedan involucrar en sus políticas públicas el desarrollo sostenible como objetivo primordial de la gestión.

La última evaluación del ICAU, publicada por el Ministerio de Ambiente, presenta un estado general de los factores ambientales urbanos más relevantes (directos e indirectos) ubicando a Bogotá con un puntaje de 50.9 en media calidad ambiental para el año 2013, que significa esta medición para el cierre del acalde Peñalosa y el reto de quién asuma el liderazgo de la capital de nuestro País.

Un indicador directo que plantea el ICAU para determinar la calidad ambiental urbana, es por supuesto calidad del aire, asociada directamente con el estado de salud de los pobladores, por el impacto sobre el reporte de enfermedades como la ERA (Enfermedad Respiratoria Aguda), condición que afecta a la población más vulnerable de nuestra ciudad, los niños y las personas de la tercera edad, siendo factor determinante en las estadísticas de la salud.

De acuerdo con el ICAU (2013), la calidad del aire se determina por el estado de la concentración promedio anual de contaminantes, material particulado (PM10 y PM2,5), en un tiempo de exposición determinado. Para la vigencia 2013 la calificación en Bogotá de este indicador otorgó un puntaje de 0.8/1, estando muy cerca de la condición ideal determinada por el Ministerio de Ambiente.

Aunque son muchos los factores que impactan en la calidad del aíre (temperatura, precipitación, humedad, etc.) definitivamente para el año 2013 en Bogotá se habían tomado medidas que estaban generando un mejoramiento en la calidad del aíre de los Bogotanos. Sin embargo, durante los inicios de la Administración del Alcalde Peñalosa (2016-2020), para el año 2017 se presentó un aumento del 11.07%[1] respecto del reporte de casos de enfermedad respiratoria aguda (ERA) en la población de niños y niñas menores de 5 años.

¿Está relacionada entonces nuestra salud a las malas decisiones de nuestros gobernantes en materia ambiental?, las estadísticas nos confirman la verdad que de manera intuitiva todos conocemos.

Acabar con las zonas verdes de la ciudad para dar paso a la construcción de obras duras, que no reconocen la dimensión ambiental, reemplazar los árboles y la vegetación por cemento y estructuras metálicas, entre otras, no son buenas estrategias. Esta generación de espacios de “esparcimiento” disfrazada de equipamiento para la ciudadanía, definitivamente ha impactado de manera negativa en nuestra calidad de vida; contrario a lo que vende la Alcaldía a través de las estrategias de marketing que inundan calles y medios de comunicación, utilizando el azul como el color indicativo de una gestión ambiental amigable, mientras en realidad, las inversiones de la ciudad se han canalizado para el desmejoramiento de nuestras condiciones básicas y el enriquecimiento de aquellos que han hecho de su negocio, el genocidio de la naturaleza.

Hay que se muy obtuso para defender por cuatro años que: es mejor tener una cancha de patinaje que una arboleda; un ciclo ruta que un separador verde con árboles que desarrollan la función ecológica de la purificación del aíre.

Pongámoslo en los términos más sencillos para ver si los administradores de la ciudad lo comprenden, los niños enfermos de ERA no van a jugar al parque, por más seguro que este sea.

Mientras en el mundo entero se alzan las voces y las acciones por la defensa y protección del medio ambiente, lideradas por niños, jóvenes y adultos que han conectado su esencia vital con la naturaleza, en Bogotá nuestras estadísticas de manera increíble han cambiado, pasamos del año 2013 a estar cerca del ideal de calidad del aíre, en tan solo seis años, a tener alertas de la peligrosidad del aire que respiramos. Es decir que en tan solo 3 años de la gestión del Alcalde Peñalosa, hemos convertido al aire en enemigo del soporte vital de los Bogotanos.

Ante esta situación tan compleja, la ciudadanía ha tenido que tomar acciones de hecho para proteger nuestra riqueza natural, hemos visto los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los pobladores en barrios, que han perdido sus arboledas y zonas verdes, sus humedales, sus relictos boscos, para dar paso al “progreso” desde la visión de la actual administración.

Este es un análisis de tan solo un indicador de los que ha previsto del ICAU. ¿Cómo nos va en los otros indicadores, al menos en los directos?: superficie de área verde por habitante; calidad del agua superficial, porcentaje de áreas protegidas incluidas en el POT con plan de manejo ambiental, porcentaje de residuos sólidos aprovechados, porcentaje de superficie construida con criterios de sostenibilidad, porcentaje de población urbana expuesta a ruido, población urbana vinculada a estrategias educación ambiental, población urbana localizada en zonas de amenaza alta.

Por su puesto la administración no solamente debe pensar en las estrategias de conservación y recuperación de nuestros activos ambientales, debe además pensar en la protección actividad que se ve materializada desde la facultad sancionatoria, el mazo de la Ley contra aquellos infractores que generan la contaminación.

El ciclo que se requiere para la protección del aíre de Bogotá, y en general de aquellas zonas urbanas resulta entonces de tener medidas de mitigación frente a la contaminación, tales como la recuperación de las zonas de bosques y vegetación que cumplen la funciona natural de amortiguar el impacto negativo de las actividades humanas, acompañando estas gestiones con el control y la vigilancia de las fuentes de emisión de contaminantes, para que se mantengan en los limites permitidos por nuestra regulación, de manera tal que se genere un equilibrio entre lo que contaminamos y los que nos protege de la contaminación.

Si bien los atentados contra nuestros activos ambientales, parte vital de la ecuación para el equilibrio del ambiente urbano, son acciones casi que delictivas; la inoperancia frente a los infractores es tan lesiva como el acabar con nuestro árboles y vegetación.

Parece que, durante la actual administración, temas como la movilidad en Bogotá nuevamente pasaron a ser temas de agenda económica y no de la agenda ambiental que se debe manejar desde la Alcaldía.

Y las consecuencias no son fáciles de atender para las futuras administraciones, que tendrán que poner en marcha y mantener una flota de vehículos de transporte público altamente impactante en los factores ambientales de soporte de la ciudad. Como en muchos otros temas en nuestro país, nos estamos devolviendo en el tiempo y la historia, sin reconocer el aprendizaje que ha llevado a la humanidad a la profunda compresión del daño que hemos causado al mundo entero.

¿Qué se ha hecho con las grandes industrias que ante la inoperancia de la Administración incumplen con sus obligaciones ambientales?, gran interrogante que la Administración debe resolver antes de que se termine su periodo, y que quien reciba debe corregir y comprometerse al mejoramiento y fortalecimiento de estas funciones.

En definitiva, esta administración que sale no deja un buen panorama en materia ambiental, para quien quiera ser el líder de la ciudad en el próximo cuatrienio, ojalá que los temas ambientales no sean solamente la bandera para las campañas, sino que sean el factor determinante en la gestión de los próximos lideres de nuestro país.

[1] Tomado de Observatorio Ambiental de Bogotá: http://oab.ambientebogota.gov.co/esm/indicadores?id=305&v=l

Magíster en Derecho Ambiental y profesor de la materia*.

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