Añoranza y Esperanza


 

Esta fecha trae un ambiente, un sabor y un olor, y si se quiere una añoranza, que cambia el espíritu.

Cuando era niño, la sazón de mi madre se percibía por toda la cuadra. Preparaba la carne de cerdo y pollo para los tamales con dos días de anticipación. Cilantro, cebolla, ajo, orégano, tomillo, laurel y una pizca de sal las adobaba hasta quedar en su punto. Las cocinaba en poca agua, la que le servía para sazonar el arroz. A éste se le agregaba arverja verde, zanahoria, un poco de cominos y color quedando con el sabor propio del arroz de tamal huilense, sin masa.

Hecho el arroz y preparadas las carnes, se alistaban las hojas de bijao en las que una vez “suazadas” – puestas al fuego a una distancia que las vuelve suaves y tiernas – sobre ellas se amontonaba el arroz en forma de montaña. En su cima, un trozo de cerdo y otro de pollo. A su alrededor, una tajada de zanahoria, una rodaja de papa criolla y otra de papa pastusa. Sin olvidar medio huevo cocido, una porción pequeña de longaniza y un rociado de hogao para el toque final.

Las prodigiosas manos de doña Flor, envolvían ese suculento y provocativo plato, los amarraba y a la “India”, aquella olla que igualmente servía para preparar el sancocho a leña del primero de enero a la orilla del río.

Los buses se apostaban en el lugar destinado a manera de terminal y los viejos bajaban a recibirnos en la madrugada, pero cuando el taxi iba hacia nuestras casas era interceptado por la alborada con pichinche a bordo. Y un aguardiente doble nos encendía el año viejo que añoramos por dentro y el año nuevo que le deseamos a todos en paz.

Hoy es diferente. Desde enero programamos un viaje, por lo general, hacia el exterior, y acá, desde donde escribo estas remembranzas, nada es igual…! Ni siquiera por unos días de vacaciones.

En el próximo año, la esperanza se funda en la ansiada paz, la que una vez firmada permitirá a todos cantar con alborozo el himno de año nuevo del Gran Combo: “A comer pastel y a comer lechona”, pero a nuestra manera: “A comer tamal y a comer mamona”, ritmo que entonaremos al unísono y abrazados, huilenses con tolimenses, santandereanos, vallunos, costeños y demás, porque en esas nuevas y pacíficas condiciones muchos colombianos podrán regresar a su terruño, donde la alborada siempre estará presta a recibirlos.

Por Germán Calderón España

Abogado constitucionalista.

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