¡Bienvenido, pastor universal!


 
Hay que dimensionar la visita del Papa Francisco con dos acontecimientos del momento: el proceso de paz y el flagelo de la corrupción que vergonzosamente nos tiene acorralados.

Suplico a su Santidad: interceder ante el alto gobierno, para que se institucionalice en todas las instancias de la vida nacional, la cátedra de principios y valores, única forma de frenar la corrupción, tanto en la empresa pública como privada

La visita pastoral del Papa Francisco a Colombia, – pueblo mayoritariamente católico-, que se encuentra convaleciente de los continuos combates del pasado, librados contra la guerrilla de las Farc-, le da la bienvenida: con fe, amor y esperanza.

¡Si bien se silenciaron los fusiles; las heridas de la guerra y el terrible flagelo de la corrupción, continúan lacerantes!

Los millones de compatriotas que directa o indirectamente fueron víctimas por parte de las Farc, con: secuestros, pescas milagrosas, extorsiones, chantajes, desplazamientos forzados, saqueos, masacres y violaciones a humiles campesinas, esperan confiados que tan angustiosa situación en que viven, sea solucionada en el menor tiempo posible; todos, forman parte de una población de más de diez millones de trashumantes, que de una u otra forma, estuvieron durante más de cincuenta años, bajo el yugo del miedo y del terror.

En los años que lleva su Santidad como máximo representante de Cristo en la tierra, ha demostrado tener carisma para solucionar graves problemas que agobian a la humanidad; para cada caso tiene un mensaje de amor y de esperanza; son cientos los conflictos en el mundo que se han solucionado gracias a vuestra intervención e imagen de verdadero líder en todas sus dimensiones.

Es importante que tan ilustre visitante y director espiritual, en su visita pastoral, se forme un concepto por lo menos generalizado sobre la corrupción, que prácticamente tiene acorralada todas las instancias de nuestro Estado de Derecho.

Déjeme decirle Santidad, que la justicia en nuestro País, anda manga por hombro: – con algunas excepciones-: auxiliares, jueces y magistrados, están amangualados con el crimen, los procesos muchas veces se negocian como vulgares artículos de estantería.

La razón de toda esta debacle moral y social en nuestro País es muy sencilla: la clase política por lo general nace corrupta, no podemos juzgar al ciudadano común, puesto que, los postulados de principios y valores, sobre los cuales debe construirse toda sociedad, no existen, por esta columna hemos insistido en su institucionalización, pero ha sido totalmente imposible.

Por Uriel Soto Ortiz

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