‘Bolsonaro- Mourao’


 

Por mario arias gómez.

E

n cuatro días Brasil elige a su Presidente, entre el académico, Fernando Haddad (55 años) -extensión de Lula-, exalcalde de São Paulo, exministro de Educación, y el polémico ultraderechista, Jair Messias Bolsonaro, (63 años), exmilitar, evangélico, quien cumple su séptimo período en la Cámara de Diputados, el último por el ‘Partido Social Liberal’ (PSL), noveno agrupación, desde que se inició como concejal, 1989, hasta el 2014, en que obtuvo la más alta votación (464 mil votos), en el estado de Río de Janeiro.

Su hermano Renato, y tres de sus hijos, también son políticos: Carlos, concejal (PP), Flavio diputado (PSL), ambos de Río de Janeiro, y Eduardo (PSL), diputado federal de São Paulo. Controvertido aspirante (Bolsonaro), cuyo anquilosado conservadurismo; oscurantistas y sectarias ideas nacionalistas; su radical y trasnochada posición frente a las mujeres, las minorías (gays, lesbianas, negros, mulatos); críticas a la izquierda; oposición a los derechos de la comunidad LGBT; la hirsuta defensa de la dictadura militar (1964); son causa de gran controversia, como la escalofriante y retrógrada legitimación de “la tortura como práctica recurrente”, o la afirmación: “El error de la dictadura fue torturar y no matar”.

Agrestes, extravagantes e insólitas posiciones, origen de sus 30 pedidos de casación, y tres condenas judiciales.  A pesar de ello, disputará el ballotage, con una cómoda ventaja (18 puntos) sobre su competidor, proporcionada por quienes piensan igual, y no los espanta sus desenfrenadas, disolutas y licenciosas declaraciones.

La encuestadora, Fundación Getulio Vargas y la Escuela de Derecho de San Pablo, revela que la institución en la que más confían (56 %) los brasileños, son las Fuerzas Armadas, frente al Congreso, los partidos políticos, el Gobierno, ninguno de los cuales supera el 7 %, monstruosa diferencia, que la evidencia el hecho, de que el 43 % de la población, se muestra amiga de una intervención militar provisoria.

El artículo 142 de la Constitución, dispone que los militares deben garantizar la defensa de la patria, la ley, el orden, los poderes constitucionales. La cuestión es: ¿Quién determina que el orden no está garantizado? ¿Sobre qué principios? ¿Cuáles los límites para la aplicación de dicho dispositivo? Incertidumbre total.

Su electorado, cree plenamente que reformará la política, reducirá los niveles de criminalidad, sinvergüencería, mediante el endurecimiento de la política de reprensión, opuesta a la transacción con la delincuencia, en defensa de los ‘ciudadanos de bien’, y en contra de los ‘malos ciudadanos’, que no merecen -sustentan- que se respeten sus derechos humanos, resultas, de la credibilidad de la que gozan los militares, del poder de embrujamiento, de seducción de Bolsonaro.

Militares que lo acompañan, cerradamente, encabezados por su fórmula vicepresidencial, el exgeneral, Hamilton Mourao, exponente del grupo militarista, que se considera “garante último del orden”, por encima -incluso- de las instituciones democráticas, cautivadas, sostienen, por ser el único que se atreve a decir cosas, aún más controversiales que el propio candidato: “O las instituciones solucionan el problema político -a través de la acción de la Justicia-, retirando de la vida pública a los elementos involucrados en ilícitos, o nosotros -militares- tendremos que imponerlo”. Especie de ultimátum a los jueces, para que confinen a la clase política investigada por corrupta.

Lo que enhebra la posibilidad de una latente acción militar, que estabilice el juego político, como a la sociedad. Principio, que no se inhibe en reafirmar, en cuanta oportunidad tiene, en las que expone sin tapujos, las situaciones (fortuitas) en las que sería legítima la intervención militar. Autogolpe que no es una disyuntiva descartable, al insinuar -sin querer queriendo- su constitucionalidad. El temor radica en que el poder conferido a los militares, “deje a la democracia viciada y tutelada por ellos”, para siempre.

Brasil, como otras democracias del continente, la corrupción, las ha llevado a caer, por la vía electoral, en garras de un ‘chavismo’ cerrero, que acecha en Colombia,  ‘petrismo’ que busca el consabido, letal y anhelado zarpazo, si el ‘novel’ Presidente, no se sintoniza con las desatendidas y desoídas urgencias populares, mientras  persiste en rodearse de ‘pachitos’, de los ‘carrasquillas, amorales, mañosos, del perverso, redomado y defenestrado Ordóñez, que se hizo reelegir, utilizando toda clase de trapisondas.

Con premeditación y alevosía, nadie olvida los múltiples argumentos que esgrimió, para esfumar la gravedad de su destitución y, en una clara acción de irrespeto y desconocimiento de la justicia, arguyó ser víctima de persecución política, a pesar de las incontables pruebas al canto, que lo incriminaron, por sus corruptas prácticas.

Bogotá, D. C. 24 de octubre de 2018

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