El Papa y el Mercado


 

Por Ariel Peña.

El miércoles 7 de noviembre, el Papa Francisco ha denunciado que “Si en la tierra existe el hambre no es por falta de alimento, sino porque  por las exigencias del mercado se llega, a veces, a destruirlo”. La afirmación del Sumo Pontífice  sería verídica si el mercado  lo fuera un todo, pero resulta que cuando una doctrina política como ocurre con el marxismo que en su aplicación práctica, toma a la miseria de las  masas como  condición necesaria para perpetuar en el poder a una dictadura comunista, el mercado sale sobrando y eso lo estamos viendo con nuestra vecina Venezuela, en donde el hambre es una política de Estado para consolidar a la camarilla castrochavista.

El mercado y el  capitalismo no son maldiciones, como algunos creen, sino que surgen  porque los seres  humanos somos seres de necesidades, que muchas veces nos las crean, y para satisfacerlas están  las mercancías, de ahí surge la ley de oferta y demanda, apareciendo la economía  de mercado y desde luego el capitalismo, que pierde su esencia cuando se vuelve especulativo e improductivo, cayendo en un capitalismo financiero exagerado que solo busca acumular grandes masas de dinero.

Sin olvidar que el mercado permite el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que genera el progreso social y económico de los pueblos,  y las naciones pueden importar y exportar para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos; por lo que satanizar al  mercado va en contra de  toda lógica y, es mejor observar que el mal está en las posiciones políticas totalitarias como ocurre con el comunismo, cuya concepción supersticiosa y metafísica del mundo, lleva a sus militantes a considerarse predestinados para dominar a los demás, siguiendo los fetiches del materialismo histórico y la inevitabilidad.

El esquematismo entre socialismo y capitalismo es  absolutamente anacrónico,  y para  vivir al ritmo de los tiempos se debe impulsar  un  sistema de economía múltiple, pero  no entendido como una tercera vía, sino como el conjunto de medidas pragmáticas e inteligentes, que lleven calidad de vida a los pueblos sin dogmatismos ni avaricias desmedidas.

El marxismo como el mejor heredero de Maquiavelo, plantea las cosas en blanco y negro, mostrando siempre  dicotomías,  cayendo en un maximalismo para que las personas  despistadas y atrasadas tomen partido, esa división perversa la promueven los seguidores del comunismo totalitario, cuyos intereses burocráticos y de secta los lleva a creerse  “iluminados”, por ello es que en más de 168 años de marxismo se ha vendido el dilema económico y político entre capitalismo y socialismo, sin que hayan posibilidad de otras salidas; esa  actitud burda  lleva a la conclusión temeraria de  “ esta conmigo o  en contra de mi”

Pero de ninguna manera se puede tomar a los seres humanos como zombis, para aplicarles recetas metafísicas, ya que la libertad individual como condición suprema de la humanidad está por encima de la manipulación  política; entonces reducir el destino de los pueblos al capitalismo o al socialismo, es producto del interés mezquino de quienes siguiendo los  sofismas marxistas consideran que la conquista del poder es como  su dios;  ya que el discurso miserabilista que proclama el truco de  la emancipación del proletariado, no solo lo ha manejado el marxismo sino sus hermanos el fascismo y el nazismo.

En  el capitalismo como en el socialismo hay muchas variables, siendo paradójicamente el capitalismo de Estado  el  que se practica  en  Cuba y Norcorea, así sus gobiernos hagan apologías del socialismo.  La  más clara demostración del capitalismo salvaje se tiene en la China, en donde el partido comunista se alió con las grandes transnacionales hace 41 años para superexplotar a los trabajadores  (dando origen al neoliberalismo),  compartiendo  la plusvalía con el capital financiero internacional, y conservándose el manejo del Estado en las manos de la camarilla comunista.

Sin embargo  existe un socialismo democrático en  algunos países  de Europa, que no han tenido que recurrir a la violencia para implementar ese sistema, lo que demuestra que a los seguidores del marxismo leninismo   no le interesa el  progreso social de las masas, sino la toma del poder para dar rienda suelta a sus instintos insanos de someter a los demás,  y por eso proclaman maniqueamente el reduccionismo entre socialismo y capitalismo.

En ese orden de ideas, para superar esa especie de entropía se debe plantear el  sistema de economía múltiple, que recoja las iniciativas privadas y colectivas, para buscar el bienestar de los ciudadanos, en donde la democracia económica no permita caer en los monopolios abusivos, pero  también rechazando  al marxismo que exalta el estatismo burocrático y embrutecedor,  tomando como condición necesaria  la miseria de las masas para volverlas más dúctiles a la dictadura.

El sistema de economía múltiple recoge las experiencias positivas de un capitalismo industrial y comercial, de la Social democracia y de la autogestión libre y creativa que busca principalmente la independencia económica de las personas especialmente en el agro, reprobando  el extremismo comunista y  la acumulación desmedida del capital que lleva a las recesiones económicas mundiales, en donde  el manejo del dinero es parecido al de un casino, porque sus grandes masas se vuelven especulativas por  no tener un destino productivo.

En Latinoamérica algunos países cuyas aventuras políticas, los han empujado a gobiernos   neomarxistas con el socialismo del siglo XXl,  que recicló los desechos del marxismo leninismo de  Europa oriental después de la caída del muro de Berlín, para imponerlos en nuestras naciones,   se deben de superar las asimetrías  conceptuales en la región  para liberarnos de  ese manoseo ideológico, que llevan a situaciones como la de Venezuela en donde el castrochavismo  ha  traído una gran  ruina, conduciendo a esa nación al  comunismo totalitario,  engañando todavía a sectores del pueblo que son los más atrasados e ignorantes, para  que la nomenclatura se perpetué en el poder, irrespetando la voluntad popular.

En  un sistema de economía múltiple se desarrolla el conocimiento y la prosperidad, repudiando  sin ambages el esquematismo marxista-maquiavélico de escoger únicamente entre socialismo o capitalismo.

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