Los 80 de Augusto

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

HABÍA UNA PLENA IDENTIFICACIÓN EN EL DESEO DE SACAR EL PAÍS ADELANTE, DE MODERNIZARLO.

Mañana cumple 80 Augusto López. Por estos días que hace tanta falta dirigentes de su temple, es bueno recordarle a un país con memoria de gallina y a las nuevas generaciones conectadas solamente a los smartphones, quién ha sido ese hombre excepcional.

Augusto López llegó a ser en un momento de la vida nacional el virrey. El hecho de ser el presidente del Grupo Santodomingo, el más poderoso y adinerado en su momento, dueño entonces de Bavaria, Avianca, Caracol y de muchas empresas más, le daba esa dignidad.

Pero su ejercicio no chocaba a nadie. Por el contrario, era algo así como el complemento de una democracia en donde los ámbitos políticos los manejaban con el criterio que sentaba desde los espacios económicos y empresariales y viceversa.

Había una plena identificación en el deseo de sacar el país adelante, de modernizarlo, de hacer posible la esperanza.

Con claridad y contundencia cuando era necesario ponerle freno a los desmanes de las ambiciones. Con visión más patriótica que empresarial, Augusto López Valencia ejerció el poder y solo una vez, cuando se le estaba saliendo el vértigo politiquero de su control, fue a sentarse en las barras del Congreso para que, viéndolo los senadores, no fueran a meter las de caminar.

Muchos hemos aprendido demasiado de Augusto López. Otros más se han beneficiado de su generosidad y de su consejo. Todos nosotros, mañana, cuando celebre sus 80 años, solo esperamos que el país recuerde a gente como él y que de alguna parte salgan otros iguales para que Colombia no se desvíe por el camino de los apetitos solamente personales.

 

Errores Sin Alma

‘HASTA EL MOMENTO DE ESCRIBIR ESTA COLUMNA NO HA BUSCADO NI SIQUIERA UNA SOLUCIÓN CARITATIVA’.

El Consejo de Estado, como resultaba inevitable, devolvió a su cargo al magistrado Alberto Rojas, contra quien se montó una trinchera mediática tremebunda, volviendo gran delito una práctica común entre los abogados de comprarle el pleito al cliente mientras la parsimoniosa justicia lo resuelve.

La prisa y el deseo evidente del Gobierno y sus turiferarios de salir de un determinado número de magistrados que les estorbaban en su arrolladora marcha hacia la meta llevó a cometer el error de echarle la culpa al magistrado Rojas de la equivocación que tuvo el Consejo de Estado al elegirlo sin cumplir ‘santanderísticamente’ el protocolo que se estila para esas selecciones.

Se enmienda ese error, pero quien sí va a tener que buscar cómo quitarse de encima la mala imagen que dejó entre los accionistas durante la asamblea anual del Banco de Colombia, es su presidente, Carlos Raúl Yepes.

Ese día, cuando el accionista Jaime Alviar dio a conocer que el Banco de Colombia se abstuvo en el pasado de declarar a los fondos de pensiones el verdadero valor pagado en sus mesadas a por lo menos 80 empleados y se negaba a reconocer el error, se le vino el escaparate encima al doctor Carlos Raúl Yepes.

Por falta de experiencia, por algún defecto muy humano de creerse infalible cuando se tiene tanto poder en las manos, Yepes contestó lo que no debía contestar al tema, mostró a Bancolombia como una empresa inhumana, es decir sin alma y, lo que es más grave, hasta el momento de escribir esta columna no ha buscado ni siquiera una solución caritativa como uno esperaría por tradición de una empresa del Grupo Empresarial Antioqueño.

Por GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL 

Tomado del diario ADN

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