Gobernante: Un timonel para una travesía segura


 
Ahora mismo los nuevos gobernantes preparan sus planes de desarrollo social y económico para dirigir los destinos de las comunidades con las que se comprometieron en sus programas, hayan votado o no por ellos, pues a partir de su elección, el deber se amplía a la satisfacción de las necesidades de todos los habitantes de un municipio o un departamento.
 
En estas palabras quiero replicarles un mensaje que Escipión Emiliano, uno de los protagonistas de La República de Cicerón, les dejó como legado para el futuro a los gobernantes en aquellos diálogos cuya acción transcurre a las afueras de Roma durante los tres días de ferias latinas del año 129 ante de Cristo, en donde el erudito expresó sus postulados filosóficos, especialmente sobre la mejor Constitución de un Estado y el mejor ciudadano, aplicable perfectamente en nuestros tiempos.
 
Sobre el gobernante dijo que “…al igual que el objetivo del timonel es una travesía segura, el del médico la salud, el del general la victoria, del mismo modo, el del moderador del Estado es la vida dichosa de sus conciudadanos, para que sea honesta por su virtud, grandiosa por su gloria, rica en recursos, segura con sus fuerzas. Yo deseo que él sea quien ejecute a la perfección esta empresa, la más importante y noble entre los hombres.”
 
En los deseos de Escipión Emiliano está el plan perfecto de los nuevos gobernantes: 1) Lucha por la honestidad, cambiándole el sentido a cada batalla y destacándola como una virtud, digna de todo servidor público. 2) La magnitud de la gestión debe ser grandiosa para que sirva de instrumento para la vida dichosa de los conciudadanos. 3) Los recursos deben inundar las arcas municipales y departamentales con altos índices de recaudo para distribuirlos con equidad a sus habitantes, priorizando a las personas más necesitadas. 4) Seguridad reflejada en la tranquilidad ciudadana y convivencia pacífica, utilizándose la fuerza como elemento fundamental de toda autoridad. Una fuerza dentro de los límites legales pero sin vacilación.
 
Los entes territoriales deberán ser manejados como una empresa, “la más importante y noble entre los hombres”, para que crezcan en el desarrollo, el que debe ser vaciado hacia el logro de la vida dichosa de sus ciudadanos, porque si al final del mandato, éste ha causado infelicidad, sobreviene el castigo a los gobernantes y sus partidos como en algunos casos que se constataron en las pasadas elecciones.
 
Esto no es utópico ni difícil de materializar si vemos que la felicidad de un ser humano está en la consecución de los bienes tangibles e intangibles que un Estado debe garantizar. Una vivienda digna, un colegio para educar a sus hijos, un puesto de salud para la prevención, promoción y protección de la integridad física y mental del grupo familiar, unos ingresos de quienes llevan la carga de cultivar a sus retoños y una pensión para disfrutar una vejez digna. 
 
Todo esto causa el regocijo y la sonrisa con la que una madre o un padre se dispone a dormir cada noche, con la certeza absoluta que sus hijos se alimentaron, estudiaron, se divirtieron y se acabaron de quedar fundidos en procura del descanso que los volverá a poner en pie para emprender un nuevo día.
 
Si un gobernante ve el reflejo de sus buenas acciones en sus ciudadanos felices y dichosos, está demostrando que tiene el arma capaz de contrarrestar la más grande vicisitud que una empresa, – municipio o departamento -, pueda padecer. 

El premio de ese gobernante será ser tenido como el timonel que condujo a su pueblo por una travesía segura.

Por Germán Calderón España
Abogado Constitucionalista

 

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