La Tutela del Contralor


 

‘CUANDO LOS JUECES LA JUZGUEN, SE SABRÁ DE QUIEN ERA LA RAZÓN’

Los medios que le dieron con tanta saña a la contralora Morelli por lo del edificio al que pasó los 3 mil y pico de funcionarios de la Contraloría General de la República, se han quedado parcos frente a todo lo que significa que quien la reemplazó, Edgardo Maya, haya tenido que presentar una tutela para que le permitan pagar el arriendo del edificio y poder seguir laborando.

Cuando la perseguida Morelli estaba en el ojo del huracán y el tsunami samperista la cobijaba para hacerla presentar ante la opinión pública como uno de los demonios que todavía andaban sueltos en el ámbito de la política colombiana, fue acusada por la Auditora General de la Nación de haber pagado (según esa chiquitina), una suma exagerada por el arriendo de la nueva sede y por haber tenido el atrevimiento de sacar a los empleados de la Contraloría de la ratonera donde trabajaban.

Sobre esa acusación de la Auditora se armó la escandalera. La Morelli fue imputada por la Fiscalía. Salió del país y se ha presentado vía Skype en los procesos donde la han dejado hacerlo.

Cuando los jueces la juzguen, se sabrá de quien era la razón. Lo que pasa es que a la hora de hacerlo deberán tener muy en cuenta que no solo la Auditora pagó la misma tarifa por metro cuadrado en las oficinas donde opera su despacho sino que el Contralor tuvo que acudir a la figura de la tutela para que le permitan pagar el arriendo del edificio pues ni es tan costoso como exageraron ni pagarlo es un delito como la chiquitina esa fue y aseguró en una y otra parte que lo era.

Ojalá todo esto termine en un capítulo más del anecdotario nacional del período santafereño de nuestra historia de comienzos del siglo 21.

Por Gustavo Álvarez Gardeazábal

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