“Ladrón o no ladrón queremos a Perón”

Mario Arias Gomez, abogado

 

Libertino eslogan que hunde sus raíces en lo más chocante del populismo argentino, que no pocos colombianos vergonzantes, se apropian para demostrar la tolerancia qué practican con los reprobables hechos que caracterizaron el gobierno Uribe. Título que ensayo parodiar, “matón o no matón, queremos al guasón”, con la aclaración obvia que Lina no es Evita. Fanáticos que celebran y plagian la insolente jerigonza de plaza de mercado, que con los falsos positivos trajeron la gigantesca deshonra a la majestad de la Patria. “Te doy en la cara marica”.

Machote indigno, sin ética, ni moral, especialista en rectificaciones, arquetipo de sectarismo, perversión, de desprecio por el dolor ajeno -“remember”- las vejadas madres de Soacha, qué ante el desgarrado reclamo por la evaporación de sus hijos, respondió sin rubor: “no estarían cogiendo café propiamente”. Antecedentes qué justifican algunos deschavetados, las velas de adoración que a diario le prenden. Subliminal manera de desligarlo del sinnúmero de calumnias, escarnios, injurias y ultrajes, comunes en un gobierno para el olvido, que ayudé a elegir para eterno reproche. Oscuro buchipluma sin control, cuya devastadora y despreciable suciedad e importaculismo, redujeron los valores humanos, a su más mínima expresión.

Censurable conducta cortejada por el sanedrín de alzafuelles, que con desfachatez y ritualidad inusitadas, amplifican la adjetivada y vengativa tarea de denigrar del Presidente, del país, piedras expiatorias de sus odios, trasferidos a los insolentes y emprendedores vástagos, enriquecidos de la noche a la mañana en su mandato, trocando -en su audacia- en botín, que les permitió los “inesperados” encuentros con rufianes y jayanes internacionales en Panamá; gestionar el cambio de POT de las tierras de Mosquera, que por arte birlibirloque mudaron a Zona Franca; destronar a los recicladores que les procuró el multimillonario negocio. Lo que se hereda no se hurta.

La gloriosa frase de ‘Mascachochas‘ (Tomás Cipriano de Mosquera): “La patria por encima de los partidos”, antepone al interés partidista, el bien supremo de la paz. Enseña ignorada en la formación de los “buenos muchachos” de “Llano grande”, archivada en el escondrijo de lo inservible, y que dio paso a la inequidad e iniquidad de las Convivir, génesis del paramilitarismo, que ahora le endilga a Humberto De la Calle, baldón que abruman aún el rugoso y fatigado corazón de la lacerada Colombia. Período en que la corrupción -con infinidad de rostros- se propagó como yerba mala, la que según la Procuraduría y la Contraloría, alcanzó en 2016, entre 32 y 50 billones, que entre 176 países nos situó en el impúdico puesto 90.

Podredumbre que no puede soslayarse, cuya gravedad -para vergüenza- hizo metástasis en todas las ramas de poder público, en la propia justicia, con contagiosa implicancia que la hacen supremamente mórbida, en razón a su función correctora y disciplinaria que le obliga cumplir, con lealtad y probidad, el fin supremo de administrar justicia, faro qué alumbra desde la Revolución Francesa, los preciados valores de la humanidad, “Liberté, égalité, fraternité”, importes comprometidos tristemente por los impávidos y patéticos expresidentes de la CSJ, Leonidas Bustos -elector del Fiscal-; el omnipotente y omnipresente, F. Ricaurte, aspirante al Tribunal de Paz, joyitas a los que les fueron retiradas las visas americanas.

Pesos pesados, qué con Camilo Tarquino, conformaron una sociedad -non sancta-cuya existencia era vox populi. Al tenor de lo imputado, manipularon procesos contra M. Besaile, Luis A. Ramos, Hernán Andrade, aforados con el aporte más elevado de descrédito -no registrado- a la justicia, que hace parte de la historia universal de la infamia

Escándalo -sin precedentes-, que tiene conmovida la nación, luego de la captura -in fraganti- del descarriado jefe anticorrupción, ovillo que empieza a deshilvanarse. Invito a la Fiscalía a escarbar en la Auditoría General, manejada por un habilidoso -íntimo de Moreno- (Dios los hace y ellos se juntan), convertida en caja menor de sus groseras y disparatadas aspiraciones, Ricaurte ($66’000.000 -2016- y $90’000.000 -2017); Luz Marina Díaz, $60’000.000 (2017). Se juntó la comida con las ganas de comer. Cuota inicial del minúsculo empleadito que hace empalme -se dice- con el Contralor General. La mafia al poder. Corrupción que según las Naciones Unidas atenta contra los derechos humanos de las personas.

La DEA desnudó la inexorable rosca -iniciada con Uribe-, socia de Moreno, aprehendido con Pinilla cuando transaban la billonaria coima con el exgobernador Lyons, para desviar sus investigaciones, cuyas tarifas oscilaban supuestamente entre $1.500 y $3.000 millones. Relación ampliamente documentada. El modus operandi consistía en direccionar a los encartados hacia el pupilo-Bustos, un “joven brillante y recursivo abogado”, acreditado por haber logrado la “inocentada” de emperadorcito Andrade, por los $250 millones que le blanqueó al cerebro del desfalco a Cajanal, transmutado a “préstamo”, lo que llevó -con razón- a Arturo Yepes, a pedirle -con guante de seda-, apartarse de la Dirección del Conservatismo, para que aclare su situación. “Verdad sabida y buena fe guardada” -numeral 8, art. 268 de la CP-. “La mujer del César no solo debía de ser honrada, sino parecerlo”. ¿Oyó?

Personajillo que motiva al batallón de borregos que piden votar “por el que diga” el señor de los falsos positivos, summum de la degradación moral, hortelano que de oficio cultiva la virtud del cinismo.  En guarda de las apariencias, la Corte despertó: “en atención a la gravedad de los hechos (…) pedimos a la C. de “Absoluciones”: obre con prontitud, diligencia y absoluto rigor”. Ofreció, “colaborar con la información que estime necesaria”. “De la investigación a los congresistas vinculados a los actos de corrupción, atribuidos a los exmagistrados (…) se ocupará la Sala de Casación Penal”. Los mismos con las mismas. Lo que corroe cada vez más, con más fuerza, los cimientos de la sociedad.

La reincidencia, resulta preocupante. La ciudadanía al parecer se acostumbró a convivir definitivamente con la corrupción, a aceptarla como algo natural, a tolerarla sin sorpresa alguna, lo que reduce la indignación legítima de la gente. Extremo altamente peligroso para el futuro de todos.

Por: Mario Arias Gómez 

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