Las Tres del Tintero de Gardeazábal

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

A CAMBIAR SE DIJO

El 16 de febrero será un día inolvidable para el gobierno de Santos. Ese día la Policía demostró gravemente que por sus venas si corre el espíritu de la extorsión al conocerse el video del exsenador Ferro, que fue grabado con evidente intención de ser usado como instrumento dañino.
Ese dia,16 de febrero, la calificadora de riesgos más reconocida del mundo, Standars and Poor´s, bajó la capacidad crediticia de Colombia a negativa, dejando por el suelo el andamiaje de que tanto hace gala el ministro de Hacienda sobre la solvencia del país para enfrentar el alza del dólar.
Ese mismo día, 16 de febrero ,el Consejo de Estado en fulminante determinación tumbó la tabla de avalúo de los vehículos del 2016,con la que se pagan los impuestos de los carros y vapuleó la terquedad de la ministra Natalia.
Ese dia, también, en la Casa de Nariño se dieron cuenta que el presidente no había firmado el decreto mediante el cual dizque nombraba la comisión para que investigue a la Policía, con la que nos había engañado el 9 de diciembre.
El problema de la Policía no se va arreglar porque aceptan la renuncia de Palomino.He repetido que el problema de la Policía es del espíritu ordeñador que se apoderó de todo el corriente sanguíneo de la institución.La solución cada vez es mas evidente: hay que liquidarla y armar otro cuerpo de gendarmería con los soldados que van a quedar cesantes en el post conflicto.
Tampoco se arregla la crisis económica sacando a Cárdenas y a Natalia de sus ministerios. Ni a la Secretaria Jurídica ni a María Lorena que dizque le envolataron el decreto de la Policía a Santos.
Lo que hay que cambiar es el estilo de gobernar. No se puede ni seguir tapando la verdad ni comprando los opinadores ni continuar creyendo que lo elegimos solo para que firmara con las Farc. PUBLICADO EN ADN, BOGOTA, FEBRERO 18 2016

CANIBALISMO

El pasado domingo en la página 5 de El Tiempo aparecieron en aviso de media página,( queriendo dar la impresión que haya sido la Procuraduria General de la Nación la que paga su publicación), dos cartas de esta entidad en las cuales informan al consejo directivo de Comfenalco Valle y a Asocajas que el director de esa caja vallecaucana fue sancionado disciplinariamente.
Si la noticia de su sanción en primera instancia no hubiese salido hace meses y si la semana anterior Comfenalco no hubiera publicado un boletín de prensa, sin aviso pago, anunciando que en segunda instancia a su director le fue rebajada la sanción y la multa impuesta, pudiese pensarse que se buscaba impedir que entre la Procuraduria y Comfenalco Valle escondieran el fallo en mención.
Pero como resulta que dentro de esa vieja tradición valluna de ejercer el canibalismo, las dos Cajas de la Andi y Fenalco han vivido agarradas de las greñas peleándose el mercado. Y como la batalla entre Comfandi y Comfenalco ha sido plato servido muchas veces.Y los enfrentamientos públicos entre Armando Garrido Otoya y Felice Grimoldi, directores de las dos entidades, han sido demasiado conocidos y la cordura apaciguadora no hizo nunca efecto, el aviso hiede.
Y hiede porque no solo demuestra que por la cabeza de Felice Grimoldi y el futuro de Comfenalco debe haber apuestas fuertes sino que también obliga a preguntarse sobre la firma de abogados que pagó el costoso aviso.
Pedir mesura o renuncias, develar con la plata de quien se financió la publicación o castigar socialmente a los actores, es pendejada. Ya la vesanía fue cometida y solo los que hemos sobrevivido al canibalismo podemos echar el cuento de cómo son las cosas en el Valle y entre las Cajas de Compensación.

LA HIJA DEL DENTISTA

Juan Clímaco Jiménez fue el primer odontólogo graduado que llegó a Tuluá. Nacido en Caloto, como su hermano Simón, el médico, pudo graduarse en Paris antecito de que se iniciara la primera guerra mundial. Viajando en el tren que iba de Cali a Cartago conoció y se enamoró de la hija de la dueña del mítico Hotel Tuluá, situado en el Parque principal de mi pueblo.
Por amor montó su consultorio en la tierra de su amada y aunque competía con sapiencia francesa contra los dentistas teguas de la época, no pudo librarse de los lenguaraces tulueños que existen desde mucho antes de que Poncho, Asprilla o yo ejerciéramos como tales.
Esos dentistas lenguones inventaron que los pacientes no iban donde el doctor Jiménez Bonilla porque era tan feo que les causaba más pánico verlo que someterse a la fresa de pedal que había traído de Paris.
Pero fue un padre ejemplar y en su hogar nació una mujer muy particular, Ilia, quien acaba de morir en Cali. La conocí de cerca porque fue la esposa de mi tío Chalo Gardeazábal y aunque nunca intimé con ella, la admiré en demasía porque tuvo la valentía de saber administrar a ese tio loco que manejó avión sin brevet de piloto, carro sin pase, siempre vistió de blanco como si fuera un marinero, y llenó de estanques de camarones a Tumaco y Guayaquil.
Me impresionaba que en cualquier momento de su vida, pobre o rica, Ilia Jiménez siempre estaba perfectamente arreglada. Con simpleza pero con dignidad. Con elegancia pero sin petulancia. Tal vez por ello resistió las idas y las vueltas de su marido como el ancla sostiene al buque en la tempestad y levantó un hogar donde afortunadamente solo tuvo hijas mujeres que la honraron hasta el último minuto. Me cuentan que al morir, nonagenaria y lúcida, estaba vestida tan elegantemente como cuando la vi por primera vez.
PUBLICADO EN ADN, BOGOTÁ, FEBRERO 16 2016

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