¡PENSILVANIA! cumple el 03 de febrero el 155° aniversario

!PENSILVANIA! cumple el 155° aniversario, con tal motivo, nuestro colaborador, Mario Arias Gómez, preparó una nota laudatoria, como homenaje a la hidalga ‘Perla del Oriente de Caldas’.

Homenaje al que se suma, gustosa 

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¡ A PENSILVANIA! (Primera parte)

Ha concluido el “annus horribilis”; la Navidad que, para la mayoría de los 7,500 millones de terrícolas, es símbolo de Paz; expresión de alegría, camaradería que a torrentes se desata al toparnos con compañeros, amigos de infancia, cargados -como yo- de años, a los que, lamentablemente, nos quedan pocos por delante.

Mes de descanso, reflexión, perdón, unión, predispuesto para hacer un alto en el camino; darle un respiro al cotidiano quehacer; realizar el usual balance, que por lo regular concluye con los mismos propósitos de enmienda -incumplidos- de antaño, que derivan siempre en los mismos errores -sin retorno-.

Mañana amenazada -esta vez-, por el impensado, escabroso Covid-19, que para siempre cambiará las costumbres, el comportamiento de la aturdida, conmovida humanidad. Pesadilla que recuerda la locución de Porfirio Barba Jacob (Seudónimo de Miguel Ángel Osorio Benítez): “somos leves briznas al viento y al azar”.

Concluyó, para los miles de cientos de víctimas, inesperadamente, el único y más valioso tesoro existente, ¡el tiempo!, sin que importe la condición social, cultura, edad, género, poder adquisitivo o “económico”, raza, religión o que se haga parte del grupo de personas marginadas, excluidas, carentes de conciencia de clase, llamadas despectivamente lumpen, practicantes de la prostitución, mendicidad, delincuencia.

Infortunio, malaventura que recuerdan que ‘llegamos al mundo con las manos vacías y con ellas igualmente vacías partimos’; verdad de la que obviamente no podía escabullirse nuestra atribulada, lapidada patria, donde muchos sobreviven en la miseria.

Desgracia -por si faltara- avivada por la endémica, extendida violencia -de todo tipo-; el imparable, infrahumano asesinato de líderes sociales; defensores del medio ambiente; reclamantes de tierras; el empobrecimiento causado por la recesión económica, falta de trabajo; escalofriantes dolencias apresuradas por la pandemia que trajo el coronavirus, actoras -entre otras muchas dificultades- del actual desplome social.

Desvarío acrecentado por la anomia (desgobierno) reinante, fruto de la incapacidad, inexperiencia, mediocridad, pequeñez de alma -incurables-, del impotente, manipulado, desahuciado, vergonzante vasallo -caricatura de estadista- que mal gobierna. Nefasta realidad canjeada por otra virtual, sacada al parecer de un libro de ciencia ficción.

Pero hoy, el cometido no es compilar el trillado catálogo de tribulaciones, sino, cerrar los ojos para volver, soñadoramente, a la caballerosa, excelsa, hidalga ¡PENSILVANIA!, que llevamos adherida al alma, para exaltarla con motivo de su 155° cumpleaños -una eternidad cósmica-, vergel fundado el 3 de febrero de 1866. Pacha Mama -diosa venerada por los pueblos indígenas de los Andes- donde nació “el agua de la vida”; fuente de inspiración, venero de este apologético, emocionado, nostálgico ensalzamiento del añorado pueblo que duerme sus sueños de grandeza recostado sobre las estribaciones de la cordillera Central.

Con frenético, indescriptible entusiasmo, cumplo -complacido- la inapelable, ineludible, solicitud del inestimable exalcalde, Oscar Gonzáles, ‘Colaco’, convertido -entre ires y venires’- en los ojos y oídos vivientes del terruño amado. Insomne mayoral, eje motriz del diario devenir; desvelado vigía del sentimiento de amor perpetuo -inextinguible-, de sus orgullosos hijos -adoptivos, raizales, de corazón- por la acogedora, aristócrata, copetuda ‘Perla del Oriente de Caldas’.

Título validado por su belleza natural, inmutable; por sus románticos amaneceres de ensueño; el don de gentes, calidez humana de sus altivos, enhiestos, erguidos pobladores, transferidos de generación en generación; sus afinados, impactantes crepúsculos, perfilados en Morrón. Empinado, impetuoso, legendario, soberbio municipio, exportador de talento humano. Apego que, con pasión inagotable, aviva ‘Colaco’ incesantemente, día y noche.

Solariega tierra de promisión, glorificada por Tirios y troyanos, donde llegamos, ya en el crepúsculo de la vida, calladamente, sin extravagancias, sin el brío, ímpetu de tiempos idos, a paladear las huellas del pasado, que allí adquieren, vida e historia propias. Cuna donde nos criamos, forjamos, aprendimos las primeras letras; fuimos desasnados con providenciales: devoción, desprendimiento, por los Hermanos De la Salle, en el nunca olvidado Colegio Nacional del Oriente de Caldas.

Edén donde fortalecimos nuestros iniciales aleteos de hombre en agraz; amamos; dimos los primeros -prematuros- besos; despuntaron nuestros sueños; levamos anclas para salir a ‘andareguear’ el mundo, aprendimos a servir al prójimo, bajo la égida: ’No es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita’.

Samaritano cometido adoptado, luego de tropezar -de frente- con el hambre, la desnudez de los desheredados de la fortuna, que ‘riegan su existencia con el invierno de sus propios ojos’. Máculas privativas de una sociedad cruel, indiferente, inhumana, insensible, donde se medra llorando.

Más de medio siglo tardamos -después de darnos cuenta, quiénes son los verdaderos, auténticos amigos- en tomar conciencia de la ineficacia, inutilidad de luchar por gente ominosa que, al decir de Cicerón, ‘siembra el mundo de malos presagios, para luego sonreír cuando se cumplen’; de bregar por la equidad, el equilibrio, el orden social; de predicar reglas de conducta; de guerrear por tales objetivos, con frías, tóxicas aves de mal agüero, que nos obligaron -abstraídos en nuestra mismidad- a enconcharnos, a vivir en silencio, estoicamente solos, a mirar hacia dentro, intentando desandar lo andado; de mudar el camino emprendido en la infancia, recapitulando el cómo  “se hace uno viejo  muy pronto y sabio demasiado tarde”.

Noli foras ire (No vayas afuera), expresó san Agustín.  “No salgas de ti, ensimísmate, no atiendas a lo exterior, pues sólo en tu interior habita la verdad”.

Bogotá, D. C. 30 de enero de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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