Las Amas de Casa


 

EL PARTIDO DEL CENTRO DEMOCRÁTICO CADA VEZ  EVITA GANAR MAS TERRENO COMO ORGANIZACIÓN POLÍTICA.

El partido del Centro Democrático, que sigue las orientaciones del expresidente Uribe, cada vez más evita ganar terreno como organización política y corre el riesgo de quedar convertido en un costurero de amas de casa.

Es tan tímida y miserable la manera como ese partido ha respondido a los garrotazos que le ha dado el santismo, a los que le ha venido proporcionando gota a gota la Corte Suprema contra los antiguos miembros del gabinete de Uribe, que lo menos que puede pensarse es que el cotilleo de las señoras que manejan sus directorios y sus estatutos no les permite entender lo que está pasando.

No se oye una palabra de las amas de casa que Uribe tiene al mando de su trabajo parlamentario. Menos que se ha oído una crítica sobre la sospechosa manera de acelerar los fallos engavetados contra los uribistas cada que el gobierno Santos sufre un traspiés en su proceso de paz.

Han convocado una dizque consulta para escoger algunos candidatos el domingo, que desde ya es una farsa peor que la de los partidos de la unidad nacional que combaten. Se han gastado las agujas del costurero en chuzarse entre ellos en vez de armar un verdadero partido de oposición que reaccione, proponga o por lo menos comunique y le haga eco a lo que dice Uribe en todas las ciudades donde votaron por Oscar Iván Zuluaga.

En esas condiciones, y demostrando que no tienen fuerza alguna, el santismo santafereño los arrollará hasta que no lleve a los tribunales a Uribe. Mientras tanto, las amas de casa siguen tejiendo la red en su costurero llamado ‘Centro Democrático’, esperando que les den el garrotazo final.

 

¿Por qué la rompieron?

LA MATAZÓN DE SOLDADOS EN LA FRONTERA ENTRE VALLE Y CAUCA ES DEMASIADO SIGNIFICATIVA.

La matazón de soldados en la frontera entre Valle y Cauca, en la cordillera occidental, no solo es dolorosa por las circunstancias en que se produjo, sino demasiado significativa como para no entenderla o tratar de disimularla con el unanimismo mediático del Gobierno Santos.

Es dolorosa porque en vísperas de lo que hemos creído que sería la tan ansiada paz, el que caigan un puñado de soldados constitucionales que han librado durante 50 años la batalla contra la guerrilla se ve como una absurda paradoja.

Pero el hecho de que casi 25 hombres hayan resultado heridos o muertos a las 2 de la madrugada hace pensar que no se trató de un combate, sino del ataque a una compañía en la modalidad de emboscada y, como tal, que fue premeditado y fruto del deseo de romper la tregua unilateral que las Farc habían decretado.

Estamos volviendo al punto inicial, cuando los actores de la guerra no se tienen confianza entre sí y el país no cree en lo que firman las Farc.

Los guerrilleros, a su vez, ya comienzan a hacer saber que si este Gobierno de Santos no respeta los convenios hechos con la fórmula de Justicia y Paz a los paramilitares por Uribe y les impiden salir de la cárcel, que se había pactado, no existe garantía de paz si a ellos los llegan a condenar a cárcel y el próximo gobierno no acata lo negociado por Santos.

La paz se construye sobre los muertos, pero no con engaños. Si las Farc decretaron tregua unilateral y Santos y el Ejército se dejaron engañar y bajaron la guardia, la posibilidad de conseguir el acuerdo en La Habana se vuelve a alejar, pero la responsabilidad del presidente, su ministro y sus generales, no se pierde.

 

El Glifosato

EL PAÍS SE ACOSTUMBRÓ A OÍR LA PALABRA ‘GLIFOSATO’.

El país se acostumbró a oír la palabra ‘glifosato’. Con ese producto han dizque combatido por décadas los sembrados de coca que se vienen haciendo desde entonces en las selvas colombianas.

El glifosato es un herbicida tan potente que no perdona nada. Mata que toca, la mata. En menos de cinco días las hojas se ponen amarillas y en una semana ya no queda nada.

Pero el glifosato no escoge la planta. Para él, como para su fabricante Monsanto (se vende bajo el nombre de Round Up), el asunto no es de selección. Entonces, a más de la mata de coca, como se hace por aspersión aérea, le lleva la muerte a todos los vegetales vecinos hasta donde alcance a llegar.

En Colombia no solo se ha usado en las selvas para satisfacer al ‘gringo periquero’ que no quiere que le vendan más cocaína. También se usa el Round Up en los campos y, especialmente, en las 220 mil hectáreas sembradas de caña en el Valle del Cauca.

Allí no se le llama herbicida sino ‘madurante’ porque sirve para amarillar las hojas de la caña y hacerla más accequible a la máquina cortacaña o al cortero, que todavía subsiste de echar machete todo el día.

Ahora han resultado en la Organización Mundial de la Salud con la comprobación de que el glifosato es cancerígeno. Si es así, en el Valle deberíamos estar millones de sus habitantes afectados por el mal y las estadísticas mostrarían unas cifras aterradoras.

No lo sé, pero alistémonos. Aunque de pronto resultamos inmunes. Pero lo cierto es que el glifosato hay que dejar de usarlo. Es más el daño que el bien que hace.

Por GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL 

Tomado del diario ADN

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