Salario “mínimo”, anhelos cero


 
María y Carlos trabajan en uno de los frigoríficos de la capital en donde se conocieron, se enamoraron y después de un matrimonio ante Notario, tuvieron dos hijos, una parejita que ahora estudia su primaria en un colegio distrital.

 El amor, en ocasiones no alcanza para soportar la carga de mantener a sus hijos en condiciones dignas, porque cuando llega el martes, ya se han consumido la totalidad de sus ingresos que semanalmente reciben de su buen patrón, un paisa que no escatima esfuerzos en procurar el bienestar de sus empleados.

 Cuando reciben sus pagas, corren, con sus ojos vidriosos, alzando sus caras al firmamento, persignándose tres veces y haciendo una breve oración de agradecimiento por sus chanfas, hacia una surtidora de frutas y verduras del barrio.

 Entre María y Carlos, cada uno con un salario mínimo de $689.454, reciben $344.727 semanalmente. 

 Hacen un mercado de seis bolsas de leche ($9.000), diez huevos ($3.000), dos libras de colombinas de pollo ($6.400), una bolsa de cabezas de pescado ($1.500), un paquete pequeño de salchichas ($3.800), un paquete mediano de mortadela ($3.500), un paquete mediano de pan tajado ($1.200), un paquete de tostadas ($1.300), un frasco de aceite de 500 ml ($4.500), media libra de chocolate ($1.800), una panela ($700), media libra de maíz pira ($1.400), cuatro latas de atún ($3.800), una libra de queso doble crema ($4.500); Y una piña, dos libras de guayaba, un paquete de tomate de árbol, una libra de lulo, una bolsa de tomates rojos, seis plátanos verdes, una libra de yuca, cinco gajos de cebolla larga, un ramo de cilantro, sendos manojos de espinaca y acelga, que suma ($25.000). Como complemento, tres rollos de papel higiénico sencillo, una pequeña crema dental, dos barras de jabón azul y un paquete pequeño de jabón en polvo, con $16.500.

 Si las cuentas me dan, todo sumó $87.900.

 No alcanzó para las fresas, las uvas, la guanábana que tanto le gusta a su hija María V, ni las galletas de chocolate de Carlitos. Por fortuna el paisa, su patrón, les da las piltrafas del frigorífico.

 En sus bicicletas que los transporta diariamente se dirigen hacia su residencia.

 Este es el campanazo con el que la propietaria de las dos habitaciones donde viven, desde que los visualiza, empieza a cobrarles el canon de arriendo: $180.000 semanales, que incluye una cocineta, un baño y un lavadero común.

 Del total de sus ingresos, les queda $76.827 para pagar la porción de servicios públicos del inquilinato, motivo por el cual tampoco podrá Carlos cumplirle la promesa a sus hijos: – “Juro que este fin de semana si los llevaré al Circo de los Hermanos Gasca.” Sus hijos que saben del sacrificio de sus padres, y sin perder su gracia, contestan: – “Y después no digas que no te avisamos.”

María, que siempre quiso estudiar derecho, entre alegría y tristeza se pregunta: ¿Acaso la Corte Constitucional no ha dicho que el mínimo vital “constituye la porción de los ingresos del trabajador que están destinados a la financiación de sus necesidades básicas, como son la alimentación, la vivienda, el vestido, el acceso a los servicios públicos domiciliarios, la recreación y la atención en salud”?

– Muchas de estas prerrogativas se quedan en el aire, ¡mija!

German calderon

Por Germán Calderón España
Abogado Constitucionalista

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