Se derrumbó el castillo de Naipes


 

Es bien conocido el dicho que quien juega con candela se termina quemando, pues este refrán aplica muy bien a la estrategia diplomática del gobierno del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, con Venezuela. Santos como aficionado al póker colocó toda su apuesta en tener una buena relación con los gobiernos bolivarianos, para que estos a su vez le ayudaran en su principal iniciativa de gobierno los diálogos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero se le olvido que las relaciones internacionales de un país no son un juego de azar, y no es serio colocar la suerte en un gobierno antidemocrático, represivo, violador de los derechos humanos y con fuertes problemas internos y externos.

Los resultados de esta apuesta le funcionaron por unos años, en lo que se podría denominar una calma chicha que le ayudaba mucho para los diálogos en La Habana (Cuba) , pero las relaciones en la parte comercial y de seguridad poco o nada de coordinación, cooperación y colaboración contaban, pese a tener una frontera tan extensa entre los dos países. Y sucedió lo que tenía que pasar, el gobierno Bolivariano padeciendo una de sus peores crisis económicas por la caída del petróleo, altísimos niveles de desabastecimiento, una devaluación incontrolada con hiperinflación; todo esto acompañado de una corrupción galopante, unos índices de violencia equiparables a los de un país en guerra y la popularidad del gobierno en su peor momento y todo esto con unas elecciones en ciernes; le conllevo a mostrar su verdadera cara, como medida desesperada aplico la vieja y conocida estrategia de la cortina de humo para confundir a la opinión pública venezolana de que todos los males de Venezuela son producto de Colombia y buscando exacerbar el ánimo nacionalista para unir al pueblo ante un desafío que supuestamente nosotros los colombianos le estamos provocando.

Pero el gran error fue del mismo gobierno colombiano, que puso como prioridad en las relaciones internacionales con Venezuela los diálogos en La Habana, situación que suele realizar en muchos otros temas, estrellándose contra la triste  realidad que había intentado desconocer como las avestruces que esconden la cabeza dentro de un hueco. Ahora que se está viviendo una de las peores crisis  humanitarias con miles de colombianos deportados sin ningún respeto a sus derechos humanos básicos, lo que obligo toco al gobierno por cierto muy tarde a buscar soluciones diplomáticas externas pues los diálogos bilaterales no tuvieron ningún efecto, derrumbándose el castillo de naipes que había edificado Santos con el presidente Nicolás Maduro.

Carlos Patricio Eastman

Por Carlos Patricio Eastman Barona

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