Economía de pospandemia

Jose Félix Lafaurie
José Félix Lafaurie

 

m i título de esta columna bien podría ser “Economía de posguerra” y el país necesitar un Plan Marshall, aunque hoy, a diferencia de 1947, el enemigo atacó a todo el planeta y tanto las potencias, como los países pobres y en desarrollo, están enfrascados en curar sus propias heridas.

La solidaridad no parece estar a la orden del día y la institucionalidad multilateral está siendo confrontada. Así pues, es necesario enfrentar la pospandemia con pragmatismo, a partir de cifras preocupantes:

La meta inicial de crecimiento del PIB para 2020 era del 4%; el Gobierno la ajustó a -5,5%, con una caída de 9,5 puntos, pero la OCDE, a la cual pertenecemos, lo estima en -6,1% y el FMI, el principal prestamista, en -7,8 %.

La meta inicial para el déficit fiscal era del 2,2% del PIB; la Regla Fiscal ya lo estiró hasta el 8,2%, pero seguramente superará el 10%.

Un déficit del 2,2% requería de 22,1 billones de endeudamiento; a la fecha se ha trepado a 69,4 billones y se estima que se requerirán 100 billones. De hecho, el proyecto de presupuesto para 2021 incluye 64,1 billones de crédito…, y un faltante de 26,1 billones sin financiación.

La meta inicial de recaudo tributario era 168 billones; hoy es de 144 y, aun así, será difícil alcanzarla. No pintan mejor las demás variables macroeconómicas que no alcanzo a reseñar, con excepción de la inflación, que se mantiene baja por la drastica caída de la demanda.

Preocupan las soluciones, porque la inmediatez nos lleva siempre a las mismas. En el pasado se acudió a los sectores intensivos en mano de obra: construcción e infraestructura, abandonando al campo con las consecuencias conocidas. No desconozco su eficacia como motores del desarrollo, pero debo recordar la importancia estratégica del campo, la producción agropecuaria y la paz rural.

El Presupuesto es la ruta de las prioridades, y en el proyecto para 2021, “Agricultura y Desarrollo Rural”, con 1,76 billones, es de los pocos sectores con disminución frente a 2020, del 7,7%, equivalente a 148 mil millones menos para un campo sediento de recursos y que, paradójicamente, no se detuvo durante la pandemia y reivindicó su importancia para la seguridad alimentaria del país.

En contraste, los rubros de “LA JUSTICIA” (Rama Judicial, Fiscalía y Justicia y Derecho) crecieron y los tres suman 13,07 billones, ¡cinco veces más! que lo destinado al desarrollo rural, para una justicia que brilla, mas no por su ausencia, sino por su excesiva pero inane presencia, con dos sistemas, uno transicional con 100% de impunidad, y el ordinario con un vergonzoso 95%. Dicho sea de paso, este es, para mí, el gran problema colombiano.

El Gobierno, dentro de sus herramientas para la recuperación, deberá revisar los Gastos de Funcionamiento, que crecen un 11%, enviando una señal del “Estado austero” que ha sido bandera del Centro Democrático.

Con la pandemia se perdió más de una década y las medidas que adopten este y el próximo gobierno serán fundamentales, pero es quizás más importante que la recuperación sea un “propósito país”, un Plan Marshall nacional, algo que ha intentado el presidente, pero que no se ve en el horizonte, sembrado de mezquindad con intención política literalmente “carroñera”, de apuesta al fracaso del Gobierno como trampolín hacia el poder, con peligrosas propuestas populistas.

Abogamos por el campo, pero entendemos las encrucijadas del Gobierno, que seguramente dejará apenas sentadas las bases de la recuperación. De ahí la importancia de la campaña electoral que empieza en 2021 y nuestra enorme responsabilidad frente al futuro del país.

@jflafaurie

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