Condecoraciones Indecorosas

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Las condecoraciones se otorgan como reconocimiento y señal de honor y distinción. Por eso los países para concederla seleccionan a la personalidad que se ha destacado por sus méritos especiales, por su valor, por el sacrificio y entrega en el desempeño de su labor o por la realización de actos heroicos, para exaltarla. No basta cumplir con el deber, tal debe ser la conducta de todos los ciudadanos, es indispensable sobresalir, destacarse, diferenciarse de tal manera que le permitan a la autoridad que la confiere tener la certeza del merecimiento del condecorado, convicción que debe compartir el pueblo colombiano.

Con esa finalidad se creó la Orden del Congreso de Colombia a través de la Ley 2 de 1987, en distintos grados, el de Gran Cruz con Placa de Oro, se dispuso en su artículo 9, para concederse “a Parlamentarios, ex Parlamentarios, Embajadores, Ministros de Estado, Generales de las Fuerzas Armadas, Almirantes, Mariscales, Cardenales extranjeros, Príncipes de Casas reinantes, y a personalidades nacionales o extranjeras cuyas categorías equivalgan a las ya mencionadas”. En estricto sentido la magistratura en la JEP, ni con el mayor esfuerzo que se realice, puede asemejarse a alguna de las calidades que allí se nombran, luego, no puede adjudicársele a los funcionarios que se desempeñan en esa institución.

Condecoración que, además, se entrega por el Gran Maestre de la Orden, que es el Presidente del senado, y salta de bulto que la exguerrillera compañera permanente de alias Tirofijo, Sandra Ramírez militante del partido FARC, no tiene la condición de Gran Maestre. Era y es la menos indicada para participar en ese acto, ya que no puede olvidarse su condición actual de persona sujeta a investigación, al lado de otros congresistas que están sometidos a la JEP, y que aún a la fecha, ésta no se ha pronunciado sobre su conducta delictiva. Imagínense pensar que los investigados condecoraran a su juez por su destacada labor.

Patricia Linares

En el día Internacional de los Derechos Humanos, la nueva y desconocida hasta ahora Bancada por la Paz, como se registró en los medios de comunicación, fue disque la llamada a condecorar a la magistrada Patricia Linares, cuando la orden tiene clara reglamentación que se obvió mencionar o revisar siquiera. Los tres argumentos que se recogen en la resolución de su otorgamiento refieren a la “brillante carrera profesional” de la condecorada, por haber ocupado importantes posiciones; en segundo lugar, por haber sido miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y finalmente porque ha hecho, textualmente lo expresan, “titánico trabajo en la lucha por la defensa de derechos humanos velando por la protección de las víctimas de la violencia”.

No se requiere de gran arrojo para refutar que su trabajo en la JEP lo fue, durante su período al frente de la conducción de la Jurisdicción Especial, más en favor de los victimarios que de las víctimas. ¿Cómo no recordar, entre otros, el caso de Jesús Santrich o el del indulto a Marilú Ramírez Baquero alias la Mata Hari quien participó en el atentado con carro bomba en la Escuela Superior de Guerra?  Jamás, podrá aceptarse esa argumentación para sustentar que era merecedora de la medalla. Corresponderá revisar si se amerita su anulación. Es solo cuestión de imaginación para concluir que la razón que se tiene para tanta magnanimidad y tal despropósito es la completa lambonería innecesaria de estos adalides de la inexistente paz que con su proceder ofenden; hoy ese tribunal es, sin lugar a duda, el más cuestionado por el papel que hasta ahora cumplido, particularmente por el desconocimiento de las víctimas del conflicto, las que continúan aún como las más ignoradas, por ello, ya algunas tuvieron que acudir ante la Corte Penal Internacional.

En fin sacan pecho y posan para la foto como si se tratara de un ejercicio artístico o farandulero, lejos de la majestad y dignidad que implica impartir justicia, la que supone neutralidad ponderación y legitimidad, obviamente estas características brillan por su ausencia en la “ condecorada “ y sonriente Patricia Linares como a su turno acontece con el macrocaso número 8 que nunca llegó y se conformaron hábilmente con 7 de los cuales cuentan con avances muy mediocres con la expectativa de las víctimas y del país tras un conflicto como el que nos aquejó y que lejos está de ser superado.  Eso si extrañamente con celeridad inusitada aperturaron la diligencia de aporte a la verdad temprana en el magnicidio de Alvaro Gómez Hurtado (q.e.p.d.) que dicen las FARC haber ejecutado, sin mostrar prueba alguna de ello, simplemente con limitarse a relatar de oídas que ellos fueron los autores del execrable crimen de lesa humanidad.

El balance positivo de la gestión que se invoca en esa nimia era presidencial de la JEP, se resume más bien en su absoluto fracaso. No se produjo una sola sentencia en el tiempo de su existencia, ya acercándose a cuatro años. Eso si es un verdadero Record Guinness de ineficiencia en la administración de justicia y ese premio si se lo gana con sobrados méritos.

Después no se quejen por tanta falta de credibilidad, cuando con este acto de más tinte social y político de muy mal gusto, se desacredita por completo la misma JEP, así la condecoración la haya otorgado el Congreso de la República.   No sobra decir las reiteradas y válidas solicitudes de algunas de las víctimas del Club El Nogal por su reconocimiento en esa Jurisdicción, pero al no estilar sangre y odio e impunidad no tiene cabida, hasta ahora, en la jurisdicción confeccionada como sastre milimétricamente por las FARC y en plena sintonía con el traidor de Juan Manuel Santos.

Pero si la condecoración entregada en pompa y solemnizada a la Sra. Patricia Linares es cuestionable no se olvide de aquella otra condecoración también inmerecida en su otorgamiento como fue  la entregada en el aniversario 38 por parte de la Décima Tercera Brigada del Ejército  que le confirió a  la Alcaldesa de Bogotá Claudia López La Medalla Policía Militar General Tomás Cipriano de Mosquera disque por exaltar  los servicios eminentes en beneficio de la policía militar cuando sabido es que nada o casi nada de respaldo ha tenido en Bogotá.

Pildorita:  Celebremos la navidad, pero con responsabilidad. El Covid 19 acecha y perder la vida por una irresponsable celebración no es la mejor forma de terminar el año.

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Bernardo Henao Jaramillo
Abogado e investigador


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