Corrupción: la Más Letal de los Delitos

Luis Fernando Garcia Forero

 

Recientemente el Presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco, en un Conversatorio organizado por El Espectador, expresaba, muy acertadamente, que le preocupaba la falta de rechazo social a los corruptos y demás delincuentes. Ciertamente senador Velasco, a mí también, no sólo me preocupa, sino me asusta.

Día a día nos enfrentamos a una tendencia temeraria para el desarrollo y el progreso de una nación: por un lado cierta aceptación conforme de la realidad, porque el destino de la nación y de sus ciudadanos no es problema personal e individual, sino de los demás, y por otro, no sólo la aceptación e incluso admiración de los logros de los corruptos, a extremos tan angustiantes, de integrar estos personajes a la vida social, como exitosos protagonistas de la esfera profesional.

Indudablemente esto no es sólo un hecho propio de Colombia, que ha tenido sus Robin Hood del narcotráfico, sino que es como un hecho palpable de la debilidad institucional de nuestras sociedades.

Recientemente un exreo por tráfico de drogas, que llegó a empoderarse como PRAN, especie de Líder, en la Penitenciaria de San Antonio, en la Isla de Margarita, Venezuela, llamado cariñosamente El Conejo y  de nombre Teófilo Alfredo Rodríguez Cazorla murió violentamente a la salida de un discoteca.

Lo realmente impresionante fueron sus exequias, que incluso la agencia BBC la reseñó. Rodríguez Cazorla fue conducido por una multitud a pié al cementerio de Porlamar, paralizando la actividad comercial, educativa, de transporte público y sanitaria de la zona, en su homenaje póstumo. Para posteriormente, ser despedido por sus compañeros de la mencionada cárcel, con detonaciones de armas de alto poder de fuego, que los mismos reclusos luego publicaron en las redes sociales.

Cuando Joaquín “El Chapo Guzmán” se fugó por el fenomenal túnel, envidia de cualquier contratista de vías, poco más de una treintena de personas salieron a las calles de Culiacán, Sinaloa, para manifestarle su apoyo, tras su fuga del penal del Altiplano. Esta movilización fue convocada a través de mensajes en Facebook y WhatsApp, según dijeron los asistentes.

La prensa mexicana con cierto estupor reportó que una de las mujeres que estuvieron en la caminata, al ser entrevistada, manifestó su sentir sobre el escape del narcotraficante: “¡Qué bueno que se escapó “El Chapo”! (…) ahora sí va a haber mucho trabajo”.

Otras voces resaltaron que “El Chapo” les ha dado “mucho trabajo a todos”, “ayuda a la gente” y “suelta dinero al pueblo”, aunque durante la manifestación de apoyo algunos de los asistentes se resistían a ser captados por las cámaras y a revelar sus nombres.

El análisis de esta situación está dividido: por un lado, hay quienes expresan que esta gente captura la admiración por su empatía, discurso irresponsable e inmediatista, que justifica mecenazgo popular del crimen organizado.

Y por otro, está el que retrata la realidad palpable. Roberto Saviano, periodista italiano, en su libro Narcotráfico versión 2.0 habla de los cambios del negocio de las drogas, su globalización y el nuevo esquema de las interrelaciones. Quien marcha, lo expresó en una entrevista con Carmen Aristegui, no es la gente, es el miedo. Porque los criminales han aportado mayor seguridad que los cuerpos de seguridad corruptos y las instituciones cadavéricas de los estados, plenas de actos de corrupción y peculado.

Es indudable que hacer caso omiso es un acto de corrupción. Y el peor acto de peculado, ha sido fortalecer una visión pecuniaria de la realidad.

Por ello, afirmamos que la Corrupción, que parte de nuestra concepción del uso y disfrute del dinero, su naturaleza y generación y los actos de corrupción como acciones audaces, es el más letal de los delitos. Aún más si la sociedad la admite.

Por Luis Fernando García Forero

Director fundador de Ecos Políticos.

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