Crónica de una Tragedia Familiar en Septiembre

Tato (Q.E.P.D)

 

Contada con el Dolor y el Amor de un Hermano y un Padre

(Publicado originalmente el 2 de Septiembre de 2017).

Jorge Sierra
Por Jorge Eliécer Sierra Cabarcas.

Cartagena

Aún recuerdo como si fuera ayer… era un día común y corriente en nuestras vidas un dos (2) de Septiembre más,  un viernes como todos los viernes; después de desocuparme al medio día hable con mi mamá por teléfono y me dijo, “Eliecito yo me iré para mi vigilia, por mí no te preocupes, si necesito que me recojas te llamaré”… Listo mami, le dije. Después me quede en casa junto con TATO. Ahí en la tarde jugamos Play y como siempre perdí con él, en partidos que tenían 4.933 revanchas, jeje. Al finalizar la tarde preparamos el restaurante y estábamos listos para comenzar a trabajar nuevamente.

Entraban las mesas y nosotros atendíamos, veíamos un partido de fútbol y poníamos videos mientras disfrutábamos cada uno de la presencia del otro, sin saber que esa sería nuestra última noche. Un poco más tarde llegó en una moto quien horas después se convertiría en nuestro peor verdugo (su propio asesino), como nunca se acercó en una moto roja, TATO salió y le pregunto qué buscaba y él dijo que supuestamente pasaba por ahí… Hoy quizás pienso que miraba y planeaba la estupidez que realizaría el día siguiente.

Después ahí quedamos los dos, como siempre, hablando de lo que fuera, disfrutando cada uno a su manera de contar con la mejor compañía, mi inseparable hermano… Más tarde salí un rato y antes de salir él me dijo,  no vayas a llegar tarde recuerda que te estoy esperando jeje (siempre me esperaba como un papá que espera un hijo, cuando sale y bueno cuando era lo contrario era peor porque yo lo esperaba y me desesperaba jaja)… Cuando llegué ahí lo encontré en la cama hablando con su novia como casi todas las noches… Le dije “viejo Tatis, ustedes que tanto hablan” y, como siempre, respondió con una de sus salidas “ira… tú que hablas si tú eres igualito”… Mi mamá aún a esa hora no había llegado porque las vigilias generalmente eran hasta la madrugada. Sin embargo la llame y me dijo “no te preocupes que yo me voy en chance, con unas amigas”…

Su última noche fue en una vigilia, me la imagino con su gesto angelical viendo el altar y sobre todo orando por sus tres (3) niños… Me acosté a dormir y Tato aún seguía hablando con su novia; y por supuesto en la TV tenía puesto ESPN, el canal que siempre ponía de noche… Me levanté muy temprano y mientras me arreglaba en el cuarto me quedé mirando a TATO, quien estaba acostado, recuerdo perfectamente que dormía con un suéter blanco y un interior gris… Ese día como nunca me lo quedé mirando y le vi un lunar en la pierna izquierda que nunca se lo había visto… Me pareció extraño, este narizón lo veo todos los días y nunca le había visto ese lunar… Cuando salí de mi habitación ya mi mamá estaba lista y sentada en una mecedora junto al comedor, parecía un ángel y como siempre con su sonrisa me dijo buenos días Eliecito, una sonrisa de esas que uno sabe que esa persona tiene a DIOS en su corazón…

Ese día llegaba mi mejor amiga de Estados Unidos y mi mamá cuando alguien nos visitaba calculaba cada detalle, esa vez había comprado un colchón y el colchón llegaba ese día. Me dijo “Eliecito deja la plata del colchón en la mesa para que TATO lo cancele cuando llegue”, me devolví al cuarto y desperté a TATO… “TATO, en la mesa te dejo una plata para el colchón, lo pagas porfa” y él muy a su estilo me dijo “tu si jodes, deja dormir, jaja”… Y cuando me disponía a salir de la casa, le pregunte a mi mamá si se iba conmigo (como todos los días) y me dijo “no, yo salgo dentro de un rato”. (¿Por qué ese día no se fue conmigo?) porque ese día ella tenía que estar al lado de su pechiche, o mejor de nuestro pechiche, nuestro TATO… Le di su beso y me despedí.

Salí, como todas las mañanas, con la paz que te brinda estar con quien amas, con la paz que te brinda compartir con seres humanos extraordinarios, con la paz de sentirte amado… Nunca imagine que sería la última vez, nunca imagine el momento que la vida me iba a poner a sortear. Quizás hubiese preferido detener el tiempo y contemplar más a mi TATO ahí acostado, abrazar a mi mamá, pero en nosotros lo cotidiano era tan especial que hoy día siento que ese momento por sencillo que parezca fue el más especial…

Lo que vino después fue lo peor que le puede pasar a un ser humano, que entren a tu casa a robar y violentando todo tu espacio te asesinen cobardemente. Mi vida cambio en 10 minutos, y no solo mi vida la vida de muchas personas que amamos a esos personajes, MI PAPÁ, MI HERMANO KIKE, EL RESTO DE NUESTRA FAMILIA, NUESTRAS AMISTADES, TODOS Y TODOS en un instante nos apuñalaron la esperanza, nos golpearon la fe, nos cuestionaron hasta la existencia… ¿CÓMO ERA POSIBLE,  QUE ALGO TAN HORRIBLE LE PASARA A DOS SERES TAN BUENOS?

Dios poco a poco se ha encargado de mostrarnos un camino, ellos están presentes en cada momento de mi vida, cada cosa que hago los siento presentes… Hoy día, al cumplir seis (6) años de aquel trágico día, acepto la voluntad de DIOS. Aprendí a entender que su regalo más grande para mí fue darme una madre de un amor incondicional, una madre que le bastaron  veintiocho (28) años para demostrarme que significa el amor, una madre que su mejor enseñanza siempre fue el ejemplo… Regalarme un hermano que más que un hermano era un ángel que antes dormía junto a mí físicamente y a partir de ese día dormiría en mi interior, un tipo de una sonrisa eterna, de un corazón puro, como muy pocos vemos hoy día…

AMO A MI FAMILIA, AMO A MI MAMÁ Y A MI TATO. Siempre seré feliz de recordar a estos dos personajes que se nos adelantaron en el camino…

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El Dolor del Padre

Por Jorge Enrique Sierra Morales.

Este escrito es de JORGE ELIÉCER SIERRA CABARCAS, del 2 de septiembre de 2017, mi hijo, quien relata con todo el dolor que puede sentir un hijo por la pérdida de su madre, y su hermano, tan repentina y violentamente. Ese día, a las 7:00 am yo me aprestaba a salir para la COOPERATIVA DE ANESTESIÓLOGOS DE BOLÍVAR, que en ese entonces gerenciaba,  y como era mi costumbre apagaba el celular desde la noche anterior, los viernes, y lo prendí a esa hora, y de forma diría yo que violenta, inmediatamente se reflejaron veintiocho (28) llamadas perdidas, de un teléfono desconocido, pero para mí era obvio que quien las hacia tenía que ser alguien familiar, y efectivamente cuando conteste, escuche la voz de JORGE ELIÉCER, entrecortada, y solo me alcanzó a decir: ¡PAPI mataron a TATO!.  Aún me produce tanto dolor recordar ese momento, que pareciera que fuera hoy, retumban en mis oídos esas palabras. Lo primero que se me ocurrió, anestesiado por ese golpe, fue llamar a mi madre, y hasta aquí llega mi relato, porque lo que sigue, todavía no cuento con las fuerzas para hacerlo.

Estamos ad-portas de un nuevo aniversario, nueve (9) años, el próximo jueves 3 de septiembre 2020, y solo puedo decir que, en ese tiempo, tal como nos lo prometimos JORGE ELIÉCER Y YO, en el sitio de la tragedia, hemos estado siempre presentes el uno para el otro, para levantarnos, y conjuntamente con el apoyo de mi madre, mi esposa, mis hijos, mis hermanos, y en general toda la familia, mis amigos, compañeros del BANCO DE LA REPÚBLICA, FEBOR, CRUZ ROJA COLOMBIANA, ASOCIACIÓN DE PENSIONADOS DEL BANCO DE LA REPÚBLICA, JUAN MANUEL GALÁN, y muchos más, hemos salido adelante.

En esta conmemoración otro guerrero se encuentra adelantando una batalla por su salud (su sanación), mi hijo JORGE EDUARDO, dándonos un ejemplo de vida y de fortaleza, que nos anima y nos da la seguridad que saldrá adelante, con el favor de DIOS con ese optimismo y confianza que siempre irradiaba su hermano TATO, que siempre se encuentra presente entre nosotros.

Y para concluir este escrito, debo adicionar que en este tiempo con ocasión de mi labor como Revisor Fiscal en COMFENALCO CARTAGENA, poniendo de presente casos de corrupción, conocí a un gran periodista, SIXTO ALFREDO PINTO,  con quien hemos entablado una sincera amistad  y hoy me permite contarles en su revista una pequeña parte de la historia que rodeo la tragedia de ese fatídico 3 de septiembre de 2011.

Decimos lo que otros callan
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