El Camino de la Conciencia

Armando Martí me hace entrega de su maravilloso libro “Viajero Interior”, el cual tuve el honor de prologar.

 
Nuestro invitado a La Otra Cara es el Dr. Arnulfo Valdivia Machuca, actual Vicepresiente ejecutivo para América Latina y el Caribe de la Confederación de Cámaras Industriales de los estados unidos mexicanos. Ha sido exsecretario de Asuntos Internacionales del PRI (Partido Revolucionario Institucional) de México y ex embajador extraordinario y plenipotenciario de ese país en Colombia entre los años 2013 y 2017.
Es PHD en economía de la University Cambridge y experto en negocios internacionales con especialización en la Georgetown University. Al igual que Postdoctorate de la European University Institute.
Por Arnulfo Valdivia Machuca.

Inicio con esta entrada a mi Blog una serie de escritos sobre desarrollo personal en sentido amplio. Con ello, no pretendo predicar de manera alguna, sino simplemente compartir mi experiencia de trabajo espiritual, de reciente pero permanente labor sobre mi conciencia emocional, y mi búsqueda paciente de la sobriedad interior. Espero ante todo que mi caminar sirva de alguna forma al tuyo. Nada más que eso deseo.

Me parece fundamental iniciar cada semana mirando hacia adentro, haciendo el trabajo para encontrarnos en el centro de nuestro propio Ser y así empezar nuestras labores desde el espacio más dulce y a la vez más productivo, que es el de la paz interior. La paz interior es la que a fin de cuentas nos permite generar paz en nuestro entorno, porque lo cierto es que nuestro contexto de vida no es más que el reflejo de nuestro contexto de conciencia.

Hoy quisiera compartir el texto que escribí y que sirvió de prólogo para el libro maravilloso de mi Maestro y amigo Armando Marti. Transcribo el texto porque es ahí donde, de algún modo, describo mi camino hacia un despertar de conciencia que hoy continúa y que sin duda continuará el resto de mi vida.

Al mismo tiempo, creo que es una forma sencilla pero efectiva de reconocer esa importante publicación y de invitarlos a que la adquieran, la lean, la analicen, pero sobre todo, a que la vivan…

Aquí mi Prólogo:

Escribir el prólogo de un hermoso libro, escrito por un maestro de vida al que admiro, y que además se ha convertido en un amigo entrañable, no es labor sencilla. Por ello, para lograrlo, decidí llevar a la práctica una de las enseñanzas más importantes que como su discípulo me transmitió Armando Marti durante horas y horas de acompañamiento a mi proceso de sanación emocional y crecimiento espiritual: que para vivir como un Ser de luz, todo Ser tiene la obligación de ser auténtico, pues sólo la autenticidad le otorga la palabra al corazón.

Ciertamente, el momento en el que escribo estas líneas no podría ser más simbólico. Me encuentro cerrando un gran ciclo de vida, en el que además de estar concluyendo un importante cargo diplomático en Colombia, estoy también finalizando 25 años de trayectoria profesional en el servicio público, estoy terminando la relación sentimental más importante de mi vida, y estoy definiendo desde lo más profundo de mi alma los nuevos derroteros que habrá de tomar mi existencia. Todo esto, lleno de optimismo y en dicha plena.

Mucho de lo que está sucediendo dentro de este profundo proceso de cambio lo planee yo mismo. Pero, tal y como Armando me lo adelantó hace varios meses, mucho ha surgido de manera inesperada. A la fecha no sé cómo pudo preverlo con la precisión con la que lo hizo, pero justo por ello es que decidí que el mejor prólogo para entender el impacto que la mano prodigiosa de Armando Marti ha tenido en mi vida, es compartir con quienes hoy leen este, su libro, la carta de despedida que le escribí hace algunos días.En ella sintetizo mi sentir, mi vivir, mi despertar. Exploro lo que fui y celebro lo que hoy puedo ser, en gran medida, gracias al amor y acompañamiento de mi hoy muy querido amigo y siempre maestro, Armando Marti.

Los invito a acompañarme hasta lo más hondo de la intimidad que me une con este gran guía de vida:

“Querido Armando,
No cabe duda de que, como dice el dicho,”uno pone y Dios dispone”. Hasta hace dos semanas mi plan de vida era quedarme a vivir en Colombia. De repente, convergen innumerables factores y me encuentro prácticamente residiendo ya en México. A Colombia sólo volveré por mi ropa y por mi amado perro, Paco.
En estos últimos días y a través de este súbito pero hermoso proceso de aceptación, he sentido y he pensado que cerrar un ciclo es pasar una página más del libro de mi vida. Por eso, lo quiero hacer sonriendo y con amor.
Para mí, pasar hoy esta página es reconocer que crecí a partir de experiencias, pues por fin aprendí que los errores no existen. Existen situaciones que nos retan y nos dan aprendizaje y tú me diste mucho y te lo agradezco.
Pasar esta página es saber que las condiciones de este ciclo en particular me ayudaron a generarme emociones que hasta entonces me eran familiares (porque siempre las había sentido) pero desconocidas (porque no sabía desde dónde manejarlas). La belleza de mi crecimiento, al que tú contribuiste de manera única y divina, es que hoy, en vez de lamentarme por haber sentido, por haber reaccionado y por las consecuencias objetivas que esas reacciones y acciones tuvieron en mi vida,agradezco al Padre, a la Madre, a mi Maestro Jesús, a mis Maestros elevados, a mis arcángeles, ángeles el haberlas experimentado, y a ti haberlas entendido. Sólo a través de este proceso es que me he podido confrontar conmigo mismo, para por primera vez en mi vida conocerme.
Hoy me enorgullece sentir con un poco más de consciencia que ayer. Sigo teniendo muchas reacciones por emociones que podría mejorar, pero soy un ser con más paz, porque al menos hoy sé de dónde provienen esas emociones y en consecuencia puedo proceder a sanarlas y a trascenderlas en mayor consciencia.
No soy infalible porque soy ser humano. Si fuera infalible nada tendría qué hacer ya en este plano. Pero afortunadamente vivo mis pequeñas recaídas cotidianas y las más grandes que suceden de vez en cuando con más tranquilidad y con la certeza de que si sigo aquí es justo para seguir aprendiendo. Que hoy sea así es algo de lo que te tienes que sentir orgulloso, porque en gran medida te debo a ti el haberme ayudado a comprender y, con ello, a aprender.
Lo hermoso de este momento es también que hoy he identificado mis heridas esenciales y puedo estar más alerta para no reaccionar todo el tiempo a partir de ellas. Y hoy, cuando reacciono de alguna forma que no me gusta, sé que no hay culpables: que para empezar no hay culpa,pero también que no es alguien más, que no soy yo, que no es mi Ser. Hoy sé que el responsable, en todo caso, es un personaje reactivo, que tuve que construir desde pequeño para sobrevivir a mi dolor, a mi vergüenza y a mi confusión, y que es precisamente el personaje al que estoy todos los días intentando desarmar, para poder vivir libre de máscaras, y volver a la autenticidad que sólo me puede dar la inocencia de mi Ser original. Y cuando llegue ahí, entonces me podré ir tranquilo de este plano. Mientras tanto lo sigo trabajando cada día con amor por mí mismo desde lo más profundo de mi corazón, con la esperanza y la certeza de que mi Dios me acompaña en un proceso que a veces es lento y a veces doloroso, pero que estoy haciendo lo mejor que puedo.
Ese mismo Dios hoy me lleva de Colombia y me trae de vuelta a México. Nuevos retos, nuevas circunstancias, un nuevo entorno. Es decir, un nuevo ciclo, una nueva página.
Pasar a esta nueva página, por todo lo que ya te dije, para mí incluye dar gracias a quienes, como tú, pasaron por mi vida para hacerme crecer en el ciclo que estoy cerrando. Si estás recibiendo esta carta, mi gratitud más pura y sincera es para ti. Y también el amor más limpio del que un aprendiz pueda hoy ser capaz.
Por ser uno de mis grandes maestros, quiero pasar esta página honrando tu corazón y estando en paz frente a cualquier situación que nos haya unido o alejado. Quiero decirte que contigo y gracias a ti sentí desde la más luminosa felicidad hasta la más feroz desolación. Pero también contigo y gracias a ti logré superar esos extremos emocionales, para ir centrándome lenta pero progresivamente en una sobriedad emocional, que si bien no es aún permanente, es cada vez más constante y me hace un ser más feliz.Gracias de nuevo, desde mi corazón, por eso.
La distancia geográfica necesariamente nos alejará en lo físico, pero probablemente nos acerque más en lo espiritual. No te niego que extrañaré verte, hablar, abrazarte, reír contigo y llorar contigo como tantas veces lo hicimos. Pero esa añoranza sólo me hará disfrutar aún más los momentos en los que en el futuro nos volvamos a encontrar, así sean más breves y lejanos entre sí.
No me queda más que bendecir cada segundo que me regalaste de tu sabiduría, de tu experiencia, de tu tiempo, de tu paciencia, de tu comprensión, de tu compasión, de tu amor incondicional, de tu MAESTRÍA. No soy sino un Ser en búsqueda y tu luz me ayudó a encontrar mejor mi camino. Cuando llegué a tu vida, era una hormiga negra, sobre una piedra negra, en una noche negra. Hoy soy un Ser que vive una mañana de sol con algunas nubes grises. Aspiro a volver a encontrarte pronto en un día exuberantemente soleado por mi consciencia, mi paz y mi centro. Quiero que la próxima vez que nos veamos abraces a una mejor versión de ese Arnulfo que ayudaste a construir. Un Arnulfo que aún hoy, desde sus aún evidentes carencias y falencias, te ama limpia y profundamente, como el alumno debe amar, por básica gratitud, a su maestro.
Tu discípulo y amigo por siempre,
Arnulfo.

Y así sellé una despedida del ciclo de enseñanza que Armando Marti generó en mi vida.

Hoy, sin embargo, cuando releo estas palabras, si algo me queda claro es que, al igual que en todos los aspectos de vida que hoy cierro, hay algo que continúa. En lo laboral, emprendo nuevos proyectos. En lo sentimental, inicio nuevas relaciones. En lo geográfico, creo nuevos espacios de vida. Con mi querido amigo Armando, empiezo una nueva etapa de vinculación en la que juntos habremos de crear nuevas posibilidades para mucha gente que, al igual que nosotros dos en algún momento de nuestras respectivas vidas, está pasando por momentos de dolor, de vergüenza, de confusión y tristeza. Que Armando me haya invitado a escribir este prólogo de su libro es ciertamente un privilegio, pero también lo quiero entender como una premonición como las que él tiene de manera tan acertada. Una premonición que ya anuncia que el camino de la colaboración mutua habrá de ser largo y fructífero y que no es otra cosa que un nuevo día, en un nuevo ciclo, de un nuevo futuro para mí. Un nuevo futuro que, gracias a Armando, puedo aspirar a vivir.

Espero que usted, querido lector, disfrute tanto como yo lo he hecho este viaje fantástico que está por iniciar de la mano de Armando Marti. No me cabe duda de que en pocos meses también tendrá su versión de esta misma carta que yo escribí. Y hay algo de lo que estoy seguro: su carta no será muy distinta de la mía, ni en sentir ni en saber, porque ese es el muy particular pero a la vez inefable don que Dios le ha entregado a Armando Marti: el rescatar almas en desesperante desesperanza que, como la mía, pronto encuentran en su luz y su guía, ese espacio de paz que nunca pensaron podrían lograr. Y que hoy, simplemente es.

arnulfovaldiviamachuca.com

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