El colectivo LGTBIQ+ y la lucha por la igualdad


 

Vladimir Putin, el presidente de Rusia, uno de los países más poderosos e influyentes del mundo, se desmarcó hace el pasado 14 de febrero, el día de los enamorados, con unas declaraciones poco acertadas en contra de los homosexuales, el matrimonio homosexual y la posibilidad de que los homosexuales se conviertan en padres. Si bien es cierto que la corrección política nunca ha sido una de sus virtudes, sus palabras no dejan de ser sorprendentes a estas alturas de siglo, momento en el que la homosexualidad está cada vez más aceptada. Putin habló en los siguientes términos: “… mientras yo sea presidente, no habrá progenitor uno y progenitor dos, habrá papá y mamá”.

Las declaraciones de Vladimir Putin se unen a muchas otras como las de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, quien en abril del año pasado dijo: “si quieres venir a tener sexo con una mujer, adelante, pero no podemos dejar que Brasil sea conocido como un paraíso para el turismo gay”.

Estas declaraciones de grandes mandatarios no son excepciones y son muchas las personas que ostentan cargos de responsabilidad las que se manifiestan en contra no solo de la homosexualidad, sino en contra de cualquier tipo de diversidad sexual.

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El movimiento LGTBIQ+

La lucha por la defensa de los derechos sociales es una constante de la historia. Estos movimientos son los que permiten que, con el paso del tiempo, se consigan una serie de cambios que impulsen una sociedad más justa e igualitaria en la que ciertos grupos elitistas dejen de tener una serie de privilegios.

La lucha por la diversidad sexual y por la libre identidad sexual está más de actualidad que nunca. Son muchas las voces que aseguran que estos movimientos son un sinsentido. Se basan en el erróneo argumento de que ya hemos alcanzado la igualdad y la aceptación en términos sexuales y que todas las manifestaciones públicas y las protestas que buscan apoyar y dar visibilidad al movimiento están de más. Y es cierto que en un gran número de países existe una gran aceptación, pero también es cierto que esa aceptación no es total, no se da al 100%, y que, por tanto, es totalmente lícito y necesario salir a la calle para protestar por una situación de injusticia social.

Las palabras homófobas de líderes mundiales como Putin o Bolsonaro no hacen más que dar la razón a los activistas y defensores del movimiento LGTBIQ+. Son la más clara demostración de que, aún a día de hoy, son muchas las personas en el mundo que no reconocen los derechos de este colectivo y que es obligación de todos que seamos capaces de construir una sociedad más tolerante, donde todos tengamos cabida independientemente de nuestras preferencias y orientaciones políticas, ideológicas, sexuales o de cualquier tipo. Porque la crítica y el menosprecio hacia las elecciones de los demás llevan implícitas una falsa superioridad moral y la perpetuación de un sistema de clases en el que imperan los privilegios.

Aún queda mucho por lo que luchar y no hay mejor manera de hacerlo que salir a la calle para mostrar el descontento y para defender aquello en lo que creen.

Decimos lo que otros callan
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