El Derecho Animal

Foto: Abogacía Española.

 

Por Eduardo Padilla Hernández.

 

 

 

 

 

Abogado.  Presidente Asored Nacional de Veedurías*.

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En los últimos años ha tomado mucha notoriedad en todo el mundo la discusión frente a los derechos de los animales como seres sintientes, obligando a los gobiernos en todo el planeta, en el marco de las políticas ambientales, a discutir los temas relacionados con el bienestar y la conservación de las especies faunísticas.

EL tema se ha abordado desde dos grandes perspectivas, la lucha contra el tráfico ilegal de especies silvestres, un delito que a nivel mundial alcanza o  supera en algunos casos las cifras de narcotráfico, y por el otro lado, los condicionamientos para la tenencia y aprovechamiento  de animales domesticados que, ante las condiciones económicas mundiales, se enfrentan a casos de abandono y maltrato con cifras devastadoras en todo el mundo. Nada más en Colombia algunas fuentes hablan 200 mil ejemplares de animales domesticados que se encuentran de situación de abandono.

Pero esta historia se replica en todo el mundo, de acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud) el 75% de los 500 millones de caninos del mundo, se encuentran en situación de abandono.

Para atender estas problemáticas ambientales, que además tocas otras esferas como la salud y  la seguridad,  se han logrado acuerdo internacionales que obligan a los gobernantes a incluir en sus políticas, acciones claves para la protección y conservación de las especies faunísticas silvestres y domesticadas. Algunos de los más relevantes son:

  • La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES)
  • Comisión Ballenera Internacional (CBI)
  • La legislación de la Unión Europea (UE) es de fundamental importancia para los estados miembros – y ha impulsado la agenda para el bienestar de los animales hacia adelante notablemente.
  • El Consejo de Europa (COE), también ha acordado un conjunto de convenciones para el bienestar de los animales, que son comprensivos y proporcionan material de cabildeo útil para los países de una Europa más amplia.
  • La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE).
  • La Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS),
  • Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB)
  • La Declaración Universal sobre Bienestar Animal (DUBA)

En Colombia hoy también hemos empezado a pensar y a actuar frente a la atención de las necesidades de la fauna. Ya en nuestro ordenamiento jurídico encontramos normas especializadas que promueven la protección tanto de las especies silvestres como de las especies domesticadas, y junto con la normativa, se han determinado las competencias frente a la atención y conservación de este recurso natural. Es así como en cabeza de las autoridades ambientales encontramos toda una serie de planes y programas que promueven la conservación de la riqueza animal endémica, dando prioridad a la conservación y la prohibición del aprovechamiento de nuestros emblemas nacionales como las tortugas carey, los grandes felinos, el oso de anteojos, los guacamayos,  entre otras muchas especies que nos han permitido llegar a ostentar el título de país mega diverso.

Pero no solo se habla hoy en día de esas especies silvestres protegidas o en peligro de extinción, dos categorías muy diferentes que a diario se enfrentan contra su principal flagelo, el tráfico; sino que además hablamos también de los derechos de los animales domésticos.

Si bien el tema de la defensa animal ha tomado relevancia en nuestra época moderna,  desde 1972 con la expedición de la Ley 5, ya en nuestro país hablábamos de la defensa y protección de animales, con figuras solidarias como las junta defensoras de animales, norma que fue reglamentada con el decreto 497 de 1973 incluyendo taxativamente comportamientos que se consideraron malos tratos con los animales y que acarreaban sanciones.

Para 1989, con la expedición de la Ley 84, se consolidó en Colombia el Estatuto Nacional de Protección de Animales. Más recientemente el poder legislativo volvió  a retomar la importancia de esta temática y expidió la Ley 1774 de 2016, con cambios tan significativos como la modificación del artículo 655 del Código Civil, reconociendo la calidad de seres sintientes a los animales, con todo lo que ética, moral, económica y políticamente significa frente la protección de la fauna.

Tampoco es un tema que haya escapado de la rama judicial, las altas cortes se han manifestado enfáticamente frente a la protección de los animales como elementos que conforman el medio ambiente, al respecto resulta procedente recordar el análisis que realiza la Corte Constitucional en Sentencia C-666 de 2010 donde la Corporación explicó que:  “el ambiente recibe protección constitucional de los Artículos 8, 79 y 80, normas que lo reconocen como el contexto esencial en que transcurre la vida humana, de ahí que se ha entendido que su protección se desarrollaba sobre el fundamento de la armonía con la naturaleza. Además, los preceptos superiores advierten que el accionar de los seres humanos debe responder a un código moral, que no implica nada distinto a un actuar acorde con su condición de seres dignos. Esa concepción ubica a las personas en las antípodas de una visión que avala o sea indiferente a la absoluta desprotección de los animales no humanos. La lectura propuesta por la Sala Plena en esa ocasión aleja los individuos de una visión antropocéntrica, que asuma a los demás –a los otros- integrantes del ambiente como elementos a su disposición absoluta e ilimitada.”

Pero como suele pasar en nuestra realidad nacional, no es por falta de reglas o instrumentos por lo que se dan violaciones rampantes de nuestros principios y preceptos sociales, lejos de esto, contamos con todas las herramientas necesarias para salvaguardar nuestro entorno social y por supuesto medio ambiental. Siempre parece que terminamos en la misma conclusión, es la falta de acción, es la falta de voluntades de los gobernantes de turno quienes ponen en grave e insondable peligro nuestra riqueza, y especialmente la ambiental.

Demos una ligera mirada al Plan Nacional de Desarrollo que actualmente cursa tránsito en el Congreso, dentro de las bases del Plan vemos como nuestro actual gobierno continúa jugando a la popularidad mediática, incluyendo la promesa de una Política Nacional de Protección y Bienestar de Animales Silvestres y Domésticos, pero más allá de la mención,  en el articulado, las metas o el presupuesto no existe ni el más remoto asomo de materializar un ideal, que los animalistas y las organizaciones solidarias han clamado a gritos casi que desesperados.

Por el contrario, decisiones como el levantamiento de la veda definitiva de caza y captura del Caimán Aguja (especie endémica de nuestro país), nos dejan entrever que la protección de nuestra riqueza natural no es una de las prioridades del actual gobierno. Intereses personales que se fundamentan en decisiones de carácter económico, favoreciendo a pequeños grupos en contra de una actuación que por 40 años logró el repoblamiento de una especie que llegó a  estar amenazada por la extensión definitiva.

¿Cuál es pasivo ambiental de tan barbárica determinación?, ¿cuál es la responsabilidad que asumiremos hacia futuro con nuestras comunidades? Que difícil resulta controlar la explotación de la fauna cuando desde las más altas esferas se patrocina el salvajismo y la extinción de la biodiversidad que nos caracteriza en el país.

Ahora bien, si dejamos indefensas a especies cuya importancia ecológica llevaron a anteriores gobiernos a protegerlos frente a las condiciones de desamparo a los que los hemos sometido por siglos, podremos imaginarnos que la protección de los animales domésticos ni siquiera está en la agenda política de los próximos cuatro años, así que se consolida la depredación por encima de la protección con la aquiescencia de nuestros mandatarios.

Hay muchos temas que nos enfrentan hoy como país, pero la defensa de los animales debe ser una bandera que nos una, hemos de cuestionarnos como sociedad por patrocinar el beneficio particular y la satisfacción de unos cuantos, como se puede palpar en las prácticas inhumanas de la tauromaquia, donde las gradas de las plazas de toros de llenan de personajes de la política y la farándula nacional que aplauden mientras que se asesina impunemente en contra del derecho…Animal.

Magíster en Derecho Ambiental y profesor de la materia*.

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