El Síndrome de la Justicia Espectáculo o Mediática  

Magda Amado Gaona

 

Llevamos casi dos décadas con la existencia del síndrome de la justicia mediática y en estos días lo sentimos muy evidente. Enfermedad que se propago en la justicia penal de forma decisiva sin lograr ser erradicada a la fecha. Este síndrome en determinados casos fortalecido con los medios de comunicación convierte la justicia en un verdadero reality show con un único objetivo lograr rating para los medios y evidenciar supuestamente resultados efectivos del aparato judicial o en casos más graves hacer favores políticos.

La justicia resulta acomodada y no siendo igual para todos cuando trasciende la presión de intereses particulares y la política en las labores judiciales. Como a bien lo afirmó el expresidente Álvaro Uribe Vélez: “A mí me parece muy grave la justicia mediática, eso en otro país sería prevaricato anticipar la decisión de un juez”, o como lo afirma el penalista Iván Gómez: “El sistema judicial no debería de manera alguna ceder a ningún tipo de presión, llámese mediática o de cualquier otra naturaleza, porque los jueces no tienen más función que aplicar la Constitución y la ley, pero hemos evidenciado de una época para acá que se está convirtiendo en una justicia espectáculo. Obsérvese cómo, por ejemplo, hay fallos de la Corte Constitucional que primero las conocen los medios de comunicación y la decisión se profiere a los implicados uno o dos meses después”.

¿Qué es Justicia Mediática? El autor Esteban Rodríguez la define es su libro Justicia mediática: la administración de justicia en los medios masivos de comunicación: las formas del espectáculo: “es un modelo particular de investigación en que los conflictos son definidos, enjuiciados y hasta castigados periodísticamente. Se han confundido los roles y superpuesto las expectativas entre la justicia y la prensa. Vemos como los medios se arrogan ciertas funciones que antes permanecía petrificadas en los tribunales; pero como también los magistrados se pasean cómodamente por la televisión para decir aquello que ni siquiera se atreverían a balbucear en el expediente judicial. Se ha trastocado las relaciones entre la justicia (Estado) y los medios masivos de comunicación (periodismos); términos antes escindidos que se disponían en función de determinados sentidos, se desacomodan de sus enlaces para reacomodarse en el terreno ambiguo que postula el uso de la técnica. Justicia Estatal y Justicia Mediática, decíamos, son prácticas diferentes que utilizan parecidas estratégicas. Cada una postulándose como alternativa de la otra. Cada una cuestionando a la otra, interpelándole o presionándole“.

Tenemos variados patrones procesales de esta justicia espectáculo o mediática en Colombia:  difusión de información bajo reserva de sumario, funcionarios judiciales prejuzgando en entrevistas, decisiones judiciales generadas de presiones periodística, medidas de aseguramiento o inicio de investigaciones paralelas a controversias políticas del momento, notificaciones previas de apertura de investigaciones por medios de comunicación masivos entre muchos otros ejemplos.

Lo anterior es lo que llamamos el Síndrome de la Justicia Mediática que pareciera que llegó a la administración de justicia para quedarse. Estamos hoy ante una justicia dedicada prioritariamente a juzgar opiniones o casusas políticas y no verdaderos delitos. Muestras recientes de ello son los procesos en la Corte contra Álvaro Uribe Vélez, o procesos locales como el del Gobernador Aníbal Gaviria en Antioquia o el exalcalde Luis Francisco Bohórquez en Bucaramanga. Procesos en los cuales emergen actuaciones donde se prejuzga a los implicados presumiendo su culpabilidad sin existir sentencia condenatoria.

La Justicia no fue creada para realizar shows. Los fiscales, procuradores, contralores, jueces, magistrados o investigadores deben caracterizarse por la prudencia no ser personajes taquilleros para el ciudadano y los medios de comunicación.  La investigación y el juzgamiento es el desarrollo de la aplicación de principios de justicia exclusivamente no debe ser la complacencia a los medios y al populismo.

Por ello es reprochable que existan servidores de la administración de justicia que inicien investigaciones con anónimos sin sustentos, entreguen información a los medios antes que al procesado, violen la reserva sumarial, prejuzguen, apliquen medidas de aseguramiento bajo supuestos sin proporcionalidad alguna, en fin servidores que lo único que buscan es cautivar a la opinión pública,  a un sector político, a los medios de comunicación, conjurar venganzas políticas pero no cautivar a los principios de la Justicia menos a nuestra Constitución.

La Justicia debe subsanar sus procedimientos de investigar y juzgar conforme a los deseos del populismo político rimbombante actualmente o la influencia del periodismo. La justicia no toma decisiones acordes a las mayorías democráticas, la justicia debe tomar decisiones conforme a la Constitución, la ley y los tratados internacionales. La valoración judicial de las denuncias, pruebas y situación jurídica de procesados debe realizarse conforme a las normas vigentes y no conforme a la satisfacción de los medios de comunicación o deseos de venganza política.

La Justicia mediática colombiana genera que el principio de presunción de inocencia no exista. Hoy existe la presunción de culpabilidad de por vida, la presunción de mala fe de por vida. Lo anterior conlleva desde el inicio de una investigación que la persona vinculada sea culpable, aunque al final exista una sentencia absolutoria.

Son tan graves los efectos de esta justicia mediática que las personas investigadas seguirán siendo culpables para los ciudadanos en general a pesar de su inocencia declarada por la Justicia y ante una nueva investigación se asumen como un indicio de culpabilidad.

Es la Justicia hoy el arma de los populistas para intentar sacar del camino a sus opositores. La Justicia politizada y parcializada es el peor mal de una democracia al romper el equilibrio de poderes. Reiteramos todas las decisiones de la administración de justicia y organismo de control deben ser el resultado de la aplicación de la Constitución y la Ley no la violación de derechos humanos con exhibiciones macabras de los investigados, a los cuales los convierten en delincuentes de por vida.

La justicia debe exponer resultados, pero condenando al culpable declarado en un verdadero juicio conforme a las normas vigentes sin violar derechos fundamentales como el debido proceso ni llevar el juicio a protagonista de película taquillera. La justicia no debe seguir mancillando la vida de los investigados y sus familias a veces de por vida, aunque demuestren su inocencia.

El síndrome de la justicia mediática se subsana con la exigencia de responsabilidades a nuestros jueces, procuradores, y contralores en sus actuaciones. El sistema judicial debe expresar su responsabilidad estableciendo límites a la publicidad procesal en el marco de la prudencia y reserva sumarial para garantizar los derechos fundamentales del debido proceso, inocencia, honra entre otros. Debe nuestra justicia lograr conciliar el respeto por el derecho a la información con los derechos de los investigados. Debe primar en los organismos de control y la rama judicial la transparencia, la independencia, el rigor judicial no la injustica y la presión periodística.

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