“Hace cien años”

De pie y frente a la mesa se encuentra el jefe de la delegación alemana, Matthias Erzberger. También de pie y en uniforme, el mariscal francés Ferdinannd Foch

 

Por mario arias gómez.

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n día 11, del mes 11, a las 11 horas, concluyó la fútil e inútil ‘Primera Guerra Mundial’ (1914 – 1918), que causó la muerte de 9 millones de combatientes, 7 millones de civiles, 20 millones de heridos, mal contados; la dantesca destrucción a una escala inimaginable, conflagración que modeló al mundo contemporáneo. Al tiempo, concurrió (1918) la plaga de la influenza, que causó, entre 50 y 100 millones de fallecidos.

Después de más de cuatro años de guerra, del bloqueo naval británico, y de una serie de derrotas, concluyó con la firma del armisticio, que puso fin a las hostilidades en el Frente Occidental, entre el Imperio Alemán y la Triple Entente -Francia, Inglaterra y Rusia-; acuerdo suscrito en un vagón de tren, (foto) en el bosque de Compiègne, a 70 kilómetros de París y a 140 kilómetros del frente de operaciones. Europa conmemoró la semana pasada el centenario, actos que culminaron con una ceremonia en el Arco del Triunfo de París.

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El vagón del armisticio de Compiègne

El anfitrión, -presidente Macron-, pronunció un discurso que podría sintetizarse con esta premisa: “El patriotismo es justo lo contrario del nacionalismo. Sembrar esperanza en vez de sembrar miedo”; mandoble dirigido al ‘nacionalismo’ predicado por Trump, presente junto a 80 líderes mundiales, quien consideró “insultante” la propuesta de su homólogo francés, de crear un ejército europeo; crispado mandatario que se inhibió de asistir al ‘Foro por la Paz’, que buscaba darle una imagen de fuerza al “multilateralismo”. Encuentro que se dio por primera vez, en el lugar -Compiègne- en que, el régimen Nazi, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, impuso (1940) la humillante rendición incondicional Gala.

Actos alegóricos en medio de las tiranteces y peligros que vive el mundo, producto de la locura e irresponsabilidad de soberbios dirigentes, como el ‘emperador’ Putin y el neroniano, Trump, causantes de las crecientes tensiones y riesgos de enfrentamiento nuclear, fruto de las alevosas ideologías y baladíes nacionalismos, que se expanden como yerba mala por el orbe, en los que parece hundirse -inevitablemente- en los umbrales sepias de la historia, próximo a la sombría ‘Noche de los cuchillos largos’ o ‘…cristales rotos’, que se replican cíclicamente bajo otros contextos.

Soldados alemanes observan atónitos los restos de sus propios compañeros en una trincheraWells (escritor británico), pensó que aquella sería: “La guerra que pondrá fin a la guerra”, pero, por el contrario, fue la base -veintiún años después- de la ‘Segunda Guerra Mundial’, más devastadora aún, y tras ella, la humanidad vive en constante zozobra, en la que los que van al frente de la guerra, no son los hijos de los poderosos, sino los explotados retoños (carne de cañón) de los desposeídos. Su función, satisfacer su hambrienta codicia de ‘poder, dinero, gloria’.

Presionados los alemanes por la inminente derrota, el káiser Guillermo II, corrió a allanarse a la negociación, nombró entonces como canciller del Imperio Alemán, al príncipe Maximilian von Baden, reconocido opositor de la guerra, encomendándole entablar un arreglo con los aliados, luego que sus principales cofrades, el Imperio Austro-Húngaro, Otomano y Bulgaria, habían colapsado militarmente y estaban consecuencialmente negociando.

Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos durante la guerra
Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos durante la guerra

Berlín envió un telegrama al presidente Wilson -idealista, opositor de la guerra -a pesar de haber sido quien la declaró-, en el que solicitó formalmente un armisticio, citando los “14 puntos” propuestos por este para alcanzar la “paz sin victoria”. Trascendida la noticia, la marina alemana se rebeló y decidió -sin aprobación de Berlín- zarpar rumbo al Mar del Norte, en búsqueda de una batalla final y suicida contra los británicos.

Matthias Erzberger (delegado), llegó el 8 de noviembre/1918, para reunirse con el comandante de los aliados, el mariscal francés Ferdinand Foch. EE.UU. condicionó la firma del convenio, el que los alemanes estuvieran representados por el pueblo, hecho que debilitó y terminó por derribar al régimen, al despojarlo de la legitimidad para negociar. “Revolución de noviembre” que se extendió por el país, y el 9, estando Erzberger en Compiègne, el káiser abdicó.

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El imperio alemán y los aliados firman el acuerdo

Los condicionamientos fueron: Cese al fuego; retiro de las tropas alemanas de los territorios ocupados; entrega de las armas pesadas, y el internamiento de la flota. No hubo prácticamente tiempo para negociar, el 11 de noviembre (1918), a las 5:00 de la mañana, el plenipotenciario alemán, firmó el compromiso, que entraría en vigor a las 11:00 a. m., fecha y motivo de la celebración citada al comienzo. Tras la firma, a la guerra le quedaban seis horas, en las que los ‘aliados’, recelosos de que Alemania no cumpliera lo pactado, continuaron atacando, al punto que “hubo 11.000 bajas más”.

Guayaquil-Ecuador, 14 de noviembre de 2018

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