It´s the left, stupid

Ana María Abello

 

@AniAbello_R

Por primera vez la contienda presidencial en los Estados Unidos ha cobrado unas dimensiones enormes para el porvenir de la democracia en América Latina. Esa es la razón por la cual hemos visto que la contienda ha migrado al debate político en Colombia, país que se encuentra en riesgo inminente de caer preso de la ideología miserable y corrupta del castrochavismo.

No llegaré tan lejos como para decir que Joe Biden sea un castrochavista, pero sí puedo decir, sin lugar a dudas, que es el candidato más cómodo para los castrochavistas. En su calidad de vicepresidente de Obama acompañó el acuerdo de La Habana entre Juan Manuel Santos y las Farc, que les otorgó a los narcoterroristas curules, impunidad y discurso político. Tampoco se nos puede olvidar el guiño que le dio Obama a la dictadura cubana durante la histórica visita a Raúl Castro en el 2016 con el objetivo de normalizar las relaciones entre los Estados Unidos y el régimen cubano sin nada a cambio. Por otro lado, es evidente que Nicolás Maduro, el feroz dictador venezolano, podría dormir mucho más tranquilo si Biden llega a la Casa Blanca.

En los medios tradicionales de comunicación únicamente ha tenido trascendencia la opinión favorable de algunos representantes de la derecha colombiana al presidente Donald Trump como si fuese una indebida injerencia en los asuntos de los Estados Unidos, pero poco se habla del apoyo incesante de Gustavo Petro a la candidatura de Biden. En varias ocasiones Petro ha manifestado su apoyo a Biden, y en eso no lo culpo porque, por un lado, Biden no representa amenaza alguna para sus planes de implementar el Socialismo del Siglo XXI en Colombia y, por otro lado, Trump lo ha señalado de castrochavista y de loser (perdedor)… 100% de acuerdo con Trump.

A la izquierda colombiana le aterra tanto un segundo mandato de Trump que han activado sus nodos, como les gusta llamarlos, para denunciar al Embajador Francisco Santos y llamar a debate de control político a la Canciller Claudia Blum por supuesta interferencia en las elecciones de los Estados Unidos. Esas denuncias nunca se vieron cuando Juan Manuel Santos en septiembre de 2016 dijo que la candidata demócrata Hillary Clinton “ofrece más garantías” para la paz que su contendor, el republicano Donald Trump, porque la izquierda tenía la razón: Trump no era garantía para sostener en el aire un proceso que terminó inundando de droga a su país.

Aunque a muchos les guste negar la verdadera naturaleza de la contienda en el continente americano aduciendo que aquí tenemos que superar el viejo enfrentamiento entre izquierda y derecha para lograr un gran pacto social, la realidad es otra. Es obvio que siempre va a existir la polarización, esa es la naturaleza de la política, el enfrentamiento de ideas y la lucha por imponerlas. El espejo de Venezuela debería ser suficiente escarmiento para que el pacto tan anhelado sea que jamás queramos llegar hasta donde ellos han llegado, pero nos estrellamos con la realidad de que existen dirigentes políticos con millones de seguidores dispuestos a votar para implantar el modelo de miseria.

Por razones egoístas nacidas de un enorme amor por mi país, espero que el pueblo estadounidense reelija al candidato que le incomoda al neosocialismo. ¡Que gane Trump!

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