La asamblea de la Andi


 

Por Luis Prieto Ocampo

Expresidente de la Andi.

La Asamblea de la Andi, ahora de empresarios, tuvo lugar hace pocos días en Cartagena. Un evento que en el pasado despertaba una gran expectativa, ya que la actividad industrial era muy importante para la economía nacional.

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Tenía al frente un gran industrial elegido exclusivamente por los industriales del país.
Hoy las cosas son distintas. El grupo industrial hoy es eso, un grupo de los que integran una cámara, la cual cobija muchas otras actividades que nada tiene que ver con la industria. Se da el caso de que en medio de esta mezcolanza no faltan discrepancias internas.

Uno de los inexplicables errores dentro de la marginación a que ha llegado la industria ha sido el traslado de la Presidencia de la Andi de Medellín a Bogotá. Su voz cantante era fuerte y poderosa cuando se emitía desde la capital antioqueña. Un golpe bajo, que nadie se explica, porque es inexplicable que una región de tanta fuerza interna haya permitido este desalojo sin chistar, siendo la madre de la industria en Colombia y el centro de gravedad del desarrollo nacional.

A la asamblea pasada no es que le haya faltado importancia, pero se nota la decadencia a partir de la orfandad sufrida desde hace más de diez y siete años.

De resaltar, la presentación del ministro de Hacienda. La mejor de todas para quien esto escribe. Fue precisa y franca. No ocultó las cifras que muestran la penuria en las cuentas fiscales, amainadas por las rigurosas reducciones exigidas a la inmensa burocracia oficial. Exigencias que continúan y continuarán hasta lograr un déficit mínimo y así producir un desarrollo, mejor que el de muchos países del hemisferio y del exterior. Esto sin tener en cuenta ni un centavo proveniente del petróleo.

Y permitir también una justa reducción tributaria para la industria y la producción, en la próxima reforma que se presentará al Congreso, este fin de año. Por tercera vez en sus varias intervenciones el ministro dijo que el impuesto a la riqueza sería eliminado por antitécnico y excesivo.

Fue también interesante el recuento de las obras públicas en proceso, sin faltarle ninguna, que presentó el vicepresidente Vargas Lleras. Verdaderamente este inventario generoso de toda la infraestructura en desarrollo, sumado a lo expresado por el ministro de Hacienda, el optimismo renace. Dentro de esa cantidad de inversión en infraestructura se resalta lo referente a aeropuertos por construir unos, por expandir otros, sin que en ningún momento mencionara el Aeropuerto de Palestina. Y Manizales sigue inerte.

Pero el meollo de esta asamblea apuntaba a una propaganda del Gobierno al Plebiscito. El Presidente con lo mejor de su elenco, unos quince a veinte personajes, ministros, negociadores en La Habana, lo más selecto de las Fuerzas Armadas, se tomó toda la audiencia en el segundo y último día de sesiones.

En verdad su triunfo fue grande. Todos y cada uno de estos integrantes gubernamentales con el Presidente a la cabeza tomaron la palabra, muy bien entrenados, para informar los éxitos del proceso y del final de las negociaciones con la guerrilla. Éxitos superiores a la de otros conflictos en el mundo que han tenido estas experiencias.

Al final, con un público ya exhausto, el Presidente trató de animar a los presentes para que hicieran preguntas. No fueron muy afortunadas, con excepción de las de Marta Lucía Ramírez, la excandidata presidencial, que lo puso a trastabillar un poco. No fue claro sobre el control a los frentes guerrilleros que hoy trafican y exportan droga con lo cual se han enriquecido.

Al salir del hotel con mi esposa, una bella joven nos regaló a cada uno un folleto ilustrando cómo votar “No” en el plebiscito, algo que guardamos sin leerlo. Al llegar al centro de convenciones, fuertemente cercado por guardas de la policía, ambos fuimos requisados y al ver el folleto inmediatamente y con ofensiva actitud, los arrebató diciendo bruscamente que esa clase de propaganda estaba prohibida. Nos sentimos en Venezuela.

Tomado de lapatria.com de Manizales

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