La bancada de la coca: La que apoya el incremento del narcotráfico

Julián Felipe Reina Parrado

 

Por Julián Felipe Reina Parrado.

No hay que ser un gran filósofo para entender unas simples proposiciones. Es tan sencillo como saber que si apoyas algo que hace el mal, apoyas el mal. Ya con esa sola conclusión entendemos cuándo y cómo la bancada de la coca se ha pronunciado para defender un acuerdo que deslegitima y revictimiza a quienes tanto sufrieron debido al yugo del conflicto, y funge de celestina para que Colombia llegue a su punto máximo en niveles de coca y criminalidad.

Basta mirar las hectáreas de coca que entregó Juan Manuel Santos con ocho años de impunidad (208.000 aproximadamente), a diferencia de ocho años de combate y erradicación efectiva, tanto con glifosato como de manera manual y voluntaria en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (73.000 aproximadamente).

La bancada de la coca es la primera que sale a hacer escándalo cuando masacran a nuestros niños y jóvenes y culpa al gobierno por los carentes resultados en seguridad, pero nunca jamás la verán criticando el porqué de esta situación. Ellos no son capaces de denunciar que las “nuevas Farc-EP”, como las llama Salud Hernández-Mora, el ELN y demás grupos que se alimentan del mismo narcotráfico que propició ese arrodillamiento nacional, son los responsables directos de todas y cada una de las masacres que han venido sucediendo a lo largo y ancho del país.

En Tumaco, departamento de Nariño, el 22 de agosto masacraron a seis personas y desaparecieron a dos más; en el municipio de Tambo, Cauca, corregimiento de Uribe, el 21 de agosto de 2020 la Farc se despachó contra la ciudadanía dejando una cuenta de otros seis colombianos asesinados; en Arauca, corregimiento El Caracol, los muy sanguinarios arremetieron de nuevo contra la población asesinando a cinco compatriotas. Lo más irónico es que en Arauca sale la misma Farc a atribuirse la masacre, pero La bancada de la coca queda silente cual furcia en Semana Santa, y no es capaz de elevar un llamado a sus amiguitos de bancada para que controlen su brazo armado, pues como “ellos hicieron la paz, y nada tienen que ver con los disidentes”… ¡A otro perro con ese hueso, que ya nadie se come tan escandalosa y descarada mentira!

Le duele el bolsillo a la bancada de la coca cuando le hablan de glifosato,  ¿no ve que se les daña el negocio?

El pasado lunes 24 de agosto el ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo anunció la intención del gobierno de retomar la aspersión aérea, ya que por fin la Corte Constitucional se pronunció acerca de este químico diciendo que no hay evidencia científica de que el glifosato tenga consecuencias dañinas para la salud, sujeto a las condiciones permitidas para la aspersión en colombia y los lugares específicos donde se desarrollaría. Más se demoró el ministro en pronunciar la palabra glifosato que en salir la bancada de la coca a llorar porque según ellos es un golpe para la salud de los campesinos. Pero si tan así fuese, ¿por qué entonces los campesinos fumigan los cultivos de alimentos con glifosato? Gran parte de las legumbres, hortalizas, tubérculos y demás productos que todos comemos son fumigados con glifosato. Entonces, ¿cuál es el problema?

El problema es que el glifosato es el principal y más efectivo herbicida para erradicar la coca, y bueno, uno se preguntaría: ¿a cuáles campesinos son los que quiere defender la bancada de la coca? ¿A los campesinos que a mucho honor representan lo más puro y bello del trabajo de campo colombiano y nos proveen de alimentos?, o ¿los narcotraficantes que se disfrazan de campesinos y utilizan mil artimañas para salirse con la suya, ganar subsidios del gobierno por supuesta erradicación voluntaria, sembrar el doble de extensión en coca con los mismos subsidios para que cultiven alimentos y realicen proyectos agrícolas legales?

Cocalero es cocalero, raspachín es raspechín, y lo que les gusta a esos criminales es la plata. Plata que les da el brazo armado de las organizaciones narco-comunistas que pululan en el país y que antes despachaban desde las montañas de Colombia, pero que ahora pontifican desde la comodidad de unas curules que nos cuestan a los colombianos más de treinta millones de pesos mensuales cada una, sin contar los cientos de millones que tales organizaciones se echan a la bolsa en prebendas y sinecuras.

Si con estos dos casos específicos no queda claro que en el Congreso de la República existe la bancada de la coca -tal cual como las bancadas por partidos y regiones-, y que legislan y velan por los intereses de la coca y de la criminalidad en Colombia, entonces no sabría cómo hacerlos entender.

Las pruebas son públicas, las dudas se las dejo a sus personas, lo que sí es cierto es que todo lo anterior se configura para aseverar que hay una organización económica financiando el terrorismo, la sedición y el narcotráfico, en tanto que han permeado las fronteras del legislativo incrustándose en la constitución colombiana, y hoy en día los venden como constructores de la paz, cuando en realidad no son más que parte de La bancada de la coca.

#LaBancadaDeLaCoca

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