La Laguna de Fúquene: De Paraiso de Dioses a Lodazal


 
Hay que tomar acciones inmediatas para salvar este patrimonio hídrico de Colombia. La ciudadanía debe unirse a favor de la reserva de Fúquene. 

Por Eduardo Padilla Hernández.

Abogado.  Presidente Asored Nacional de Veedurías*.

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Fúquene, laguna ubicada entre Boyacá y Cundinamarca, es una de estas maravillas ecosistémicas que desde la época de nuestros indígenas representó un centro de importancia para nuestras culturas, ejemplo de la riqueza hídrica que ha caracterizado a nuestro país.

No es necesario hablar mucho de la relevancia ambiental, geográfica, cultural e histórica de este territorio, por lo que termina siendo doloroso ver el deterioro que hoy pone en riesgo la existencia misma de laguna.

Lo que otrora fuera un paraíso protegido por los Dioses de nuestros ancestros, hoy presenta un estado de deplorable, cada día más seco, cada día más reducido en su caudal hídrico, y ante los ojos de las autoridades ambientales, vemos como se va desapareciendo una de nuestra insignias, sin que se asuman las responsabilidades por la pérdida.

Nos hemos llenado de estudios y de instrumentos de planificación que nos permiten conocer el estado de nuestros recursos naturales, pero que difícilmente pueden llegar de la letra a la obra, debido a la ineficiente inversión de los pocos recursos destinado a salvaguardar nuestro medio ambiente.

Hoy la laguna de Fúquene resulta un espejo de lo que pasa en todo el país. Aunque se cuenta con los diagnósticos y con proyectos que permitirían rescatar estos territorios, definitivamente el tema de la protección ambiental no es prioritario presente en la agenda política de los gobiernos de turno.

Fúquene ha soportado todos los males que pueden acabar con un ecosistema, ampliación de la frontera agrícola que ha reemplazado los bosques nativos por amplias planicies agropecuarias con pastos y cultivos, procesos de desecamiento desde principios del siglo XIX, procesos de deforestación, y el reemplazo de las especies endémicas forestales por eucaliptos y pinos destinados a la explotación maderera; entre otros, que han llevado la laguna al punto de haber perdido el 50% de su capacidad de almacenamiento de agua.

La laguna que en otras épocas fue el hogar de al menos 12 especies de mamíferos, 7 de anfibios, 5 de reptiles, 6 de peces, 2 de crustáceos y 125 de aves, valiéndole la designación de sitio AICAS (Área Importante para la Conservación de las Aves), hoy se enfrenta a la extinción por la intervención directa del hombre y la presión producto del cambio climático.

La preocupación por la conservación se ha quedado en los salones de clase y desde la academia se están liderando procesos que podrían marcar la diferencia entre la extinción y la preservación ambiental. Tal es el caso de la iniciativa de la Universidad del Atlántico, que a través del proyecto “Implementación de un Modelo de Gestión Integral del Ecosistema de la Laguna de Fúquene”, ha diseñado todo un ejercicio técnico que permite la recuperación de este paraíso.

Sin embargo, no es un esfuerzo que pueda quedarse en la academia, resulta de especial importancia que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca -CAR-, lleve el desarrollo de sus funciones al territorio, y apoye iniciativas como la propuesta por la Universidad, para que realmente podamos recuperar el daño ambiental del que todos somos responsables.

Y es que se trata tan solo de poner en funcionamiento todo el SINA (Sistema Nacional Ambiental), una idea que para el año de 1993, previó que la “acción para la protección y recuperación ambientales del país es una tarea conjunta y coordinada entre el Estado, la comunidad, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado. El Estado apoyará e incentivará la conformación de organismos no gubernamentales para la protección ambiental y podrá delegar en ellos algunas de sus funciones”(articulo 1 Numeral 10 de la Ley 99 de 1993).

Soñábamos en aquel entonces, con que el país lograra sentar a todos los actores al rededor de los temas ambientales de interés, para que se unieran esfuerzos y recursos e torno a la protección ambiental.

Hoy la laguna Fúquene clama por ayuda, y las bases están sentadas, estudios y proyectos como el de la universidad del Atlántico, son el inicio de un SINA que requiere del compromiso del Estado, para llevar a cabo el cambio que nos permita hablar de una Colombia sostenible.

Hemos visto como las comunidades han logrado frenar el desarrollo a costa del amiente, contrariando las prioridades del gobierno, a través de ejemplos como la detención de la minería en zonas de especial importancia, Santurbán o en la Colosa. Pero ahora ese mismo esfuerzo es el que se reclama para rescatar de la ruina un ecosistema tan frágil como el de la laguna de Fúquene.

Dentro de las funciones que se le han atribuido a las Corporaciones Autónomas Regionales, ha sido clara la norma al encomendarles el ejercer de la función de máxima autoridad ambiental en el área de su jurisdicción y la promoción y desarrollo, con participación comunitaria, de programas de protección ambiental orientados al desarrollo sostenible y de manejo adecuado de los recursos naturales renovables.

Asi que no hay excusa para que hoy lentamente estemos presenciando la muerte de un ecosistema, sobre todo cuando instituciones de la mayor relevancia y credibilidad como la Universidad del Atlántico, han puesto sobre la mesa soluciones a la mano que permiten tomar correctivos para recuperar el ecosistema.

¿Que falta entonces? Solo falta el compromiso y la voluntad política que permitan orientar recursos económicos para implementar acciones orientadas a obtener, de manera definitiva, un cambio hacia la protección y conservación.

Parece que hablar de estos conceptos fuera en contra de las políticas nacionales, pero ya no podemos seguir dejando la temática ambiental como un punto de la agenda política de los candidatos de turno. Debemos pasar de la letra a la acción, por lo que le corresponde a la CAR – Cundinamarca poner en marcha el proyecto de la Universidad del Atlántico, haciendo realidad ese SINA con el que soñábamos en 1993, para que aunando esfuerzos con la academia logremos salvar la laguna de Fúquene.

No podemos esperar a que dentro de 10 años, estemos contando como convertimos un paraíso de Dioses en un lodazal.

Magíster en Derecho Ambiental y profesor de la materia*.

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