Germán Calderon España

Se Acerca la Hora de la Desolación y la Muerte

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Por: Germán Calderón España.

El pueblo colombiano se está dejando enredar por lo que ya sentenció Maduro y su equipo, cuyo deseo desenfrenado es tomarse a Latinoamérica para continuar avanzando en un falso socialismo que en verdad representa una dictadura que trae la desolación y la muerte, y ¿qué más quisieran que tener abierta la frontera entre Venezuela y Colombia para traficar la cocaína, como una gran potencia exportadora hacia Europa y Estados Unidos?

Jóvenes estudiantes, campesinos, ciudadanos de bien, ¡esto no es un juego! Diosidado Cabello dijo: “Nosotros tenemos una guerra con Colombia y se la vamos a hacer en su territorio”, y eso es lo que evidentemente están haciendo.

Nuestros país se tambalea entre razonables reclamos económicos y sociales de quienes cargan a sus espaldas la miseria, la pobreza, la falta de empleo e ingresos para sus familias, para sus hijos, y eso legitima la protesta. Pero no se admite dentro de ese sagrado derecho de la democracia y de la libertad que destruyan las ciudades, que acaben con la infraestructura del transporte público que nos pertenece a todos, que incendien y saqueen el comercio, que bloqueen las carreteras e impidan que los alimentos lleguen a los supermercados aún cuando la carestía se nos devuelva, que, inclusive, cierren las vías citadinas y cobren peajes. Ni en los peores dramas padecidos por ciudad Gótica en las películas de Batman, el caballero de la noche.

Como si fuera poco, algunos miembros de la fuerza pública también se están dejando enmarañar en esta madeja que nos envían desde el país vecino y que sin contar con las innumerables intervenciones mediante las cuales ejerce la fuerza legítima del Estado y la defensa, optan por el abuso y la violación de los derechos humanos, pues desde ningún punto de vista se puede permitir que aparezcan camiones con milicianos que bajan a agredir al pueblo, que capturan a personas indiscriminadamente y se las llevan incumpliendo su deber legal de conducirlas inmediatamente ante autoridad competente para que sean objeto del control de legalidad de un juez de garantías, que le informe sobre los hechos que se les atribuye y los motivos de la captura, que le permita hacer una llamada a un familiar o amigo cercano para que se conozca de su aprehensión, que le comunique que tiene derecho a guardar silencio y que cualquier manifestación que haga será tenida en su contra en el juicio al que se le someta, que está en el derecho de no auto-incriminarse y no inculpar a sus parientes cercanos o a su compañero o compañera permanente y que tiene el derecho a entrevistarse y contratar un abogado de confianza o en su defecto, a que se le asigne un defensor del Sistema Nacional de Defensoría Pública.

Esa madeja, viene con candela y nos quemará a todos. Diosidado, que bien puede ser la representación del diablo en la tierra, grita a viva voz: “Está soplando una brisa bolivariana”, y no nos damos cuenta del inmenso daño que nos hace. ¡Estamos haciendo lo que ellos quieren que hagamos!

En esa confrontación entre protestantes y fuerza pública está incrustada en el medio una idea de Maduro y Diosidado de tomarse a Colombia y continuar hacia abajo, y nos estamos dejando llevar por ese cauce. Los vándalos encapuchados, delincuentes sin control, están desestabilizando el sistema, asesinan policías, destruyen la infraestructura que nos costará reponerla a nosotros mismos, ni siquiera las medidas que el gobierno echa para atrás atendiendo las súplicas de los manifestantes de bien, los hace ceder. No se les quita la sed de invasión e intromisión porque son enviados de Venezuela para causar zozobra y terror auspiciado por esas macabras palabras del castrochavismo: “Va perfecto el plan.” No me cabe en la cabeza que sea de otra forma, porque si bien el pueblo colombiano es agresivo y violento, no tiene esos alcances. ¡Hay mano negra en todo esto¡

Con este cuadro de dolor, presagio que en pocos meses se nos acercará la hora de la diáspora, de la dispersión del pueblo por diversos lugares del mundo, como le sucedió a los judíos después de la destrucción del reino de Israel en el siglo VI antes de Cristo; la desolación, una sensación de hundimiento o vacío provocada por una angustia, dolor o tristeza grande, como la que padece el pueblo venezolano a lo largo y ancho de Latinoamérica; y la muerte, porque con las armas y el dinero que le inyectan a las protestas desde Venezuela causarán la tragedia esperada por ellos para asaltar nuestro territorio, nuestras riquezas naturales  y nuestra gente, y tener licencia para hacer lo que tienen en mente.

Nos están engañando y no nos estamos dando cuenta de ello, pues la intención de Maduro se materializa en las palabras malsanas de Diosidado: “Es absolutamente imposible que Colombia se quede como está.” ¡Ojo con lo que viene¡, al son de fingir como contestatarios sin causa o jugar con la madeja que nos lanzaron desde Venezuela, se nos monta la viva representación de estos dos siniestros personajes.

¡Colombianos¡ no nos lamentemos cuando, ante la pregunta ¿practicas algún deporte de riesgo?, tengamos que contestar al mejor estilo de Mafalda: ¿Sí, a veces doy mi opinión?, porque ni libre expresión, ni derecho a la propiedad, ni derecho a permanecer en nuestro territorio vamos a tener, porque con esta avanzada del paro que comenzó el 28 de abril, no nos queda otro camino que alistar maletas.

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